
El biólogo molecular, premio Nobel de Química en 2009, separa la vida de las células de la vida de la persona
La clave está en la coordinación entre órganos, tejidos y sistemas, que al morir se pierde de forma irreversible
La muerte es el gran misterio, de eso no hay duda. Tendemos a pensar en ella, aparte de como algo permanente, como en un profundo sueño en el que nos sumimos sin volver a despertar, como un “apagón”. Empíricamente, no es algo demostrable, sólo hay teorías, y una de las más extendidas y que más está dando que hablar es la del Nobel de Química de 2009 por sus estudios sobre el ribosoma, Venki Ramakrishnan.
El científico parte de una observación que choca con esa imagen popular de una muerte devenida de forma natural, atreviéndose en el buen sentido a mirarla de otra forma: que el fin de la actividad vital de un organismo -o una persona por extensión-, no coincide con el final inmediato de todas las células de su cuerpo. No es que todo deje de funcionar a la vez, es que es un cierre “por partes.
Ramakrishnan mencionó en una entrevista con BBC News Mundo en enero de 2024 que “cuando morimos, la mayoría de nuestras células siguen vivas (...), pero ya no son capaces de funcionar como un todo; eso es la muerte”. Dicho de otra forma, lo que plantea es separar en dos planos (células por un lado y organismo en su conjunto por otro), cómo cesa la actividad que da “vida” al individuo. Que algunas partes del cuerpo mantengan durante un tiempo su actividad biológica no significa que el organismo conserve las funciones coordinadas que hacen posible la vida de una persona.
En realidad, si el cuerpo es el todo, es bastante más que la suma de sus partes, o sea las células. Es una forma de definir que la suma de ellas y su actividad no hace a algo vivo, sino que señala que su supervivencia depende de que sus distintas partes trabajen coordinadas, y el propio Ramakrishnan lo plantea así en un extracto de su libro ‘Why We Die’. Cuando decimos que alguien muere, lo que queremos decir es que deja de funcionar como un todo coherente, porque sus células ya no trabajan juntas como una unidad. Y eso sin contar que las células necesitan recibir oxígeno y nutrientes.
Al fallar esta organización, o sea al morir, muchas células siguen funcionando, el cuerpo de hecho aún genera calor tras la hora de la muerte (que como es lógico decrece), o por ejemplo las uñas y el pelo pueden seguir creciendo. Pero que sobrevivan algunas células y muestren actividad como la mencionada, no puede definirse como “vida”, sino como resquicios de un proceso que todavía no se ha completado, que es la completa y total defunción del cuerpo. Coincide con la definición que Ramakrishnan expuso en una entrevista con The Week de la muerte: “la incapacidad irreversible del individuo para funcionar como un todo”.
Esto ayuda a entender también por qué la muerte no avanza igual en todas las partes del cuerpo. Que esas células capilares o las de los queratinocitos de la matriz ungueal (de las uñas) sigan funcionando es porque sus necesidades aún son cubiertas tras el cese de la actividad cerebral, no necesitan de un acto consciente o deliberado de la persona para realizar su actividad, son un acto "reflejo" si se quiere. Lo mismo ocurriría con un impulso eléctrico transmitido al cuerpo. Este se movería y las vías nerviosas transmitirían el estímulo al cerebro… pero al estar “apagado” no habría reacción simpática (o emocional al dolor como es lógico), con lo que se asume que no toda actividad cesa a la vez.
Una revisión publicada en la revista Physiology en 2024 señala precisamente que la supervivencia de órganos y células tras la muerte del organismo es variable, y que aunque esa actividad persista un tiempo y pueda recibir y procesar estímulos a un nivel físico, no equivale a poder recuperar las funciones esenciales del organismo como respirar. Lo que se pierde es la integración que permite que sus piezas actúen de forma conjunta, y en esa diferencia entre una célula que sigue viva y una persona que sigue viviendo está el núcleo de su explicación.
Foto | Wikimedia Commons (CC BY-SA 3.0)
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