[Libros que nos inspiran] ‘¿Existe la suerte?’ de Nassim Nicholas Taleb

Hay algo en Nassim Nicholas Taleb que me fascina. No tiene que ver con su cantidad de conocimientos, ni tampoco por las acreditaciones oficiales que los avalan. Más bien es su habilidad para mezclar los saberes, superponiéndolos, originando sinergias que resultan casi invisibles para los eruditos que se hacen fuertes en un reducto diminuto de conocimiento (especialización, lo llaman, por otro lado muy necesaria también).

Profesor de Ciencias de la Incertidumbre de la Universidad de Massachussets en Amherst, Taleb es un diletante de diversas disciplinas, y por ello puede que incurra en más de un error, o que dé saltos lógicos un tanto heterodoxos y atrevidos. Pero ahí justamente radica su gracia. Si todos los divulgadores fueran correctísimos, avanzaríamos más seguros, pero también más lentos. Taleb es un salto cuántico, una consilience como la que propuso Edward O. Wilson hecha persona. Y además su propia vida, lejos de sus libros, es también así.

Con todo, he de admitir que ¿Existe la suerte? es muy inferior a El cisne negro. Por una parte porque no dice mucho más de lo que ya expresó en El cisne negro. Pero, sobre todo, porque el discurso de ¿Existe la suerte? es en exceso deslavazado, caprichoso, casi como un flujo de pensamiento a lo Joyce. Taleb incluso llega a admitir en el prólogo que el editor quiso dar un poco de orden a tanto desorden, pero que él se negó: opinaba que así el libro desprendía más frescura.

Quizás. Pero a mí no me convence. Lo que me convence es su visión general de las cosas, y, ante todo, que después de leer su libro, consigues alejarte un poco más los enredos en los que andan siempre la mayoría, mirando con mayor perspectiva, evitando un poco más que el árbol no te deje contemplar el bosque. Lo cual es de agradecer ante tanto erudito cejijunto o idiot savant.

Otro aspecto digno de mención de Taleb es su rechazo al posmodernismo y al relativismo cognitivo, poniéndonos en antecedentes de cuándo sucedió la gran separación entre ciencias naturales y las humanidades. En Viena, en la década de 1930, con un grupo de físicos, el llamado Círculo de Viena, el origen del desarrollo de las ideas de Popper, Wittgenstein (en su fase tardía), Carnap y otros. Según su opinión, el pensamiento literario podía ocultar una gran cantidad de sinsentidos biensonantes pero nada relevantes para alcanzar la verdad. La retórica, pues, está prohibida en un texto de análisis científico (aunque todavía persisten en los análisis de ciertas ramas de las ciencias sociales o ciertos filósofos-cuenta-cuentos-chinos).

Y que una forma sencilla de distinguir a un intelectual literario de un intelectual científico es que el intelectual científico puede reconocer normalmente la forma de escribir de otro intelectual científico, pero un intelectual literario no será capaz de ver la diferencia entre los garabatos escritos por un científico y la palabrería de un no científico.

Taleb también trata de escudriñar la suerte y en el azar de un modo que sin duda enojará a los tiburones de Wall Street, tratando de responder a cuestiones como ¿Por qué algunas personas tienen éxito y otros fracasan? ¿Es posible utilizar nuestras capacidades y estrategias para favorecernos, o es siempre el azar es el que determina los resultados? Las respuestas son chocantes, pero extrañamente liberadoras.

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