James Webb Space Telescope: diseño revolucionario, presupuesto desorbitado


Situado en el frío y profundo espacio, a cas dos millones de kilómetros de la Tierra, el telescopio James Webb buscará la primera luz que atravesó el universo hace más de 13 millardos (mil millones) de años.

Esta astronave de 7 toneladas, es uno de los proyectos más ambiciosos y más caros de toda la historia de los Estados Unidos, y se está llevando a cabo por la NASA en el complejo espacial de Northrop Grumman Corp, en Redondo Beach (California).


Su objetivo es captar la luz más antigua, trasladando a los cosmólogos al instante posterior al Big Bang, cuando la materia se había enfriado lo suficiente como para empezar a formar las primeras estrellas resplandecientes.

“Se trata de la formación real del Universo”, comenta Alan Dressler, el astrónomo de la Institución Carnegie para la Ciencia, en Pasadena, quien presidió el comité que propuso este telescopio hace más de una década.

Si el James Webb Space Telescope cumple las previsiones, será mucho más potente que cualquiera de las docenas de telescopios desplegados actualmente por los Estados Unidos. Marcará un símbolo dramático del poderío tecnológico de esta nación.

No obstante, a pesar de su sofisticación, el proyecto pone de manifiesto una disfrunción profundamente arraigada en las prácticas empresariales de esta agencia, afirman los críticos. El costo del Webb se ha elevado hasta los 8.800 millones de dólares, más de cuatro veces su estimación original, lo que casi llevo al Congreso a cerrar este programa el año pasado.

No es la primera vez que esta agencia propone proyectos de una elevada complejidad técnica, a un precio irrisorio. Evidentemente esto genera repetidos incrementos del presupuesto inicial: una mala práctica con origen en errores de valoración del proyecto o a estrategias políticas. Frank R. Wolf, representante republicano de Virginia y presidente del subcomité de Asignaciones de la Cámara, que controla el presupuesto de la NASA, dijo que en el proyecto Webb se producía una combinación de ambos problemas.

El telescopio Webb fue concebido, por la comunidad astronómica a finales de 1990, como un proyecto mucho más modesto, con un espejo más pequeño y un presupuesto alrededor de los 500 millones de dólares. El entonces director de la NASA, Daniel Goldin, desafió a la comunidad científica en un importante discurso para duplicar la capacidad del telescopio manteniendo el mismo presupuesto.

Dressler, que estaba presente en este discurso, comentó: “Sorprendió a todo el mundo. No tenía sentido que pudiéramos construir un telescopio de seis veces más capacidad que el Hubble y manteniendo los costes. Nos quedamos impresionados. No sabíamos que hacer”.

Vía | ©2012 the Los Angeles Times. Distributed by MCT Information Services
Image credit: ESA

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