Partes de tu cuerpo que no sirven para nada o para casi nada (II)

El tubérculo de Darwin. es un engrosamiento cartilaginoso del borde de la oreja (hélix) presente en muchos seres humanos, interpretado como vestigio de la punta de la oreja común en mamíferos. Podría tratarse de un remanente de una formación más grande que ayudaba a centrarse en los sonidos distantes.

El músculo palmar. Este músculo largo y estrecho recorre el codo hasta la muñeca, junto al supinador largo, y está ausente en el 11% de los humanos modernos. Una vez pudo ser importante para colgarse y escalar. Los cirujanos lo aprovechan para emplearlo en cirugía reconstructiva.

Pezones masculinos. Los conductos lactíferos se forman antes de que la testosterona provoque la diferenciación de sexos en el feto. Según la revista LiveScience, sea cual sea nuestro sexo, todos comenzamos siendo mujeres en el vientre materno. ¿por qué los pezones masculinos vienen equipados con nervios y vasos sanguíneos? En muchos mamíferos machos las hormonas se encargan de atrofiar la formación de los pezones. ¿Amamantaban los hombres prehistóricos a sus jovenzuelos? La ausencia de pruebas sugiere que no. Lo más probable es que los pezones masculinos erectables, al no suponer un problema, no fueron eliminados por la selección natural.

Músculo erector del pelo. Ciertos haces de fibras musculares lisas permiten a los animales erizar su pelaje para mejorar su capacidad de aislamiento o para intimidar a otros animales. Cuando los músculos erectores del pelo se contraen, no sólo empujan todo el folículo piloso hacia afuera sino que al tirar lateralmente de su parte más profunda hacen que el folículo quede dispuesto más perpendicularmente (los pelos se ponen de punta). Además, la contracción de dicha fibra muscular tiende “a provocar hoyuelos” en la piel encima de las zonas de donde se fija a la capa papilar de la dermis. Así pues, el efecto de “la piel de gallina” que se produce en nuestra piel es un vestigio de esta habilidad.

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