El baobab Tsitakakantsa es un árbol gigante de 1.200 años que nos ha demostrado los límites biológicos de esta forma de vida

El baobab Tsitakakantsa es un árbol gigante de 1.200 años que nos ha demostrado los límites biológicos de esta forma de vida
  • Este colosal ejemplar tiene una circunferencia de casi 29 metros y almacena enormes reservas de agua en una de las maderas más ligeras conocidas

  • Aunque a menudo se les atribuye un origen anterior a la separación de los continentes, la genética demuestra que su historia evolutiva es mucho más reciente

Redacción Xataka Ciencia

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El Tsitakakantsa es un baobab de la especie Adansonia grandidieri que se alza cerca de Andombiry, en Madagascar. Con un tronco de casi 29 metros de circunferencia y una edad estimada en 1.200 años (si bien la creencia popular dice que es una especie prehistórica de más de 200 millones de años) las comunidades locales lo consideran la "madre del bosque". Como recoge un hilo de divulgación histórica en X, estos gigantes se erigen en símbolos de vida en climas áridos porque sus troncos se ensanchan para almacenar enormes cantidades de agua durante la temporada de lluvias.

Un equipo internacional de biólogos comparó los genomas de las ocho especies existentes y publicó el resultado en la revista Nature en 2024. El análisis demostró que el género Adansonia se originó en Madagascar hace unos 21 millones de años, coincidiendo con la formación de hábitats más secos en la isla. Más tarde, sus semillas flotaron a través del océano Índico para colonizar África continental y el noroeste de Australia. De las ocho especies actuales, seis son exclusivas de la isla africana, un rasgo evolutivo que ha analizado detalladamente Xataka.

Alcanzar tamaños monumentales requiere una estructura particular. Los baobabs desarrollan una madera blanda y ligera, con una densidad media de 0,13 gramos por centímetro cúbico, un valor inferior al de la conocida madera de balsa. Esta baja densidad permite que troncos colosales mantengan una masa relativamente manejable para sus raíces.

Los baobabs: muy antiguos, y muy grandes

El árbol vivo más grande del mundo en la actualidad es el Sagole, un ejemplar de baobab africano (Adansonia digitata) situado en Sudáfrica. Sus mediciones arrojan una altura de 19,8 metros, una base de 60,6 metros cuadrados y un volumen de madera y corteza de 414 metros cúbicos. Los investigadores calculan que su masa seca sobre el suelo es de apenas 54 toneladas.

Determinar la edad exacta de estos organismos ha obligado a los especialistas a refinar sus métodos, ya que la madera blanda a menudo se descompone y borra los anillos de crecimiento más antiguos. El equipo del investigador Adrian Patrut utiliza múltiples extracciones pequeñas para aplicar la datación por radiocarbono en distintas partes de cada individuo. Mediante esta técnica sabemos que el Sagole tiene unos 800 años, aunque otros ejemplares documentados superan el milenio.

Para lograr esos diámetros excepcionales, los baobabs no crecen a partir de un único tronco macizo que se ensancha gradualmente. Los estudios con radiocarbono comprobaron que estos gigantes desarrollan estructuras en forma de anillo con múltiples tallos fusionados. A medida que crecen en paralelo, configuran falsas cavidades interiores revestidas de corteza que los ayudan a sostener la corona.

Un futuro difícil

Esa arquitectura los hace especialmente vulnerables al colapso cuando envejecen. Hasta 2018, el mayor baobab vivo era el sagrado Tsitakakoike, también en Madagascar, con 1.270 años de edad y 455 metros cúbicos de volumen. Ese año, el árbol se quebró y cayó. Un destino similar sufrió en 2016 el árbol Platland en Sudáfrica.

La "madre del bosque" y el resto de gigantes supervivientes se enfrentan ahora a una presión ambiental documentada. En los últimos años, investigaciones de campo lideradas por el propio Patrut publicadas en Nature Plants alertan de que un porcentaje inusual de los baobabs más grandes y antiguos de África se ha derrumbado. Los especialistas descartan que se trate de una epidemia y lo atribuyen a modificaciones significativas en las condiciones climáticas del sur de África y Madagascar, donde el aumento de las temperaturas y la alteración de los ciclos de lluvia están reduciendo las reservas de agua que sostienen su enorme peso, provocando fallos estructurales letales en los árboles más venerados del mundo. 

Foto | bethmoonphotography vía Instagram


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