Preferimos ganar poco aunque lo podamos perder todo

Una serie de experimentos han demostrado que nuestra percepción del riesgo financiero no es del todo equilibrada: tendemos a confiar en ganar una cantidad pequeña de dinero en una apuesta aunque existe un riesgo remoto, aunque real, de que tengamos fuertes pérdidas.

El más conocido experimento psicológico sobre esta percepción del riesgo es muy sencillo: a un grupo de personas se les pidió que imaginaran que cada una de ellas dispone de 300 dólares. A continuación, deben elegir entre dos opciones:

La opción 1 sería recibir otros 100 dólares.

La opción 2 consistiría en tirar una moneda y jugarse los 100 dólares a cara o cruz: si ganan, recibirán 200 dólares, pero si pierden no recibirán nada.

¿Qué escogeríais vosotros? La mayoría de gente optaría por la opción 1. Resulta lógico. Mejor pájaro en mano que ciento volando.

Pero la cosa cambia si se altera ligeramente el experimento. Ahora el grupo de personas dispone de 500 dólares y puede escoger también dos opciones:

La opción 3 consiste en desprenderse de 100 dólares.

La opción 4 consiste en jugarse el doble o nada a cara o cruz, pagando 200 dólares si se pierde y nada en absoluto si se gana.

La mayoría de gente escoge la opción 4 de la 3.

Lo más llamativo de esta clase de experimento es que, desde el punto de vista de la probabilidad, las 4 opciones son idénticas. Pero nosotros no las registramos como tal, sino que mostramos preferencia por unas sobre otras.

La razón de ello es que estamos más predispuestos psicológicamente a jugar cuando se trata de pérdidas, y somos reacios a arriesgarnos cuando se trata de nuestros beneficios. Por eso la Bolsa funciona tiene tantos adeptos: personas que disfrutan con pequeñas ganancias diarias aunque ello exija que se arriesgan a perderlo todo de golpe.

Vía | El cisne negro de Nassim Nicholas Taleb

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