
El tapir sudamericano ha sido reintroducido en este bosque de Brasil y comenzado a reproducirse
Nicholas y Raquel Locke comenzaron en 2001 un proyecto colosal para recuperar la Mata Atlántica en Cachoeiras de Macacu, Brasil. Lo que empezó como un intento de restablecer terrenos degradados terminó con 840.000 árboles plantados y más de 600 hectáreas de bosque restauradas.
El premio final a ese esfuerzo no fue puramente vegetal. Gracias a la regeneración del ecosistema, la Reserva Ecológica de Guapiaçu (REGUA) pudo participar en la reintroducción del tapir sudamericano, un imponente mamífero que llevaba más de un siglo desaparecido del estado de Río de Janeiro. El último registro confirmado en la región databa de 1914, según REGUA.
Las cifras grandes tienden a anestesiar la imaginación, así que conviene traducirlas. Plantar 840.000 árboles en 25 años equivaldría, como media, a unos 92 plantones al día, sábados y domingos incluidos, durante un cuarto de siglo. Es un volumen de constancia brutal que la familia Locke canalizó a través de la Reserva Ecológica de Guapiaçu (REGUA), restaurando terrenos degradados por décadas de explotación agrícola y ganadera. La propia organización señala que su vivero comenzó a funcionar en 2005 y que el proyecto de restauración ha permitido recuperar cientos de hectáreas de bosque.
La letra pequeña es que, por supuesto, el animal no regresó caminando por su cuenta: los milagros ecológicos rara vez son espontáneos. Los registros del proyecto Refauna confirman que 14 tapires fueron reintroducidos entre 2017 y 2021, procedentes de instituciones de conservación, en un programa destinado a recuperar la especie en la región.
El futuro es (algo) optimista
El tapir no es un simple adorno faunístico; es un importante dispersor de semillas en la selva. Se alimenta de frutos y puede transportar y depositar sus semillas a grandes distancias, contribuyendo así a la regeneración del bosque. Los humanos pusieron la paciencia para traer al tapir, y ahora es el animal quien ayuda a plantar árboles para los humanos.
El balance actual invita a un optimismo cauto, sin tirar cohetes. Para finales de 2025, REGUA ya había registrado ocho crías de tapir nacidas en la reserva desde el comienzo del programa de reintroducción. Es una victoria indiscutible, la evidencia viva de que los animales reintroducidos han logrado reproducirse en el entorno restaurado. Lo que queda abierto es si este parche de esperanza resistirá a largo plazo en una Mata Atlántica que todavía afronta amenazas.
Imágenes: Vladimir Srajber (vía Pexels)
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