El grado de colaboración que prestamos a los demás cambia en función de nuestra edad

Vivimos tiempos de cooperación, de commons, de conducta prosocial, de ampliación de nuestro círculo de empatía, de economías del procomún... de modo que los estudios sobre cómo colaboramos entre nosotros no dejan de multiplicarse. Uno de los más recientes analiza la naturaleza de nuestra cooperación en distintas edades.

Según este estudio llevado a cabo por las universidades de Barcelona (UB), Carlos III de Madrid (UC3M) y de Zaragoza (Unizar), y publicado en la revista Nature Communications, los niños son más volátiles en sus decisiones, no siguen una estrategia fija y se fijan más en su entorno, mientras que los mayores de 66 años son los que más colaboran.

En el experimento, los participantes (168 personas de entre 10 y 87 años, elegidas aleatoriamente durante un festival de juegos de mesa) se dividieron en grupos de cuatro por franjas de edad, además de un grupo de control. Durante 25 tandas consecutivas, debían elegir entre cooperar o no hacerlo con sus compañeros, con diferentes recompensas según cada acción. Al terminar las rondas, el total de los puntos que había obtenido cada uno se transformaban en dinero, que se les pagaba en el mismo momento y, en el caso de los menores, se les daba a sus padres. Según Yamir Moreno, uno de los autores e investigador de sistemas complejos de la Universidad de Zaragoza:

En general, a la hora de colaborar la gente tiene en cuenta lo que han hecho los demás, lo cual se conoce como cooperación condicional, pero nuestros experimentos demuestran que los adultos también consideran sus propias acciones pasadas; es decir, su manera de actuar es más predecible y ayuda un poco a mantener la cooperación.

Sin embargo, el comportamiento de los más jóvenes no sigue este patrón, según explica Mario Gutiérrez-Roig, experto en sistemas abiertos de la UB:

Según nuestro estudio, los niños son más volátiles en sus decisiones, no siguen una estrategia fija, y son esencialmente cooperadores condicionales, ya que se fijan mucho más en su entorno. La tendencia de los niños es estar pendientes de los otros jugadores y reaccionar según su respuesta, en lugar de estar condicionados a sus acciones pasadas. Esto dificulta que se llegue a generar un entorno cooperativo.

Vía | Sinc
Imagen | vastateparksstaff

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