Un dron captura un vídeo de un animal de 12 metros tan raro que la ciencia no sabe cuántos hay ni dónde viven

Un dron captura un vídeo de un animal de 12 metros tan raro que la ciencia no sabe cuántos hay ni dónde viven

Una ballena de Omura se alimentaba de krill en el estrecho de Dampier, Raja Ampat, en marzo de 2026

Redacción Xataka Ciencia

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En marzo de 2026, a bordo del MY Silolona en el estrecho de Dampier, el biólogo marino Mark Erdmann, director ejecutivo de ReShark, vio lo que a casi nadie se le ocurre buscar en Raja Ampat: una ballena de Omura tragando krill en superficie. Lanzó su dron y filmó el "lunge feeding" completo, la embestida con la boca abierta con la que las ballenas con barbas se tragan un bocado entero de agua y presas. La grabación, recogida en el informe de Discover Wildlife, es una de las pocas imágenes directas de esta especie alimentándose.

Rara pero residente La ballena de Omura (Balaenoptera omurai) fue descrita como especie nueva en 2003 a partir de un ejemplar varado y desde entonces se ha convertido en una de las grandes ballenas menos conocidas del planeta. La guía de Whale & Dolphin Conservation lo confirma: "poco se sabe sobre las ballenas de Omura, los científicos no están seguros de cuántas existen o cuán raras son".

La UICN la clasifica como "datos insuficientes", una etiqueta que en la práctica significa que no existe una estima poblacional fiable: ni cuántas hay ni dónde están. En Raja Ampat, sin embargo, hay una pista útil: Erdmann apunta en el reporte que "aunque rara vez son advertidas por los turistas que visitan Raja Ampat, las ballenas de Omura son residentes todo el año".

La embestida. Los pliegues de la garganta permiten a la ballena inflar la boca como un globo y tragar un volumen enorme de agua; luego la expulsan por las barbas y se quedan con el krill y el plancton. Erdmann describe así la secuencia: "al final del clip se ve cómo la ballena embiste y abre la boca de par en par para tragarse un gran bocado de krill y agua que luego filtra por las barbas".

El avistamiento nació de un detalle mínimo. La tripulación del Silolona divisó el soplido a lo lejos: una columna baja y débil, casi imperceptible, que delata a la ballena de Omura cuando sale a respirar. Desde el aire, el dron de Erdmann confirmó lo que en cubierta solo se intuía: una ballena activa, tragando krill en superficie.

El perfil de Erdmann en Re:wild lo sitúa tras dos décadas en Conservation International y con 217 especies nuevas de peces y corales descritas. Un adulto de ballena de Omura mide hasta 12 metros; la ballena azul, de 30, le saca más del doble.

No es la primera vez. Pero la grabación de marzo de 2026 no es el primer registro de una ballena de Omura alimentándose en Raja Ampat. La revisión global de la especie de 2019 (Frontiers in Marine Science), firmada por Salvatore Cerchio, Tadasu Yamada y Robert Brownell, ya recogía "al menos dos registros en las islas Raja Ampat".

Uno de esos registros detalla que "el 25 y 26 de noviembre de 2016, cerca de la isla de Misool, varias ballenas de Omura fueron filmadas durante dos días", con documentación de alimentación y de una madre con cría. El autor del material fue el videógrafo Alex Lindbloom. La ballena de Omura no es, pues, una recién llegada al archipiélago.

Lo poco que se sabe. El primer estudio ecológico de la especie, publicado en Royal Society Open Science por Cerchio y colaboradores en 2015, trabajó en Madagascar con 44 grupos avistados, hábitat de plataforma somera con temperaturas superficiales entre 27,4 °C y 30,2 °C, observaciones frecuentes de lunge feeding y cuatro madres con cría.

El equipo confirmó la especie con biopsias de 18 animales adultos, todos con un único haplotipo de ADN mitocondrial, lo que sugiere baja diversidad genética y una población potencialmente pequeña. Una hembra fue recapturada al año siguiente con una cría, indicio de fidelidad al lugar o residencia.

Que la misma especie se deje ver cazando en Misool en 2016 y en el estrecho de Dampier en 2026 apunta a que el archipiélago es un punto fijo para ella. Erdmann lo subraya: son residentes. Lo que sigue sin saberse es cuántas hay. La UICN no tiene siquiera una estima poblacional; la ballena de 12 metros filmada en marzo sigue sin censo.

Foto | Mark Erdmann, Silolona Sojourns

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