Analizan los hongos negros de Chernóbil y descubren que podrían ayudar a hacer posibles los viajes espaciales

Hongos Chernobyl Viajes Espaciales
  • El hongo Cladosporium sphaerospermum creció en la Estación Espacial Internacional y redujo la radiación en torno a un 2%

  • Que se "alimente" de radiación, la llamada radiosíntesis, sigue siendo una hipótesis sin demostrar

Redacción Xataka Ciencia

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Hay un moho negro que lleva décadas pegado a los muros del reactor nuclear destrozado más infame del mundo, el de Chernobil y que interesa ahora a los científicos como posible escudo para astronautas. Se llama Cladosporium sphaerospermum, crece donde la radiación es letal para la mayoría de los seres vivos, y la pregunta es si agencias como la Administración Nacional de Aeronáutica y del Espacio (NASA) podrían aprovecharlo en futuras misiones a la Luna o a Marte.

Es una novedad curiosa, pero que conviene matizarse como es debido, y separar lo que se desea conseguir de lo que realmente se obtiene. La historia empieza dentro del propio reactor de Chernobill. Según contaba Xataka el 5 de diciembre de 2025, la investigadora Nelli Zhdanova encontró en mayo de 1997 hongos negros en el techo, las paredes y el interior de los conductos. Su grupo describió además que crecían hacia las partículas calientes de grafito contaminado y las degradaban, un comportamiento que bautizaron radiotropismo.

El sospechoso es la melanina, el mismo pigmento que oscurece la piel humana. En un artículo de PLOS ONE del 23 de mayo de 2007 el equipo de Ekaterina Dadachova vio que la radiación cambiaba las propiedades electrónicas de la melanin,a y que los hongos melanizados expuestos a ella crecían más deprisa. De ahí sale la idea de la radiosíntesis, que el pigmento haga con la radiación algo parecido a lo que la clorofila hace con la luz. Los propios autores lo plantean con cautela igualmente.

Los porcentajes de crecimiento de ese trabajo corresponden a otros hongos melanizados, como el Wangiella dermatitidis y el Cryptococcus neoformans, y no a Cladosporium. De este, el texto solo dice que las colonias irradiadas crecieron más, sin dar una cifra, motivo por el que el “10%” que circula en las crónicas no sirva como dato de Cladosporium y se observe con escepticismo.

El salto al espacio llegó con un experimento de Nils Averesch, Graham Shunk y Christoph Kern, publicado en Frontiers in Microbiology el 5 de julio de 2022. Su laboratorio autónomo trabajó unos 26 días en la Estación Espacial Internacional (ISS) con la misma especie, pero no con un aislado de Chernóbil; la cepa de laboratorio no procedía de Ucrania ni de los aislados originales del reactor, de acuerdo a lo que describen los autores del estudio. La radiación bajo la capa de hongo fue algo menor que bajo un control sin crecimiento, en torno al 2%. Además, el hongo creció 1,21 veces más deprisa que su cultivo de control en la Tierra, con un margen de 0,37.

Los autores además matizan que fue una sola ejecución en órbita, no se puede separar el efecto de la microgravedad del de la radiación. Los sensores cuentan partículas sin medir dosis, y la radiosíntesis real queda por demostrar. Para muestra, recuerdan que en la ISS la dosis llega sobre todo de partículas energéticas, más dañinas que la radiación electromagnética, como los rayos gamma.

Volviendo a ese 2%, es sobre el que se montó la cifra que circula por internet. En el preprint de bioRxiv del 17 de julio de 2020, los autores calcularon que 21 centímetros de hongo compensarían casi toda la dosis anual de radiación de la superficie de Marte, y que bastarían nueve centímetros mezclados con melanina y regolito marciano, pero son cálculos, no mediciones. Dicho de otra forma, una moqueta viva de más de veinte centímetros, extrapolada desde una capa de 1,7 milímetros.

Tampoco está claro que la melanina haga el trabajo por sí sola, ya que según Thomas Vasileiou y Leopold Summerer, del equipo de conceptos avanzados de la Agencia Espacial Europea (ESA), la melanina no blinda mejor que la celulosa, de composición parecida, frente a radiación beta de estroncio-90, aunque sus simulaciones sugieren que la disposición del pigmento en el material sí podría influir. Igualmente, el ensayo no cubrió la radiación cósmica.

Xataka Ciencia contó el 9 de julio de 2020 otra vía con melanina: la selenomelanina, con selenio en lugar de azufre, desarrollada en la Universidad Northwestern bajo la dirección de Nathan Gianneschi, que mantuvo el ciclo normal de células tras una dosis de radiación letal para una persona. Lo último llega de un estudio de PNAS,(Proceedings of the National Academy of Sciences), publicado el 28 de abril de 2025: biocompuestos de ácido poliláctico con melanina fúngica pasaron unos seis meses expuestos fuera de la ISS, y la melanina redujo la pérdida de masa y las arrugas del polímero y protegió la capa de PVC que tenía debajo.

Así, con todas las cartas sobre la mesa, lo medido es modesto: un 2% con un cultivo vivo durante menos de un mes y un recubrimiento que aguanta bien en órbita. Xataka resumía en diciembre de 2025 que la comunidad científica ve esta tecnología, por ahora, como complemento, pero no como sustituto de otros blindajes.

Foto | Medmyco (vía Wikimedia Commons CC BY-SA 4.0)

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