Metanálisis socava el mito de que las emociones negativas pueden causar cáncer

Otro estudio más que no encuentra correlación alguna entre emociones (en este caso, depresión) y cáncer. Las propuestas pseudocientíficas de la bioneuroemoción y similares han recibido una mala noticia: otro metanálisis (un estudio de decenas de estudios) ha vuelto a sugerir que no existe relación entre emociones negativas y cáncer.

Es decir, que pensar positivamente no nos protege contra el cáncer.

Emociones y cáncer

La discusión de los factores que aumentan el riesgo de cáncer no sólo forma parte de los médicos y los oncólogos, sino que en ella también está involucrados los defensores de la medicina alternativa, así como los pseudopsicólogos y los psicoterapeutas marginales cuyas opiniones son difundidas por periodistas con escaso o nulo código deontológico.

Entre estas opiniones está la afirmación común de que el pensamiento negativo, el pesimismo y el estrés crean las condiciones para que las células de nuestro cuerpo se funcionen mal y para que el cáncer se desarrolle.

Declaraciones similares acompañan proposiciones terapéuticas para cambiar nuestra forma de pensar a una más positiva que nos proteja del cáncer, o incluso nos cure de la enfermedad.

En un artículo publicado recientemente en Psycho-Oncology, cuatro expertos coreanos han intentado dar respuestas a esta pregunta por medio de un exhaustivo metanálisis.

¿Cuáles son los resultados? Aunque algunos estudios de baja calidad encontraron que los pacientes con trastorno depresivo estaban en mayor riesgo de cáncer, en general el metanálisis no demostró que los pacientes con trastorno depresivo diagnosticado clínicamente tuvieran un mayor riesgo de desarrollar cáncer en relación con la población general.

A pesar de los sesgos y limitaciones de esta clase de estudios, lo cierto es que, hoy por hoy, resulta aventurado ofrecer un vínculo causal entre emociones y cáncer. Por otra parte, algunos de estos estudios demostraron que la relación podría ser incluso a la inversa: las personas deprimidas y aquellos que experimentaron más estrés eran menos propensos a contraer cáncer que los que eran positivos y no sufrían de estrés.

La convicción de que el pensamiento positivo y las emociones evitan el desarrollo del cáncer, o incluso pueden curarlo, es consistente con nuestra necesidad de control. Preferimos vivir con la convicción de que tenemos control sobre algo. La verdad, sin embargo, es que somos poco importantes a la hora de influir en la abrumadora mayoría de los factores inductores de cáncer.

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