Las palabras que oímos influyen en nuestros juicios morales

Lo que para unos es un golpe de estado otros es un mandato democrático, como podemos ver estos días. Lo que para unos puede ser un terrorista, para otros es un luchador por la libertad.

Llamar a las cosas por su nombre es importante, no solo a nivel cosmético, sino también moral. Porque, como demostraron Daniel Kahneman y Amos Tversky en una investigación ganadora del Premio Nobel, la estructuración de las palabras altera la toma de decisiones.

El poder de las palabras

La moral asociada a las palabras influye no solo en cómo percibimos la moral, sino incluso en cómo nos percibimos a nosotros mismos y a los demás, a niveles incluso neurobiológicos, como sugirió un estudio reciente.

Así, describir a alguien como "afroamericano" provoca asociaciones con niveles más altos de educación e ingresos que si se le describe como "negro".

Volviendo a la investigación de Kahneman y Tversky, las personas no toman las mismas decisiones a la hora de tomar un fármaco hipotético si se les dice "tiene un 95 % de índice de superviviencia" o "tiene un índice de mortalidad del 5 %".

No es que las personas no supieran usar las matemáticas, porque ante la primera indicación todos era más probable que aprobaran su uso, incluso si se preguntaba a médicos. Es que, sencillamente, no se asimilaban las cifras de la misma manera. No producían los mismos efectos psicológicos.

Las palabras incluso tienen pequeños efectos en el comportamiento cotidiano a nivel casi subliminal, como explica el profesor de Neurología de la Universidad de Stanford Robert Sapolsky:

Incluya "rudo" o "agresivo" (frente a "considerado" y "educado") en una cadena de palabras, e inmediatamente después los sujetos interrumpen mucho más a los demás. A los sujetos que se les incluía la palabra "lealtad" (en lugar de "igualdad") mostraban una preferencia hacia su equipo en los juegos económicos.

Incluso el hecho de usar nombres masculinos para los huracanes en vez de femeninos influye en cómo las personas, porcentualmente, deciden tomar medidas de seguridad: inconscientemente, frente a huracanes de nombre masculino, se tiende a tomar más seriamente y a obedecer las órdenes de evacuación, como sugiere otro estudio.

Para llegar a esta conclusión, se analizaron los huracanes y las víctimas producidas por los mismos en el intervalo de 1950 hasta 2012. De los 47 huracanes más letales, los femeninos tuvieron el doble de víctimas que los masculinos: 45 frente a 23. Si el nombre femenino es particularmente dulce, entonces las víctimas se pueden triplicar, como es el caso de Charley o Eloise.

Como concluye Sapolsky:

Las influencias verbales también influyen en la toma de decisiones morales. Tal como sabe cualquier abogado procesalista, los juradores deciden de forma diferente dependiendo de lo colorida que sea su descripción de los actos del acusado. Los estudios de neuroimagen muestran que una redacción más colorida aumenta la participación de la región cingulada anterior. Además, la gente juzga las transgresiones morales más severamente cuando se describen como "erróneas" o "inapropiadas" (en lugar de "prohibidas" o "reprobables").

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