La NASA lleva unos años viendo cómo los ríos de Alaska cambian de color: "parece casi zumo de naranja lechoso"

La NASA lleva unos años viendo cómo los ríos de Alaska cambian de color: "parece casi zumo de naranja lechoso"
  • El deshielo del permafrost está alterando la química de ríos remotos de Alaska

  • Científicos detectan aguas ácidas, metales tóxicos y cambios visibles en ecosistemas del Ártico

Redacción Xataka Ciencia

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Los satélites de la NASA han captado una transformación que ningún modelo climático anticipó: ríos de la cordillera Brooks que durante siglos fluyeron cristalinos presentan ahora un tono naranja óxido que se propaga por más de 200 cuencas hidrográficas. La observación, que combina imágenes satelitales con muestreos recogidos entre 2022 y 2024, apunta al deshielo del permafrost ártico como mecanismo responsable de liberar metales que llevaban milenios atrapados en el suelo helado, según recoge El Confidencial en su sección de ciencia.

El fenómeno se documentó por primera vez en 2018, cuando ecólogos del Servicio de Parques Nacionales de Estados Unidos detectaron un arroyo teñido durante sus monitoreos rutinarios. "Conforme volábamos más a su alrededor, comenzamos a encontrar más ríos y corrientes naranjas", explicó entonces Jon O'Donnell, ecólogo del Servicio de Parques Nacionales. Algunos de estos lugares solo podían alcanzarse en helicóptero. O'Donnell describió zonas donde "hay ciertos lugares que parecen casi zumo de naranja lechoso". El aspecto recordaba al drenaje ácido de minas, pero en estos valles no hay explotaciones mineras que puedan actuar como origen.

El equipo dirigido por la química ambiental Taylor Evinger, del laboratorio de Brett Poulin en la Universidad de California en Davis, analizó muestras de seis cuencas hidrográficas de la cordillera Brooks. Su estudio, publicado en AGU Advances en septiembre de 2026, describe un proceso que comienza cuando el calentamiento del suelo permanentemente congelado permite que el agua penetre en terrenos antes helados. Al entrar en contacto con minerales de sulfuro atrapados durante miles de años, el agua desencadena su oxidación y libera hierro, aluminio, manganeso, zinc, níquel, cadmio y tierras raras hacia los cursos de agua.

Metales que viajan lejos. Las concentraciones medidas superan las registradas en aguas de drenaje de minas abandonadas. El caso más llamativo apareció en el río Salmon, donde una filtración elevó los niveles de metales hasta 70 veces por encima de los valores habituales. El efecto siguió siendo detectable a 97 kilómetros aguas abajo del punto de origen. "Esta es agua muy ácida y metálica", señaló Poulin, profesor de Toxicología Ambiental. "La buena noticia es que el cauce principal no se volvió más ácido. Está amortiguando el pH, lo que indica cierta resiliencia. Pero hay metales que aumentaron aguas abajo y pueden transportarse a distancias muy largas".

Los investigadores relacionaron el episodio principal con el verano de 2019, el más cálido registrado en Alaska, seguido de un invierno excepcionalmente nevado. Según Evinger, una mayor acumulación de nieve actúa como aislante e impide que el terreno vuelva a congelarse. "Creemos que el agua penetró más profundamente en el suelo debido al deshielo, interactuó con estos minerales y todas estas cuencas se activaron aproximadamente al mismo tiempo", explicó la investigadora.

Cómo se ve desde el espacio. Los satélites Landsat, que la NASA y el Servicio Geológico de Estados Unidos mantienen en órbita desde hace más de cinco décadas para fotografiar la superficie terrestre, permitieron calcular un índice de enrojecimiento basado en información espectral sensible al color de los hidróxidos de hierro. Con esta herramienta, descrita en el Observatorio de la Tierra de la NASA, los investigadores identificaron que algunos ríos se volvieron naranjas alrededor de 2018 y permanecieron así, mientras otros tuvieron periodos de oxidación y luego volvieron a estar claros. "El archivo Landsat ha demostrado ser único para investigar el inicio histórico de los ríos oxidantes donde los arroyos y ríos son lo suficientemente grandes", afirmó Poulin.

Un fenómeno en expansión. El proceso no se limita a unos pocos cauces. El Informe del Ártico 2025 de la NOAA registra cómo las aguas superficiales del Ártico alaskiano han pasado de claras a naranjas en más de 200 cuencas durante la última década, con pérdida de biodiversidad acuática en cabeceras de ríos. Brett Poulin señaló que este proceso "no fue previsto ni incluido en ninguna evaluación de cómo cambiará el Ártico bajo un clima más cálido". Desde la publicación de su trabajo de 2024, ríos con características similares se han documentado en el Canadá boreal y ártico, y en otros territorios con suelo permanentemente congelado.

La principal incógnita son las consecuencias ecológicas y sociales. Los investigadores han observado pérdida de vegetación cerca de cauces acidificados y disminuciones de peces y otros organismos acuáticos, mientras que numerosas comunidades rurales del Ártico dependen de estos ríos para obtener alimento. En la cordillera Brooks todavía no se han constatado mortandades masivas de peces ni problemas de agua potable que estén dañando a las poblaciones, según Evinger. "Estos ríos están prácticamente intactos y aun así esto está ocurriendo aquí. Es una nueva realidad del cambio climático", añadió la investigadora.

Foto | Amir AghaKouchak, Getty Images

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