La mejor forma de ahorrar: que los demás sepan que tienes una deuda

Los préstamos crediticios no dejan de crecer, los ciudadanos se endeudan, los anuncios del tipo “pide hasta 3.000 euros” proliferan. Muchas personas no parece que sepan gestionar su economía. Otras tantas consumen de forma impulsiva, sin pronosticar cómo será su economía a un mes vista. Por eso los ganadores de las loterías no suelen tener mucha suerte con su dinero.

No podemos obligar a la gente a que deje de gastar su dinero de forma irresponsable. Sin embargo, hay un planteamiento que podría funcionar mejor. El escarnio público.

Uno de los incentivos sociales más poderosos es la reputación. Nuestros comportamientos más vergonzantes pueden sobrellevare si se quedan en el plano privado. Pero constituyen un gran agravio si se airean.

Por ello están proliferando los blogs donde se publican deudas personales, como “Más pobre que tú”, en kgazette.blogspot.com o “Estamos en deuda”, en wereindebt.com. Estos son blogs personales donde los propios afectados explican sus deslices, expuestos a la picota pública. Los propios consumidores piden a los demás que aprendan a autocontrolarse debido al gran número de empresas que no se atienen a límite alguno.

No obstante, el momento crucial de una compra compulsiva se produce justo en el momento que llega la tentación. Debido a la terrible dependencia de las tarjetas de crédito, podría incluirse una cláusula de control: llegado a cierto límite (quizás con determinada clase de producto), la tarjeta no funcionaría. O enviaría un correo electrónico a nuestro cónyuge avisando que vamos a realizar ese gasto.

El psicólogo Dan Ariely propone más alternativas en su libro Las trampas del deseo, que intentó estérilmente proponer esta clase de tarjetas a una poderosa entidad bancaria (naturalmente no aceptó los términos, pues los bancos ingresan pingües beneficios gracias al descontrol del consumidor):

¿Y qué ocurriría si se sobrepasaban los límites? Eso lo decidiría el propio titular de la tarjeta. Por ejemplo, podría hacer que la tarjeta fuera rechazada al intentar pagar con ella; o podrían gravarse a sí mismos con un impuesto y luego ceder el montante de dicho impuesto a una ONG o a un amigo, o ingresarlo en una cuenta de ahorro a plazo fijo

Otra opción es la que ya explotan las apps que se basan en la gamificación para que los usuarios practiquen deporte cada día: al igual que se envían los kilómetros y el tiempo empleado en nuestra última salida a correr a todos los contactos de nuestras redes sociales, también podrían enviarse nuestros gastos, nuestras deudas, y en general todo ese edificio financiero que solemos ocultar a los demás.

Imágenes | Pixabay

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