Ya conocíamos estos pingüinos, pero pasamos más de un siglo sin saber que teníamos que catalogarlo como otra especie

Ya conocíamos estos pingüinos, pero pasamos más de un siglo sin saber que teníamos que catalogarlo como otra especie
  • El Pygoscelis kerguelensis vive en las islas Kerguelen, a 2.000 kilómetros de la Antártida

  • Un análisis genético revela cuatro especies de pingüino papúa; tres podrían perder su hábitat para 2050

Redacción Xataka Ciencia

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Un equipo internacional de científicos ha identificado una nueva especie de pingüino, la primera descrita en más de un siglo. Según recoge la BBC en su sección de ciencia, se trata del Pygoscelis kerguelensis, o pingüino papúa del sureste, que vive en las remotas islas Kerguelen, a unos 2.000 kilómetros al norte de la Antártida. Hasta ahora pensábamos que era simplemente otro papúa más; pero el análisis genético revela que lo que creíamos una sola especie son, en realidad, cuatro.

La especie escondida El Pygoscelis kerguelensis habita en uno de los lugares más aislados del planeta: las islas Kerguelen, también conocidas como islas de la Desolación, en el sur del océano Índico. Los pingüinos papúa han sido avistados allí desde hace más de un siglo; nadie sabía que eran una especie diferente. La última especie de pingüino identificada fue el saltarrocas del norte (Eudyptes moseleyi), nombrado en 1921. El hallazgo se publicó el 23 de abril de 2026 en la revista Communications Biology, en un estudio cuyo primer autor es el estudiante de posgrado Daly Noll, de la Universidad de Chile, dentro de una colaboración internacional de expertos en pingüinos.

Y una curiosidad de taxónomo: el holotipo, el ejemplar de referencia con el que se describe una especie, es un macho adulto capturado en Kerguelen el 31 de diciembre de 1897 y guardado desde entonces en el American Museum of Natural History de Nueva York; entre los paratipos hay pieles recogidas por la expedición Challenger en 1874. Dicho de otro modo: la nueva especie llevaba casi 130 años esperando en un cajón de museo a que alguien le pusiera nombre.

Sesenta y cuatro genomas El equipo secuenció de nuevo los genomas completos de 64 ejemplares de diez colonias reproductoras repartidas por casi toda el área de distribución del pingüino papúa; también cotejó rasgos físicos y conductuales, de la coloración y las vocalizaciones a la época de cría y la dieta. Los resultados apuntan a cuatro especies distintas: la del norte (Pygoscelis papua, en las islas Malvinas y Martillo, en Sudamérica), la del sur (Pygoscelis ellsworthi, la más numerosa, en la península Antártica y la costa antártica), la del sureste (la recién bautizada) y la del este (Pygoscelis taeniata, en las islas Crozet, Marion y Macquarie, entre el Índico y el Pacífico). Cada una siguió su propio camino en los últimos 300.000 a 500.000 años.

Un siglo de debate Rauri Bowie, profesor de la Universidad de California en Berkeley, lo resume así: "Probablemente no haya ninguna especie de pingüino cuya taxonomía haya sido más debatida que la del pingüino papúa. Durante más de 100 años, ha existido controversia sobre cuántas especies o subespecies existen".

Juliana Vianna, profesora de la Universidad Nacional Andrés Bello, en Santiago de Chile, y una de las autoras principales del estudio, lo tiene claro: "En la Antártida, por supuesto, otras especies, no el pingüino papúa, están amenazadas por el cambio climático. Pero el pingüino papúa es la especie que más preocupa en la región subantártica". Y añade: "Es muy importante que las instituciones de conservación de todos los países involucrados reconozcan y tomen las medidas adecuadas para salvar a estas tres especies de pingüinos papúa".

La clave está en la dieta Los pingüinos papúa se diferencian de otras especies sobre todo por su dieta variada: comen casi cualquier cosa que puedan atrapar en el agua, lo que les facilita la supervivencia frente a pingüinos de menú más fijo, como los emperadores o los de Adelia. Esto tiene un efecto colateral (ya verás lo curioso del asunto): al no necesitar desplazarse lejos para comer, anidan en el mismo lugar año tras año, y las poblaciones aisladas fueron desarrollando adaptaciones propias durante miles de generaciones.

Cada una de las cuatro especies ha escrito su propio manual de instrucciones genético. La del sur, que prospera en la Antártida, acumula cambios en genes relacionados con la generación de calor, el almacenamiento de grasas y la percepción de la luz. La del este tiene más genes vinculados con el metabolismo energético y la capacidad de buceo. La del sureste, por su parte, esconde un detalle interesante: exhibe mayor diversidad genética que el resto, lo que sugiere que las islas Kerguelen funcionaron como refugio durante las glaciaciones del Pleistoceno.

Cifras que preocupan Las proporciones ayudan a entender el mapa: el papúa del sur concentra aproximadamente el 65% de la población mundial, frente al 24% del norte, el 9% del sureste y el 2% del este. ¿Y por qué te debería importar? Pues porque a día de hoy la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) tiene al pingüino papúa anotado en bloque, como una sola especie, en la categoría de "preocupación menor"; ese estatus se apoya sobre todo en la población del sur.

Los modelos del estudio, bajo un escenario moderado de emisiones, indican que para 2050 las tres especies subantárticas encontrarán sus hábitats actuales inhabitables, con pocas o ninguna isla cercana adecuada a la que trasladarse. Vianna los compara con los pingüinos de Galápagos: especies insulares endémicas que, tras un cambio en su entorno, no encontrarán adónde ir. Solo el papúa del sur, eso sí, saldría mejor parado: es el único de los cuatro que vive en la Antártida y los modelos prevén que su hábitat adecuado incluso podría crecer en torno a un 9%.

Para colmo, los censos están desactualizados: el último de Kerguelen data de 1985 y el de Crozet, de 1981. Más de cuatro décadas sin pasar lista a los pingüinos de la región.

Como recordatorio: ya contamos en Xataka Ciencia, en marzo de 2018, cómo un dron descubría una supercolonia de 1,5 millones de pingüinos Adelia en las islas Danger; por entonces la noticia era que había más pingüinos de los que creíamos. La lección de ahora es otra: de los pingüinos que creíamos tener catalogados, había al menos uno sin nombre propio. Y hay otro frente abierto, porque los propios investigadores ya usan los genomas del estudio para buscar cambios asociados a la supervivencia frente a la gripe aviar, que llegó a la Antártida en 2024 y ya se ha detectado en pingüinos Adelia y papúa. Al Pygoscelis kerguelensis lo conocemos desde abril; habrá que ver si le da tiempo a conocerse de verdad.

Foto | GettyImages

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