Las cucarachas que se esconden en vuestras cocinas

Una vez visto El cuchitril de Joe, se pueden sacar dos conclusiones. Una, que las cucarachas generadas por ordenador son mucho más simpáticas que las reales. Y dos, que la película sin duda debe exagerar la población de cucarachas de un inmueble. Al menos nos gustaría pensar eso, sobre todo a los que somos un poco entomofóbicos.

La realidad, como de costumbre, es más aterradora.

Según un antiguo estudio de la Universidad Complutense de Madrid, hasta 4.000 especies diferentes de cucarachas pueden localizarse en una vivienda media, por muy limpia que esté. Además, por cada cucaracha que logréis ver, hay un promedio de 100 escondidas.

Esto sucede porque las cucarachas son esencialmente nocturnas y muy gandulas (pasan el 75 % del día descansando). Como prefieren el calor, es más fácil verlas en verano, aunque en realidad viven de 4 a 8 meses. Y además de ser bastante horripilantes, pueden provocar graves consecuencias sanitarias.

Las cucarachas pueden portar 40 especies de bacterias y ser las responsables de brotes de gastroenteritis, salmonelosis, tuberculosis, disentería o incluso tifus. No es extraño, pues, que un 25 % de lo que la gente gasta en insecticidas sea únicamente para matacucarachas.

Este terrorífico ortóptero es originario de las zonas cálidas de la Tierra, donde vive en estado salvaje desde mucho antes de la aparición del hombre. Sin embargo, el medio urbano ha creado un nuevo hogar para multiplicarse con temperatura agradable, humedad, abundante comida, agujeros y rendijas. Su estancia preferida son los bajos de las cocinas, así que si queréis os consejo: no miréis. Porque quizá os toparíais con una gigantesca americana (clara con mancha central), una germánica (gris y con alas) o una orientalis (oscuras).

Las cucarachas también son portadoras de muchos mitos. Es cierto que son buenas trepadoras y muy resistentes: pueden sobrevivir 48 horas a temperaturas bajo cero, 40 minutos bajo el agua o tres meses sin comer. También pueden vivir una semana sin cabeza. Pero no es verdad que sean tan aptas como se cree para sobrevivir a una guerra nuclear.

Ello parte de un mito que ya en 1959 fue derribado por los experimentos con radiación de Wharton. Las cucarachas serían los primeros insectos que morirían de radiación; aunque antes lo haríamos nosotros, por supuesto. Antes que las cucarachas, por ejemplo, sobreviviría la mosca de la fruta, y aún tendría más posibilidades de sobrevivir una avispa parásita.

Y aquí termino este pequeño artículo porque empiezo a notar miradas cucarachiles en mi espalda. Y es que las cucarachas, bien… incluso muertas producen escalofríos, como si contempláramos el casquillo de una bala ya disparada. Pero si están vivas, mejor que yo las describe el escritor Felipe Benítez Reyes:

Con las cucarachas no valen casi de nada las finuras: tu única esperanza es toparte con una y aplastarla –y que el crujir de su armadura macabra te recorra todo el cuerpo, desde el pie hasta la cabeza, como un escalofrío polar. Las cucarachas son astutas: saben fingir la muerte. Machacas a una con el cepillo, la dejas en el recogedor, creyéndola reventada, y sales corriendo a lavarte las manos sin motivo alguno, simplemente porque el asco se concentra siempre en las manos. (…) luego no está: la cucaracha herida deambula por tu casa como una pequeña cápsula de rencor.

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