
Los ingenieros sustituyeron en septiembre de 2026 tres dispositivos por otros de menor consumo en una operación apodada "Big Bang"
La Red de Espacio Profundo no captó la señal el 18 y el 19 de octubre, y volvió el 20 antes de que el equipo enviara órdenes
La Voyager 1 ya acumula dos novedades que la NASA detalló en el blog de la misión Voyager el 29 de octubre de 2026. En septiembre, el equipo completó una maniobra para estirar la energía que le queda a la sonda, y entre el 18 y el 20 de octubre perdió el contacto con ella durante unas 48 horas, hasta que la señal reapareció por sí sola. La curiosidad es que ambos episodios ocurren a más de 25.000 millones de kilómetros de la Tierra.
Dos días sin señal. El 18 y el 19 de octubre de 2026, la Red de Espacio Profundo (conjunto de grandes antenas en tres instalaciones repartidas por el planeta) no detectó ninguna señal de radio de la sonda en dos intentos programados con 24 horas de diferencia. La señal reapareció otras 24 horas después, el 20 de octubre, y el equipo mantiene el contacto desde entonces. Todo esto ocurrió antes de que los ingenieros enviaran órdenes para diagnosticar el problema.
La causa sigue en investigación, pero por ahora han determinado que un grupo de propulsores se desactivó y que entraron en funcionamiento sus respaldos. Ese relevo se programó para producirse de forma automática cuando los ordenadores de la nave detectaran algo anómalo en los propulsores activos. Esta respuesta, llamada protección contra fallos, deja a la sonda en una configuración segura y pausa las operaciones normales para dar tiempo a diagnosticar y actuar.
Kareem Badaruddin, gestor de la misión Voyager en el Laboratorio de Propulsión a Chorro (JPL) de la NASA, señaló que es la primera vez que ven a la nave hacer algo así, pero que la misión está en un punto en el que hay que “esperar lo inesperado”. Añadió que el equipo está aliviado por haber recuperado el contacto y con ganas de entender qué pasó.
Tres dispositivos cambiados a la vez. Esta maniobra dela sonda no es algo que no se contemplara en absoluto. De hecho, a principios de septiembre de 2026, los ingenieros apagaron tres dispositivos de la Voyager 1 y los sustituyeron por tres alternativas de menor consumo durante lo que se ha conocido como la operación “Big Bang”, la cual terminó unas seis semanas después de que el equipo hiciera lo mismo en la Voyager 2. El motivo fue la energía: las dos sondas la obtienen de generadores termoeléctricos de radioisótopos, que transforman en electricidad el calor de la desintegración del plutonio. Como ese combustible se agota, cada sonda pierde unos cuatro vatios de potencia al año, y casi medio siglo, y especialmente después del lanzamiento, los márgenes son estrechos.
Los seis dispositivos implicados ayudan a mantener la nave lo bastante caliente para funcionar en el frío del espacio, de ahí que los tres cambios tuvieran que producirse a la vez, solo así el equipo pudo reducir el consumo y, al mismo tiempo, repartir bien el calor. El ahorro permitirá que los instrumentos científicos que quedan trabajen más tiempo de lo previsto, y sin la maniobra habría hecho falta apagar otro instrumento de la Voyager 1 ya en el verano de 2027, después de que la falta de energía obligara a desconectar dos en los últimos años. De nuevo, lo sorprendente es que la desconexión de los sistemas de la Voyager mencionados antes fueran efectuados por la propia sonda sin intervención humana, y no como estos que siempre se hicieron bajo supervisión de los técnicos y directores de la misión.
Una luz-día de distancia. Mientras avanza la investigación, la Voyager 1 viaja a unos 61.155 kilómetros por hora hacia un hito. El 18 de noviembre de 2026 estará a unos 25.900 millones de kilómetros de la Tierra, una luz-día: la distancia que recorre la luz en 24 horas. Eso implica que las ondas de radio con las que se comunica el equipo tardan un día en llegar a la sonda y otro más en volver con su respuesta. Suzanne Dodd, gestora del proyecto Voyager en el JPL, lo resumió como “quien quiera saludar a la Voyager envía su mensaje, se va a casa y espera dos días para recibir contestación”.
La NASA explica que la nave no notará ningún cambio en su entorno al superar esa marca, ni habrá novedades a bordo. El valor del hito, añade, está en que muestra la inmensidad del universo y la resistencia del explorador humano que ha llegado más lejos que cualquier otro objeto construido por personas.
Recordar que la misión despegó en 1977 (dentro de poco cumplirá medio siglo en el espacio) con diez instrumentos científicos dedicados. Algunos se apagaron tras los encuentros con los planetas y otros se dejaron encendidos para estudiar el borde de la heliosfera, la burbuja de partículas y campos magnéticos que crea el Sol. Hoy las sondas de las clase Voyager recorren el espacio interestelar, fuera de esa burbuja, y son las únicas naves que lo han estudiado de forma directa.
Foto | NASA
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