Si hay demasiados atascos, ¿por qué no construimos más carreteras? Porque entonces habría más atascos

Construir más carreteras no siempre es la solución. Más carreteras significa más incentivos para llegar rápido a un sitio, de modo que la gente comprará más coches, cogerá más frecuente el coche y... provocará más atascos. Pero más atascos, desincentivará el tomar tanto el coche, lo que reduce los atascos. Lo que a su vez hace que la gente tome más el coche.

Así de complejo es resolver el problema de los atascos de tráfico en las grandes ciudades y los núcleos urbanos más transitados. Un ejemplo paradigmático de ello tuvo luga ren South Lake Union, cerca de la calle Mercer, en Estados Unidos: lo que fue un pequeño barrio aburrido de talleres de chapa y pintura y pequeños negocios locales, ha sido reemplazado por gigantescos edificios de vidrio y acero que albergan la sede central de Amazon, así como otras empresas tecnológicas.

Incentivos y paradoja de Jevons

Hace años, la ciudad decidió invertir 74 millones de dólares para mejorar el flujo del tráfico en esta zona. Los resultados, sin embargo, no fueron los esperados. Mercer Mess solo consiguió que los trayectos fueran dos segundos más rápidos que antes. 74 millones de dólares por dos segundos no parecía una inversión inteligente.

Sin embargo, habida cuenta de que el corredor de Mercer acogía ahora 30.000 coches más que antes del proyecto de mejora, entonces sí que parece una inversión interesante: a pesar de que hay muchos más coches, el tiempo de trayecto no ha aumentado. Incluso se ha reducido dos segundos.

De igual forma, para medir los beneficios de un proyecto, necesitamos considerar las consecuencias de mejora que este conlleva a lo largo de todas las rutas en una zona concreta de la ciudad, lo cual no es tan sencillo. Además, como ya se ha dicho, construir más carreteras puede ser también un incentivo para que circulen más coches, no menos, lo que provocará más atascos. A esto se le conoce como paradoja de Jevons:

Algo que también ocurre, por cierto, con las plazas de aparcamiento. Así que ¿cómo solucionamos esto? No haciendo más aparcamientos, sino reduciéndolos poco a poco, tal y como señala Tom Vanderbilt en su libro Tráfico:

De 1994 a 2005, Copenhague recortó las plazas de aparcamiento del centro de la ciudad de 14.000 a 11.500, sustituyéndolas por parques y carriles de bicicleta. A lo largo de ese mismo período, y no por casualidad, el tráfico de bicicletas aumentó en cerca de un 40 por ciento (una tercera parte de las personas que se desplazaban al trabajo lo hacen ahora en bici) y Copenhague se ha convertido en uno de los pocos lugares del mundo donde uno puede leer, en un informe, una frase que parecería un error tipográfico cómico en casi cualquier otra parte: "El tráfico ciclista está ya tan extendido que la congestión en ciertas rutas de bicicletas se ha convertido en un problema, al igual que el espacio de aparcamiento para bicicletas.

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