Desvelado el probable secreto de la gigantesca nube de 1.800 kilómetros de Marte

Resulto Misterio Nube Marte 1800 Km
  • La nube de Arsia Mons se formaría sin polvo: el vapor de agua se congelaría por sí solo, según un estudio en 'Nature Geoscience'

  • Sería la primera prueba de nucleación homogénea en la atmósfera de un planeta, y pone en duda algunas ideas sobre ciertas nubes de la Tierra

Redacción Xataka Ciencia

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Cada mañana, durante meses, una nube blanca brota junto a un volcán de Marte, se estira hasta 1.800 kilómetros y se desvanece en unas horas, y es un fenómeno que llevaba años desesperando a quienes intentaban reproducirla en un ordenador. Pero un equipo de investigadores cree haber dado por fin con la explicación, y es de lo más insolita: el vapor de agua se congela por su cuenta, sin necesitar ni una mota de polvo en la que apoyarse.

Una nube con horario fijo. La nube se ha bautizado como la Arsia Mons Elongated Cloud (AMEC), y aparece cada primavera y verano del hemisferio sur marciano junto al volcán de unos 20 kilómetros de altura que comparte el nomre con ella (el Arsia Mons). Está hecha de cristales de hielo de agua, y repite su ciclo cada mañana durante varios meses. La sonda Mars Express de la Agencia Espacial Europea (ESA) la dio a conocer en 2018, y ahora un estudio publicado en Nature Geoscience del 7 de octubre de 2026, encabezado por Jorge Hernández-Bernal, de la Sorbonne Université y el CNRS de París, ha propuesto una teoría sobre su formación.

En 2021 ya había sido descrita desde la Universidad del País Vasco (UPV/EHU): empieza a crecer antes del amanecer en la ladera oeste del volcán, se alarga a más de 600 kilómetros por hora durante unas dos horas y media, y finalmente se evapora a última hora de la mañana, como detalló entonces la nota de la ESA. El equipo de Hernández-Bernal llegó incluso a encontrar en imágenes de la Viking 2 de los años setenta. Xataka lo contó en marzo de 2021, cuando parecía que su origen ya estaba resuelto. En declaraciones a Sky & Telescope, la describe como “una nube preciosa” , y es que lleva ocho años estudiándola, un flechazo muy largo.

¿Cómo se fabrica una nube? En la Tierra, las nubes nacen cuando el aire húmedo se enfría y el vapor de agua se condensa en gotitas o cristales de hielo. Pero casi nunca lo hace solo, pues necesita algo sólido a lo que agarrarse (una partícula de sal, de polen, de hollín polvo…) que actúe como núcleo. Es lo que se llama nucleación heterogénea, y en Marte el papel de semilla se le atribuía al polvo. Con la nube de Arsia Mons, eso sí, las cuentas no salían, ya que las simulaciones no reproducían lo que se veía en las fotos.

Hasta que el equipo introdujo en la ecuación una física “que, aunque aparece en los libros de texto, se trata como teórica y se suele pensar que no ocurre en la naturaleza”, como explica Hernández-Bernal nuevamente en la nota de la ESA. “Es como si aparecieran gotas de condensación en mitad de una habitación, en lugar de en una ventana. Lo llamamos nucleación homogénea y nunca lo habíamos visto en la atmósfera de un planeta. Es totalmente inesperado”.

Treinta grados en diez minutos. La explicación está en la mezcla de una atmósfera finísima como la de Marte y un volcán enorme. Al pasar el viento junto al Arsia Mons, la mole del volcán desata una onda potente que sube masas de aire húmedo varios kilómetros en sólo unos minutos. El aire se enfría de golpe (unos 30 grados en diez minutos, según el modelo), y la humedad relativa se dispara hasta niveles más de 100.000 veces superiores a los que vivimos a diario en la Tierra, condiciones que permiten que el vapor ya no necesite de nadie, por así decirlo.

Algo parecido dibuja en la Tierra las nubes lenticulares: el aire oscila al superar una montaña y, como explica el blog de la Agencia Estatal de Meteorología, la condensación crea nubes repartidas en las crestas de esas ondas de montaña. ¿Por qué aquí no vemos nubes que se forman de la nada? Porque nuestra atmósfera va tan cargada de partículas que el vapor se condensa sobre ellas mucho antes de llegar a sobresaturarse. En Marte, la presión es bajísima y el polvo nunca sube tan alto, mientras que la corriente ascendente de Arsia Mons empuja el aire hasta unos 45 kilómetros.

¿Por qué sólo en Arsia Mons? El Olympus Mons, el gran volcán marciano, es más alto y no tiene nubes así, lo que explica que cuando el equipo repitió las mismas simulaciones sobre otras cumbres de Marte, tampoco aparecieran. El modelo se alimentó con datos de los tres instrumentos de imagen de Mars Express (VMC, HRSC y OMEGA). La sonda europea fue clave porque, según la ESA, es de las pocas en órbita -junto con la ExoMars Trace Gas Orbiter-, capaces de observar Marte por la mañana, justo cuando la nube existe.

Eso sí, la propia ESA reconoce que el modelo no encaja al milímetro con todas las observaciones. Hernández-Bernal defiende que “el resultado es notable” al tiempo que añade que “no tenemos, ni de lejos, tanta información sobre la atmósfera de Marte como sobre la de la Tierra, así que reproducir la AMEC hasta este punto es un gran éxito para el modelo”. Por su parte, su colega de la la Universidad de Toronto, Jonathan Abbatt (aunque no haya participado en el trabajo) señala que “es intrigante que [los investigadores] parezcan haber encontrado condiciones (muy frías) en la atmósfera marciana en las que esto ocurre”. Algunos papers, como la versión gratuita en arXiv, hablaban de una nucleación “evidenciada” por la nube, pero el título publicado en la revista la deja en “sugerida”.

No obstante, este hallazgo no se queda en Marte. En el resumen del estudio, los autores recuerdan que la nucleación homogénea del hielo se había planteado en teoría para las nubes mesosféricas de la Tierra y de Venus (las de la mesosfera, por encima de la estratosfera), pero nunca se había observado en la naturaleza. Cabe resaltar que avisan de que su resultado pone en cuestión algunas suposiciones sobre cómo se forman ciertas nubes de nuestro propio planeta. Colin Wilson, científico del proyecto Mars Express, apunta todavía más lejos aseverando que “Aunque las nubes de la Tierra y de Marte parecen regirse por las mismas ‘reglas’, entender esta exótica nube marciana requirió una física exótica, y puede que eso también ocurra en otros lugares del cosmos”. Lo que sí está claro es que una nube que la Viking 2 ya había fotografiado hace unos cincuenta años, guardaba muchos secretos.

Foto | Xataka

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