Cómo influye el precio de la gasolina en la forma de un país

Hace unos días estuve visitando Berlín y descubrí, estupefacto, que el precio de la gasolina era el mismo que encontraba en la provincia de Barcelona, España. Hace menos de diez años, cuando viajaba a Alemania, el precio español era un 30 y hasta un 40 por ciento inferior al alemán.

Me pareció verdaderamente injusto que en un país donde el sueldo medio es la mitad que en otro se pague lo mismo a la hora de llenar el tanque. Sin embargo, acaso para consolarme un poco, leí un poco acerca de cómo el precio de la gasolina elevado también puede tener efectos positivos para un país.

Estados Unidos

Por ejemplo, Estados Unidos siempre ha sido un lugar tradicionalmente muy económico a la hora de vender gasolina. A pesar de las enormes subidas de precio, hace tres años pude recorrer California por un precio un 30 % inferior al que pagaba en España.

No obstante, un precio tan barato ha propiciado que los estadounidenses se trasladaran a casas cada vez más grandes lejos del puesto de trabajo, la escuela o los centros comerciales. En los últimos 10-15 años, la distancia media que los estadounidenses debían recorrer para ir del trabajo a casa pasó de 9 a 11 millas. El hogar típico pasó de 160 metros cuadrados a 168.

Uno de los casos que más conozco es el de San Francisco. Vivir en la ciudad es francamente caro, así como en los alrededores, pues cerca queda la Universidad Stanford o Silicon Valley. Los salarios de muchos empleos son altísimos para compensar el esfuerzo, pero mucha gente se ve obligada a compartir piso. Otra opción es que, habida cuenta del precio de la gasolina, muchos decidan viajar al interior del país, a 30, 50 o hasta 100 kilómetros de la costa.

Las leyes que regulan la edificación en la costa son muy restrictivas, en aras de preservar el entorno natural, lo que, indirectamente propició el hoy famoso efecto Streisand (la actriz no quiso que se publicaran fotos de su mansión en la costa por parte de ecologistas, y su negativa multiplicó por un millón el eco de la noticia). La mayoría, pues, se compran casas en el interior. Pero, así como en la costa siempre hay un clima templado producto de las corrientes del norte, un poco más en el interior hay un calor abrasador.

Ello implica gastar mucha energía, y dinero, en aires acondicionados que mantengan frescas casas cada vez más grandes.

Europa

Un atasco que parece un nudo gordiano

Europa no ha crecido, por lo general, tal y como lo ha hecho Estados Unidos porque sus ciudades se han visto constreñidas por la historia. La gente quiere trabajar cerca de casa, y raramente desea cambiar de localidad para obtener un empleo. Tal y como explica Eduardo Porter a propósito de las ciudades europeas en su libro Todo tiene un precio:

Fueron construidas hace cientos de años, cuando recorrer largas distancias era costoso en tiempo y esfuerzo. Durante la Revolución francesa al rey Luis XVI le costó veintiuna horas recorrer los doscientos cuarenta kilómetros que separan París de Varennes. La moderna extensión quedó contenida por los impuestos sobre la gasolina. Los europeos pagan dos y tres veces más por la gasolina que los estadounidenses. Es el motivo, en parte, por el que la ciudad de Houston, Texas, tiene más o menos la misma población de la ciudad portuaria alemana de Hamburgo, pero 2.5000 personas menos por milla cuadrada.

La transformación estadounidense

Los precios de la gasolina en Estados Unidos también están cambiando muy rápidamente, equiparándose poco a poco a los precios europeos. Lo que está originando que se use menos el coche.

Durante el incremento de los precios de la gasolina producido entre 2000 y 2005, por ejemplo, los economistas de la Universidad de California en Berkeley y Yale comprobaron que al doblarse el precio de la gasolina (de 1,50 a 3 dólares), las familias incluso se volvieron compradores de productos de supermercado más cuidadosos. El precio medio pagado por una caja de cereales en una gran cadena de alimentación de California cayó un 5 %. El porcentaje de pollo fresco comprado de oferta aumentó un 50 %.

A medida que subía el precio de la gasolina los conductores condujeron unos 7.000 millones de minas menos en las autopistas americanas en enero de 2009 que un año antes, una disminución de más o menos 22 millas por persona.

Eso no significa que no me pique que la gasolina esté tan cara. Pero quizá me pica un poco menos, si los cambios debido a tales precios sirven para mejorar nuestra condición de vida o para buscar alternativas más ecológicas o un incremento en las partidas destinadas a investigar en energías alternativas. Y también para coger un poco más la bici. Un poco el efecto beneficioso que produce el poner por las nubes los precios del estacionamiento en el centro de las grandes ciudades.

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