
Alberto Delobos alerta contra la sobreexcitación crónica y defiende el descanso, los paseos lentos y un rincón propio para el perro
Si tu perro vive pendiente de cada palabra que sueltas (y tú de soltarle muchas), Alberto Delobos tiene un consejo que suena casi a provocación: “hablarles menos”. Es el hábito que cambiaría en nuestra forma de tratar con los perros. El etólogo especializado en neuroetología canina lo dijo en un encuentro sobre bienestar animal organizado por Max & Mila’s World, la marca de productos para mascotas de Lidl. , y dos dias después sus afirmaciones eran recogidas por Vanitatis en su sección de vida saludable.
Para Delobos, el problema de hablar con nuestro perro viene en el mismo paquete: el tono de voz, los movimientos, las caricias o el manejo de la correa… todo ello puede subir la excitación del animal sin que nos demos cuenta. Por eso pide a cada dueño que piense en “su propia capacidad excitatoria” sobre el perro. Detrás hay una crítica más amplia a la “proyección antropomórfica de lo que entiende que está bien”, o sea, a decidir lo que le conviene al perro pensando como humanos.
El enemigo que señala es la sobreexcitación crónica. Por ejemplo, lanzar la pelota una y otra vez o llenar el día de juegos intensos parece generosidad, pero la excitación no se apaga cuando acaba el juego. Advierte que “Tú puedes jugar con el perro si el perro se sabe regular después. Y si no, lo que es posible es que estés induciendo una cronificación de esa sobreexcitación de la que tú no tienes conciencia”. Esa tensión acumulada puede alterar su comportamiento el resto del día y su relación con otros perros, y el gruñido sería sólo “la punta del iceberg” de un día en el que el animal no ha parado.
Su receta pasa por bajar revoluciones. Por ejemplo, dentro de casa, insiste en que “las velocidades de movimiento físico, por ejemplo, en el interior de la casa son súper importantes”. Y cuando se sale al paseo, debería servir para moverse y rebajar la excitación acumulada, no para reventar al perro. En cuestión de alimentación se recomienda leer las etiquetas y fijarse en la procedencia de las proteínas. Y un primer cambio muy concreto, que tenga un sitio de descanso que reconozca como suyo, porque las horas de descanso restaurativo, en sus palabras, “son muchas”.
Sus recomendaciones encajan con lo que contamos en Xataka Ciencia en enero de 2020: incluso perros callejeros sin entrenamiento seguían el gesto de señalar en torno al 80% de las veces, pero hablar menos no significa que tengamos que callarnos. Un estudio de la Universidad de York de 2018 comprobó que los perros adultos prestaban más atención y se mostraban más cariñosos con quien les hablaba en “perruno”, ese tono agudo y cantarín con frases tipo “qué buen perro”. Para sus autores, Alex Benjamin y Katie Slocombe, ese “perruno” mejora la atención y puede reforzar el vínculo. El problema, si lo hay y nuevamente, está en el exceso.
En suma, Delobos es tajante con su diagnóstico, es de los que piensa “que la gente debería tener carné para tener perro”. En España algo parecido ya figura en la ley. La Ley 7/2023 de bienestar animal obliga en su artículo 30 a acreditar “un curso de formación para la tenencia de perros”, gratuito y de validez indefinida, cuyo contenido “se determinará reglamentariamente”. Ese reglamento sigue pendiente: a finales de septiembre de 2026, el Ministerio de Derechos Sociales sólo tenía un proyecto de real decreto con un mínimo de cuatro horas lectivas. Más de tres años y medio después de la ley, la obligación existe en el BOE, pero todavía no hay un curso estatal donde cumplirla.
Foto | MR: SINGH (vía Pexels)
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