Si matamos microbios aumentando nuestra temperatura corporal, ¿por qué no mantenerla siempre alta?

La fiebre es un aumento de la temperatura corporal por encima de lo que se considera normal (entre 35 y 37,5 °C). La fiebre surge en respuesta a una infección por bacterias o virus y actúa como una respuesta adaptativa que ayuda al cuerpo a combatir estos microorganismos.

Básicamente, el aumento de temperatura permite acabar con muchos microbios. Entonces, ¿por qué sencillamente no vivimos un poco más calientes para así evitar estar permanentemente infectados por ellos?

Gasto energético

La respuesta por la que no elevamos nuestra temperatura corporal uno o dos grados centígrados a fin de defendernos preventivamente de los microbios invasores básicamente es que resulta demasiado costoso.

Como explica Bill Bryson en su libro El cuerpo humano, solo elevar nuestra temperatura corporal 2 ºC de manera permanente supondría un requerimiento de energía alrededor de un 20 %:

La temperatura que tenemos representa una razonable solución de compromiso entre utilidad y coste (como ocurre con la mayoría de cosas), y, de hecho, incluso nuestra temperatura normal resulta bastante eficaz a la hora de mantener a raya a los microbios. Baste pensar con qué rapidez empiezan estos a pulular y a devorarnos cuando morimos: ello se debe a que nuestro cuerpo inerte decae a una deliciosa temperatura que constituye una auténtica invitación para ellos, como un pastel que se deja enfriar en el alféizar de una ventana.

También se produce vasoconstricción para conservar el calor y un aumento de producción de calor a través de la contracción muscular. Por eso, a veces tenemos temblores.

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