La textura de lo que comemos en función de nuestro estado de ánimo

La textura de la comida que ingerimos parece determinar en gran medida qué comida y cuál no, con independencia de su sabor. Por ejemplo, al arroz con leche, con sus consistencia, produce aversión a muchos consumidores asiáticos. Por el contrario, los occidentales suelen repudiar el natto negro fermentado, que tiene una extraña consistencia.

Las otras, sin irnos muy lejos, resultan casi mocos marinos para much gente; y para otras, un manjar. Sin olvidarnos de que en todo esto también están implicados los estados de ánimo.

Comida y estado de ánimo

Si queremos mejorar nuestro estado de ánimo, optaremos por unas texturas en vez de otras en lo tocante a lo que ingerimos. Así pues, lo que comemos para subir nuestro ánimo suele tener textura suave, como el puré de patatas o el pudin. De hecho, la mayoría de la gente asocia estas texturas con lo nutritivo y lo reconfortante.

Por eso cada vez hay más chefs que tienen en cuenta las texturas, o las mezclan de determinada forma en un mismo plato. Tal y como abunda en ello Charles Spence en su libro Gastrofísica:

Naturalmente, las propiedades de las texturas (orales y somatosensoriales) también pueden ser una parte fundamental de lo que cnontramos agradable en los alimentos que nos gustan. En efecto, varios investigadores opinan que son una parte esencial del atractivo del chocolate, uno de los pocos alimentos que se derriten a la temperatura de la boca (basta con comer un trozo de chocolate muy frío y otro caliente para notar la diferencia).

Imagen | TALMADGEBOYD

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