Descubren decenas de nuevas especies animales ocultas a hasta 3.000 metros de profundidad en el Atlántico Sur

Descubren decenas de nuevas especies animales ocultas a hasta 3.000 metros de profundidad en el Atlántico Sur
  • Un equipo de científicos ha identificado decenas de especies potencialmente nuevas en los montes submarinos del Atlántico Sur

  • La expedición, liderada por el Instituto Schmidt Ocean, ha empleado un robot submarino para cartografiar fondos hasta 3.000 metros de profundidad

Redacción Xataka Ciencia

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Los montes submarinos del Atlántico Sur permanecen lejos de la luz y de la exploración rutinaria, pero una nueva expedición acaba de abrir una ventana a sus ecosistemas. Según recoge Fox Weather, un equipo internacional ha documentado decenas de especies marinas que podrían ser nuevas para la ciencia, junto a organismos de los que no se tenía constancia en esa región. Los hallazgos se produjeron en aguas abiertas, en una zona de difícil acceso que concentra una biodiversidad poco estudiada y que permanece fuera de las rutas comerciales habituales.

El trabajo se ha realizado desde el buque oceanográfico Falkor (too), operado por el Instituto Schmidt Ocean. Para superar la barrera de la presión y la oscuridad, los investigadores han empleado el robot submarino SuBastian, capaz de descender hasta los 3.000 metros de profundidad. El vehículo recorre las laderas de los montes submarinos grabando en alta resolución y recolectando muestras con brazos mecánicos. Este proceso permite observar corales, esponjas y moluscos en su hábitat natural sin alterar el entorno de forma masiva, una ventaja decisiva frente a las redes de arrastre tradicionales que arrasan el fondo marino.

La conclusión preliminar apunta a una fauna rica y endémica. Entre los ejemplares recuperados hay corales profundos, esponjas cristalinas y equinodermos que no coinciden con las descripciones formales actuales. Los científicos de la expedición han subrayado que estos montes actúan como islas de biodiversidad, donde las especies evolucionan de forma aislada, aunque advierten de que la confirmación requerirá un análisis taxonómico detenido en laboratorio. La proximidad de estas montañas sumergidas a las corrientes oceánicas favorece la concentración de nutrientes, lo que explica la abundancia de vida en un entorno aparentemente hostil.

Contextualizando el descubrimiento

Declarar una especie como nueva para la ciencia no es un trámite inmediato. Los biólogos deben comparar la morfología y el ADN de los especímenes con los registros de los museos de historia natural y las bases de datos genéticas. Esta revisión, que puede prolongarse durante años, determina si el organismo pertenece a una especie ya catalogada o si se trata de un hallazgo inédito. La introducción de robots submarinos ha modificado la escala de estos descubrimientos: lo que antes requería extracciones masivas y destructivas, ahora se documenta con tecnología del Instituto Schmidt Ocean y vídeo de alta definición, una práctica que reduce el daño en ecosistemas frágiles y de lenta recuperación.

Los montes submarinos no son cualquier elevación geológica. Sus picos interrumpen las corrientes oceánicas profundas, empujando aguas frías y ricas en nutrientes hacia la superficie. Este fenómeno, conocido como bombeo de Taylor, convierte los picos sumergidos en puntos de confluencia para el plancton, los pequeños peces y sus depredadores. La complejidad física de estas estructuras explica por qué un monte aislado puede albergar endemismos exclusivos, especies que no existen en ningún otro lugar del planeta. Comprender estos mecanismos es vital para calibrar la riqueza de una región extensa de la que se carece de líneas base de biodiversidad.

Los hallazgos en el Atlántico Sur se suman a una serie de descubrimientos que la propia institución ha realizado en otros océanos, como la documentación de montes submarinos en el Pacífico que en su día revelaron nuevos tipos de corales. Este mapeo progresivo del fondo marino responde a una urgencia cada vez más palpable: la falta de datos sobre el lecho oceánico en un contexto de creciente interés industrial. Las montañas submarinas concentran nódulos polimetálicos y costras de manganeso, recursos sujetos a la regulación de la Autoridad Internacional de los Fondos Marinos. Ante el avance de la minería en alta mar, la comunidad científica insiste en que solo se puede proteger lo que se conoce.

El paso siguiente aborda la integración de estos hallazgos en los tratados internacionales. El acuerdo de la Alta Mar, adoptado por la Organización de Naciones Unidas, busca crear áreas marinas protegidas en aguas internacionales, pero la salvaguarda efectiva de estos montes dependerá de inventarios sólidos y verificables. Las muestras recogidas por el robot SuBastian añaden una pieza esencial a ese puzle, un fondo marino que aún se cartografía a tientas.

Foto | Instituto Oceánico Schmidt

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