¿El ser humano sigue evolucionando? El futuro de la humanidad (II)

La gran noticia en la evolución humana reciente es la homogeneización a través de la inmigración y el entrecruzamiento.

El gran salto se produjo cuando los europeos conquistaron el Nuevo Mundo y transportaron esclavos africanos a sus costas. La homogeneización tuvo una incidencia menor en el siglo XIX con la colonización europea de Australia y África. Y finalmente, con la expansión de la industrialización y la democracia (dos rasgos que favorecen que la gente se mueva y las fronteras sean más laxas), la homogeneización se ha disparado.

La tendencia es que este fenómeno se acelerará. Y que, además, será algo irreversible, aunque siempre existan algunos enclaves étnicos que, como la aldea de Asterix, resistirán numantinamente.

Las diferencias raciales irán cada vez a menos. El racismo, en consecuencia, también. También aumentará la gama de variaciones individuales dentro de las poblaciones y en toda la especie.

Están surgiendo en la actualidad muchas más combinaciones de color de la piel, rasgos faciales, talentos y otras características influidas por los genes que las que nunca existieron antes. Pero las diferencias promedio entre las personas de diferentes localidades de todo el mundo, que ya no eran muy grandes para empezar, se está reduciendo. (…) Si continúan a lo largo de decenas o cientos de generaciones las tasas actuales de emigración y entrecruzamiento podrían, en teoría, eliminar todas las diferencias entre poblaciones en todo el mundo.

Sin embargo, esta realidad sería así si la ciencia no avanzara como lo está haciendo en el terreno de la genética y la biología. Pero lo está haciendo, de modo que preparaos para un cambio todavía más inesperado.

El cambio hereditario, dentro de unos pocos años, dependerá más de la elección social que de la elección natural. Si es que los problemas intelectuales y éticos consustanciales a que una humanidad colectiva seleccione una nueva dirección en la evolución no desembocan antes en la opción del libre mercado de la diversidad genética.

O sea, no usar la tecnología para ello y dejar que las cosas sucedan de manera aleatoria, como en la actualidad.

Pero dudo que esto suceda. Lo más probable es que una humanidad capacitada para ello, acabe alterando no sólo la anatomía y la inteligencia de la especie, sino también las emociones y el impulso creativo que componen el núcleo mismo de la naturaleza humana.

Este cambio de paradigma, aunque nos suene huxleyniano, es sin duda nuestra mayor baza como especie. No acogernos a esta nueva tecnología podría producir más padecimientos que beneficios, a la larga. Y en el próximo y último capítulo de esta serie de artículos sobre el futuro de la humanidad os explicaré por qué.

Vía | Consilience de Edward O. Wilson

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