[Libros que nos inspiran] ‘Freakonomics’ de Steven D. Levitt y Stephen J. Dubner

Si los traficantes de drogas parecen tener tanto dinero, ¿cómo es posible que sigan viviendo con sus madres? ¿Qué es más peligroso: un arma o una piscina? ¿Por qué los padres negros ponen a sus hijos nombres que pueden perjudicar su futuro laboral? ¿El sumo es un deporte netamente corrupto? ¿Y el trabajo de profesor de escuela? ¿El aborto podría ser la causa principal del inaudito descenso de criminalidad de Estados Unidos?

Ésta es la clase de preguntas que se intentan responder en Freakonomics, de Steven D. Levitt y Stephen J. Dubner. Ya os imagináis, tela marinera. Freakonomics tuvo recientemente una segunda parte, Superfreakonomiscs, todavía más potente, controvertida y, sobre todo, divertida. Pero de esta segunda parte os hablaré otro día.

El principal atractivo de este libro políticamente incorrecto reside no tanto en la solidez de sus postulados como en su capacidad de formular preguntas y en la audacia de sus respuestas. Freakonomics es una visión oblicua, eminentemente económica y pragmática, que explora el lado oculto de muchas de las cosas que nos afectan.

El mayor escollo que debe afrontar Freakonomics es que intenta abordar asuntos muy complejos, en los que intervienen múltiples factores, en muy poco espacio. Los argumentos son sólidos y documentados, pero sucintos, lo cual deja al lector mínimamente inquieto con más preguntas sin responder y con la mosca detrás de la oreja.

Así pues, como dije antes, Freakonomics debe abordarse no como un manual esclarecedor de problemas sino como un espejo deformante capaz de hacernos ver las cosas desde ángulos que creíamos imposibles. Lo cual no es poco.

El ejemplo paradigmático de esta característica lo constituye la afirmación de que la legalización del aborto en Estados Unidos fue el principal responsable de la caída de la criminalidad. Se muestran muchos ejemplos, ristras de datos, estudios paralelos pero ¿realmente es así? A poco que uno investigue, encontrará enconadas controversias surgidas de esta afirmación, posibles errores de planteamiento (que a su vez el autor responde en sus propio blog), como tomar datos de arrestos absolutos en vez de arrestos per capita, etc. Es decir, la cosa no está cristalina (¿cuándo lo está?). Hay muchos matices (aunque puede que el aborto, en efecto, sea un factor muy a tener en cuenta).

De modo que lo importante en Freakonomics es que te hace pensar y replantearte ideas que creías obvias y te provee de herramientas intelectuales para hacerlo luego con tus propias preguntas.

Y además es tremendamente entretenido y está plagado de anécdotas: ¿acaso no conocéis la historia del Listerine?

La publicidad también es una herramienta magnífica para crear sabiduría convencional. El Listerine, por ejemplo, fue creado en el siglo XIX como un potente antiséptico quirúrgico. Más tarde se vendió, destilado, como limpiador de suelos y como remedio contra la gonorrea. Pero no se convirtió en un éxito arrollador hasta los años veinte, cuando fue lanzado como solución a la “halitosis crónica”, lo cual por entonces constituía un oscuro término médico. Los nuevos anuncios de Listerine mostraban a hombres y mujeres tristes, ansiosos por casarse, pero a quienes daba asco el aliento a podrido de su pareja. “¿Puedo ser feliz con él a pesar de eso?”, se preguntaba una doncella. Hasta ese momento no se había considera que el mal aliento constituyera una catástrofe. Pero el Listerine se encargó de cambiar las cosas. Como apunta el profesor de publicidad James B. Twitchell, “el Listerine no creó tanto el enjuague bucal como la halitosis”. En sólo siete años, los ingresos de la compañía ascendieron de 115.000 dólares a más de ocho millones.

Sitio Oficial | Web de Freakonomics

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