
18 fósiles de homínidos de la cantera sudafricana incluyen un fragmento de cráneo adulto de la especie
Paranthropus robustus superaba en número a Homo erectus en el mismo yacimiento
Investigadores de la Universidad La Trobe han descrito 18 fósiles de homínidos excavados en la cantera principal de Drimolen, en la llamada Cuna de la Humanidad sudafricana, entre 1992 y 2019. Uno de ellos, un fragmento de cráneo catalogado como DNH 127, pertenece a un adulto de Homo erectus que vivió hace entre 2,04 y 1,95 millones de años. El estudio, publicado en Annals of Human Biology, refuerza la evidencia de que la especie apareció en el sur de África unos 200.000 años antes de lo que se pensaba.
Cómo se sabe. El equipo, dirigido por Jesse Martin y con colaboradores de las universidades de Johannesburgo, Witwatersrand y Washington en San Luis, comparó la anatomía de los 18 fósiles con especímenes de otros yacimientos. DNH 127 conserva tres piezas del lado derecho y posterior del cráneo, justo detrás de la oreja. La sutura entre los huesos laterales, recta y con solapamiento mínimo, resulta típica de Homo erectus. El fragmento se parece al cráneo D2700 de Dmanisi, en Georgia, hasta ahora el adulto más antiguo conocido de la especie.
Un niño y ahora un adulto. Drimolen ya era conocido por DNH 134, un cráneo infantil de entre dos y cuatro años descrito en 2020 y datado en unos 2,04 millones de años. Era el fósil más antiguo aceptado de Homo erectus, pero dejaba abierta la pregunta de cómo sería un adulto en ese periodo temprano. "Este artículo publica un nuevo fósil adulto atribuido a Homo erectus, DNH 127, que proporciona confirmación adicional de que esta especie apareció por primera vez en el sur de África hace 2 millones de años", señaló Martin en un comunicado de La Trobe.
Los fósiles olvidados. Muchos de los especímenes llevaban décadas almacenados sin describir. Dos de las piezas analizadas se habían archivado como huesos de animales. Martin y su coautora A. B. Leece las reconocieron en 2015, en una caja de especímenes de primates y en una bolsa de material sin clasificar. El caso ilustra un problema recurrente en paleoantropología: piezas rotas o incompletas que permanecen invisibles para la ciencia durante años.
Dos caminos evolutivos. De los 18 fósiles descritos, 14 pertenecen a Paranthropus robustus, una especie con molares enormes y músculos masticatorios potentes que vivió junto a Homo erectus en el mismo paisaje. Mientras Homo erectus desarrollaba un cerebro mayor y dientes molares más pequeños, posiblemente por una dieta con más carne, Paranthropus conservaba un cerebro apenas superior al de un chimpancé y evolucionaba hacia un aparato masticador aún más robusto.
Los que parecían perdedores. En Drimolen, Paranthropus robustus superaba en número a Homo erectus en una proporción superior a diez contra uno. "Estas dos especies humanas compartieron el mismo paisaje y ambas están preservadas en la cueva de Drimolen. Aunque sabemos que Homo erectus y el linaje que conduce a nosotros fue finalmente el exitoso, hace 2 millones de años Paranthropus robustus superaba en número a Homo erectus en Drimolen en más de diez a uno", explicó Martin. "Durante ese periodo, eran nuestros antepasados los que parecían tener las peores probabilidades de sobrevivir."
Una subespecie propia. El equipo ya había propuesto en trabajos anteriores que la población de Paranthropus robustus de Drimolen merecía su propia subespecie, Paranthropus robustus ukusa. Los nuevos fósiles aportan un rasgo adicional: en una mandíbula del yacimiento, DNH 5, la articulación posterior se sitúa más alta que el punto óseo donde se inserta un músculo masticatorio. Los autores sugieren que podría indicar una mordida más débil que la de la población posterior de Swartkrans, aunque reconocen que falta un análisis biomecánico formal.
Con cautela. Los autores asignan DNH 127 a Homo erectus de forma "tentativa", porque solo conserva parte del cráneo. Tampoco existe aún un cráneo adulto completo y bien preservado de Homo erectus en Drimolen o las cuevas cercanas. Los expertos discrepan sobre a qué especie pertenecen otros fósiles tempranos de Homo de la región, así que más de un tipo de Homo pudo convivir allí hace 2 millones de años. El propio equipo insiste en que publicar todos los fósiles de homínidos tras la excavación, "no solo aquellos que están bien preservados o son relativamente completos", resulta clave para completar el registro.
La historia que emerge de Drimolen no es la de una marcha triunfal hacia el éxito evolutivo. Hace 2 millones de años, en aquella cueva al noreste de Johannesburgo, el linaje que conduciría a Homo sapiens era una apuesta exterior. La especie que acabaría colonizando Eurasia y persistiendo durante casi dos millones de años comenzaba su andadura superada en número por un primo de mandíbulas enormes que, sin embargo, no dejaría descendencia.
Foto | Annals of Human Biology (vía Taylor & Francis Online)
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