Singularidades extraordinarias de animales ordinarios (XXVIII): la jirafa

El rasgo más característico de la jirafa es su cuello largo. Pero el cuello no sólo sirve para alcanzar las hojas situadas en las copas de los árboles, también ha demostrado ser algo así como un musculoso brazo.

Y es que las jirafas macho usan el cuello como arma y como señal de virilidad.

Para ello los entrelazan como si fuesen a echar un pulso o agitan la cabeza como mazas medievales, con una fuerza terrible capaz de derribar o matar al oponente de un solo golpe (el esqueleto de una jirafa pesa más que un saco de boxeo e incluye hasta cinco cuernos cubiertos de piel).

Por esa razón, los cuellos de las jirafas macho nunca dejan de crecer en grosor y longitud. Porque son algo así como el miembro sexual humano. Cuanto más llamativo sea, más atrae a las hembras.

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Eso ha conllevado que el cuello de la jirafa evolucione con una vértebra más que otros mamíferos en el punto donde se une al pecho: sólo así puede contrarrestar el peso del cuello.

Y es que el cuello es tan desproporcionado que precisa que las piernas traseras de la jirafa sean más cortas para equilibrarse.

A través de esta barra de carne hay un entramado de arterias para evitar desmayos cuando se inclinan, y la jirafa debe respirar a menudo para mover 2,5 litros de aire en el sentido ascendente y descendente.

Al final de este cuello existe otro elemento que también resulta espectacular: la lengua. Se puede extender hasta 50 centímetros: lo suficiente como para limpiarse las orejas. Más que una lengua es una herramienta de agarre con el mismo nivel de destreza que tres dedos humanos.

La otra arma de las jirafas macho es su olor: en la dirección del viento se percibe a más de 240 metros de distancia. Y es un tufo considerable porque el elemento químico clave es el indol, el compuesto del nitrógeno que aporta a nuestras heces su olor característico… por mucho que dijeran los primeros exploradores al comparar el olor de jirafa con el aroma de “una colmena de miel de brezo en septiembre“.

No en vano, este hedor funciona como repelente de parásitos, además de matar a muchos microbios y organismos fúngicos que se alimentan de la piel de las jirafas. Para las jirafas, pues, oler mal es sinónimo de estar limpio y sano. Todo lo contrario que muchos humanos que estos calurosos días se pasean por los transportes públicos de la ciudad.

Vía | El pequeño gran libro de la ignorancia (animal) de John Lloyd

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