¿Para qué sirven los pechos de una mujer? (1 de 2)

¿Cuál es la razón evolutiva para que las mujeres incurran en un derroche de energía como el que supone tener dos pechos hinchados, incluso fuera de la época en la crianza de un bebé? ¿A qué viene esa acumulación de grasa un tanto grotesca pero que, sin embargo, atrae tanto al sexo masculino?

Teorías hay muchas pero casi ninguna certeza. Y las teorías son, en ocasiones, tan aventuradas, que no me extrañaría acabar leyendo que los pechos existen gracias a los intereses de alguna empresa fabricante de airbags. Empecemos por las más traída por los pelos.

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Amotz Zahavi es uno de los dos inventores del principio del handicap. Este principio de la competencia inmunitaria se basa es que si gastamos muchos recursos en el sexo, tendremos menos para invertir en las defensas inmunitarias. Por ejemplo, uno de los handicaps que debe sobrellevar el ser humano es el pelo: al hombre le crece el pelo en diversas regiones del cuerpo y debe cortárselo continuamente.

En opinión de Zahavi, hubo épocas en las que sólo el Homo sapiens, que era lo bastante hábil para mantener corto su cabello, podía regresar a casa después de una jornada de caza a través de los matorrales. Para la barba, tiene Zahavi otra trapisonda explicación: la barba es una señal sincera porque hace que su portador resulte una presa fácil de agarrar.

Para la existencia del pecho de la mujer, Zahavi tiene otra explicación de tipo handicap. Partimos de la base de que el pecho de la mujer (que no da de mamar) no está formado por glándulas productoras de leche sino que está compuesto en su mayor parte sólo de grasa. Por esa razón, irónicamente, el pecho de la mujer siempre permanece inalterable, a diferencia del resto de los mamíferos, que sólo tienen pecho mientras lo usan.

La razón que aporta Zahavi para este derroche es que así la mujer exhibe de forma sencilla las reservas de grasa que posee. El handicap consiste en la limitación de la libertad de movimiento que supone y en “un derroche de energía producido por una mayor pérdida de calor.”

Esta explicación no resulta muy coherente por una razón: los pechos deberían ser más atractivos cuanto mayor fuera su tamaño, pero esto no es lo que ocurre: a partir de cierto tamaño, la mayoría de hombres ya no sienten atracción por un pecho. Por mucha grasa que indiquen que la mujer posee, un pecho gigantesco acostumbra a resultar grotesco.

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