¿Qué energía utilizamos? (y III)


En las entregas anteriores hemos discutido acerca de las energías no renovables y de las renovables. En este último artículo se expondrá cómo se distribuye el mapa energético en nuestro planeta y cuál es el consumo energético de nuestro país.


Los datos ofrecidos por U.S. Energy Information Administration sobre la distribución energética mundial son los siguientes:

Podemos observar como la mayor parte de la energía que consumimos cada instante procede del petróleo, del carbón o del gas natural. ¿Qué solución tenemos? Emplear energías renovables cuyo abastecimiento se genere de forma natural: energía solar, eólica, etc. Normalmente se utilizan estos recursos para generar la electricidad que necesitamos. Si nos fijamos en la gráfica anterior notaremos que un porcentaje muy bajo de la energía que utilizamos procede de una fuente de energía renovable. Podríamos exagerar un poco e interpretar la gráfica de la siguiente forma: si el carbón se agotase, un 35% de la población se quedaría sin energía.

En nuestro país, el consumo energético es el siguiente (datos obtenidos de Secretaría General de Energía / IDAE):

Aunque puede parecer un poco desalentador, el objetivo para el 2035 es que las energías renovables aumenten un poco su participación en contra del petróleo. Se puede pensar que este incremento es muy discreto comparado con los demás valores, pero actualmente el rendimiento (el dinero que tenemos que invertir para extraer energía a través de ellas) que se saca de las energías renovables no es tan alto como para poder depender de ellas exclusivamente.

En el pasado, las energías renovables han sido en general más caras de producir y usar que los combustibles fósiles. Además de otros factores, los recursos renovables se encuentran a menudo en zonas remotas, y es caro construir líneas de energía a las ciudades donde se necesita la electricidad que producen. El uso de fuentes renovables está también limitado por el hecho de que no siempre están disponibles – los días nublados reducen la energía solar, los días de calma reduce la potencia del viento y la sequía reduce el agua disponible para la energía hidroeléctrica.

La producción y el uso de combustibles renovables ha crecido más rápidamente en los últimos años como consecuencia del aumento de los precios del petróleo y el gas natural, y una serie de incentivos del Gobierno, en concreto las famosas primas del Plan de Energías Renovables 2005–2010 (PER). El uso de combustibles renovables se espera que continúe creciendo en los próximos 30 años, aunque seguirán dependiendo de los combustibles no renovables para satisfacer la mayor parte de nuestras necesidades energéticas.

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