Datos masivos para hallar alguna correlación entre cáncer y teléfono móvil

Estudiar si existe relación entre el uso de teléfonos móviles y cáncer es complicado porque, a pesar de que en el mundo hay alrededor de seis mil millones de móviles, los períodos de estudio son cortos y los tamaños muestrales son pequeños.

Sin embargo, el uso de teléfonos móviles deja una huella digital que nos proporcionan muchos datos, datos masivos y recombinantes, y rebuscando en ellos podemos encontrar correlaciones tremendamente fuertes.

Consciente de ello, investigadores de la Asociación Danesa contra el Cáncer recopilaron datos sobre todos los abonados de operadores de telefonía móvil desde la introducción de los teléfonos móviles en Dinamarca. El estudio se centró en los usuarios que tenían móviles entre 1987 y 1995, exceptuando teléfonos de empresa y otros para los que no se disponía de datos socioeconómicos.

En total, se analizaron 358.403 usuarios. Es decir, estamos ante un tamaño muestral descomunal, así como ante un período de tiempo muy amplio. Se disponía, además, de un registro nacional de todos los pacientes de cáncer, que recogía a 10.729 personas que padecieron tumores del sistema nervioso central entre 1990 y 2007. Finalmente, se tuvieron en cuenta el nivel educativo y la renta disponible de cada ciudadano danés.

Estos tres conjuntos de datos eran de gran calidad porque se habían obtenido bajo estándares médicos, comerciales y demográficos. En la recopilación de información no se produjo sesgo porque los datos se habían generado varios años antes. Estamos, pues, ante un estudio que prácticamente englobaba a toda la población danesa implicada.

Lo que se descubrió es que no había ninguna correlación entre ser usuario de móvil y padecer cáncer. Así que no, el móvil no produce cáncer aunque lo diga un juez. A pesar de la importancia metodológica del estudio, apenas hubo eco en los medios de comunicación, tal y como señalan Viktor Mayer-Schönberger y Kenneth Cukier en su libro Big data:

Por esa razón, los hallazgos apenas tuvieron eco en los medios de comunicación cuando se publicaron en octubre de 2011 en la revista médica inglesa BMJ. Pero si se hubiese descubierto tal vínculo, el estudio habría sido noticia de primera página en todo el mundo, y la metodología de los “datos recombinantes” habría experimentado un gran espaldarazo.

(…)

Con datos masivos, la suma es más valiosa que sus partes, y cuando recombinamos juntas las sumas de múltiples conjuntos de datos, también esa suma vale más que sus componentes individuales.

Debido, pues, a la mayor proliferación de datos sobre todo lo que nos rodea, está surgiendo un nuevo tipo de profesión, la de “científico de datos”, que combina las aptitudes del estadístico, del programador de software, del diseñador infográfico y del narrador.

En lugar de escudriñar por un microscopio para desvelar algún misterio del universo, el científico de datos escruta bases de datos al acecho de descubrimientos.

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