Ese apéndice sobrenatural que es nuestra nariz (y III)

También hubo un personaje de la Inglaterra de 1854, George Jabet, que afirmaba que las narices podían clasificarse y explicar la personalidad de la gente. El libro donde desarrolló esta teoría se titulaba Notes on Noses.

Nosotros creemos que, además de tratarse de un adorno de la cara, un elemento del aparato respiratorio y un buen asidero por donde coger a un congénere descarado, constituye un indicio importante del carácter de su propietario.

Jabet halló su inspiración en el movimiento fisiognómico, fundado anteriormente por un místico y teólogo suizo llamado Johann Kaspar Lavater que creía en la interpretación de la personalidad y el carácter a partir de la forma de los rasgos faciales. La ciencia fisiognómica, por cierto, estuvo a punto de acabar con la carrera de un joven Charles Darwin, pues antes de escribir su libro sobre la evolución era un discípulo de Lavater y estaba convencido de que podía juzgarse a la gente por sus rasgos, como sucede con los malvados lombrosianos de Dick Tracy.

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Resultó que el capitán del Beagle, el barco con el que Darwin iniciaría su gran viaje de conocimiento biológico, tenía una nariz que revelaba, según Lavater, falta de vigor y determinación, de modo que Darwin dudaba de que pudieran hacer el viaje.

Jabet desestimó los rasgos faciales y sólo se centró en la forma de las napias, por ejemplo con clasificaciones de narices europeas como la siguiente:

-Nariz romana o aquilina: en hombres revela determinación y vigor, pero también escaso refinamiento. En mujeres, vigor masculino.

-Nariz griega o recta: revela refinamiento y personalidad artística.

-Nariz meditabunda: a veces sólo se aprecia en perspectiva frontal, revela un carácter reflexivo.

-Nariz judía o encorvada: revela sagacidad.

-Nariz chata: revela mezquindad y desfachatez y un carácter endeble.

-Nariz celestial: igual que la nariz chata, pero con un aire de astucia.

Jabet también clasificaba a las naciones y las razas según la forma de su nariz:

Cada nación tiene su nariz característica, y cuanto menos haya avanzado la civilización de una nación, más general y perceptible es la forma característica. Las razas más organizadas e intelectuales poseen las formas superiores de nariz, y las más bárbaras e incivilizadas poseen narices proporcionalmente romas y aplanadas, que se aproximan a los hocicos de los animales inferiores y rara vez o nunca sobresalen más allá de las mandíbulas.

Vía | La mente de Antonhy Smith / El ombligo de Adán de Michael Sims

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