
Las poblaciones ancestrales no viajaron solas cuando salieron de África hace decenas de miles de años
Un análisis genético muestra cómo los microbios han coevolucionado y cómo se están extinguiendo en la actualidad
El viaje que llevó a los primeros humanos a poblar el mundo fuera de África no fue una empresa estrictamente humana. Los grupos que se adentraron en otros continentes llevaban consigo una inmensa comunidad biológica que ha evolucionado en paralelo a sus huéspedes a lo largo de los milenios. Según una investigación de la Universidad de Stanford publicada en la revista Nature (vía Phys.org), el microbioma intestinal conserva las firmas genéticas de aquellas grandes migraciones prehistóricas.
Un equipo dirigido por el microbiólogo Justin Sonnenburg ha perfilado un mapa de cómo diversas especies de bacterias intestinales migraron y se diversificaron junto con las poblaciones humanas. Lo que los investigadores han logrado medir es una relación de simbiosis que se remonta a decenas de miles de años, un registro evolutivo que refleja con notable fidelidad la divergencia de los propios grupos humanos a medida que se asentaban en diferentes geografías.
Para reconstruir este rastro, los autores no recurrieron a fósiles, sino que compararon el material genético de los microbios presentes en poblaciones de cazadores-recolectores actuales de África y Sudamérica. El análisis secuenció las cepas de estas comunidades para trazar su árbol genealógico, revelando que las variaciones genéticas de los microorganismos encajan con las rutas migratorias que los humanos trazaron a lo largo del planeta. Es un mecanismo de herencia compartida; a medida que las comunidades humanas se separaban y se adaptaban a nuevos entornos, sus bacterias también lo hacían.
La diversidad microbiana no es simplemente un residuo biológico, sino un componente biológico activo que, según la evidencia reunida por el equipo, se está desvaneciendo. Al contrastar estas firmas ancestrales con las de las poblaciones de los países industrializados, el estudio documenta una pérdida drástica de cepas bacterianas. La transición hacia dietas procesadas, el uso generalizado de antibióticos y las condiciones de saneamiento moderno han alterado un equilibrio ecológico que había perdurado milenios.
Esta pérdida de diversidad no implica un daño automático e inmediato, pero obliga a situar una advertencia clínica. Los autores señalan que las consecuencias de perder estos microorganismos para la salud humana aún son inciertas. Los especialistas comparan el proceso con una extinción silenciosa, donde las funciones que estas bacterias desempeñaban en la regulación del sistema inmunológico o en la digestión podrían quedar desatendidas.
La magnitud del cambio pone en perspectiva nuestra relación con el microbioma. Investigadores como Andrew Moeller, ecólogo evolutivo de la Universidad de Princeton que participa en el estudio, advierten sobre los próximos pasos médicos: "Identificar qué bacterias nos han acompañado durante más tiempo es el primer paso antes de evaluar cuáles de ellas nos convendría recuperar".
Foto | Eid John, CC BY-SA vía Wikimedia Commons
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