No somos racionales cuanto tomamos decisiones financieras

No podemos dejar en manos de nuestra intuición o nuestras corazonadas nuestras decisiones financieras, porque el ser humano dista de ser un actor racional, como demuestra el hecho de que las crisis financieras producidas por las expansiones inversoras, el auge de los créditos y las burbujas de activos son una constante en todos los países capitalistas.

De hecho, entre 1945 y 2007, de las 76 economías más importantes del mundo, solo Portugal, Austria, Holanda y Bélgica han evitado una crisis bancaria. En 2008 no se libró ningún país.

Como no planeamos nuestras vidas calculando fríamente nuestros probables ingresos futuros, ajustando nuestros ahorros en consecuencia, es importante fomentar la educación financiera y, sobre todo, alcanzar verdades científicas en relación a la economía.

También de esa forma podremos abordar mejor nuestras deudas, por ejemplo consumiendo menos durante los años en los que ganamos más para poder consumir más cuando tengamos menos o nos jubilemos.

La ciencia económica

Otro de los escollos de las decisiones financieras es que la economía no es una ciencia en su totalidad y se funda en supuestos no demostrados (o no demostrables), amén de que la razón humana, incluso la de los expertos, tiene sus límites y necesita ser asistida y monitorizada continuamente.

En la historia de la economía del comportamiento, también debe hacerse referencia a la teoría de la racionalidad limitada del Premio Nobel Herbert Simon, quien postuló que las personas, cuando tomamos decisiones económicas no estamos optimizando, como propone la teoría económica neoclásica, en cambio estamos satisfaciendo.

Tras el desastre financiero generado en el mercado inmobiliario estadounidense, por ejemplo, la Universidad de Chicago (la catedral de los mercados eficientes), ya incluye psicólogos en plantilla que estudian lo que sucede cuando la racionalidad falla. Aquí tenéis más información sobre el uso de ciencias del comportamiento en la economía porque no somos agentes racionales:

Eduardo Porter, en su libro Todo tiene un precio, abunda en ello:

El hecho de incluir todas estas dimensiones de la humanidad es probable que convierta la economía en una disciplina más confusa y menos elegante matemáticamente que la que hemos utilizado durante el último medio siglo, que consideraba que un proceso simple (el impulso permanente de maximizar nuestro bienestar objetivo) podía explicar todo el comportamiento. Tendrá que tener en cuenta otras consideraciones, y comprender cómo interactúan con la satisfacción de nuestros deseos. Es probable que sea más experimental, pero, a cambio, la nueva ciencia nos proporcionará una comprensión más global del mundo. Y también, y eso es importante, permitirá lidiar con las muchas maneras en que las decisiones que tomamos basadas en los precios que se exponen ante nosotros pueden llevarnos en direcciones que, de manera individual o colectiva, deberíamos evitar.

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