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		<title>Magazine - steven-johnson</title>
		<link>http://www.xatakaciencia.com</link>
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Xatakaciencia es un weblog colectivo dedicado a la divulgación científica, la ecología y el cambio climático		</description>
		<pubDate>2012-02-14 03:26:49</pubDate>

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      <title><![CDATA[La Regla 10 y 10: siempre se tarda lo mismo en aceptar una nueva tecnología]]></title>
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      <pubDate>Sun, 12 Feb 2012 11:54:51 +0000</pubDate>

      <author>Sergio Parra</author>
      <description><![CDATA[
      <p><img class="centro" id="image11343" src="http://img.xatakaciencia.com/2012/02/17540-6432_minorityreport_600_super_super.jpg" class="centro" alt="17540-6432_minorityreport_600_super_super.jpg" />Pudiera parecer que todos nosotros estamos más habituados a lanzarnos masivamente a nuevas tecnologías, habituándonos a ellas y dejando que entren en nuestras vidas. Sin embargo,<strong> un análisis retrospectivo revela que eso es falso</strong>: si medimos cuánto tiempo tarda una tecnología, desde la idea original hasta que se adopta masivamente, descubrimos un patrón bastante estable.</p>

	<p>La llamada <strong>Regla 10 y 10</strong>: una década para construir la plataforma nueva, y otra década para que llegue al público general.</p>

	<p>Por ejemplo, la televisión de alta definición tardó tanto tiempo en cristalizar socialmente como lo hizo en su día la televisión en color frente al blanco y negro, cuarenta años antes. <br />
<!--more--></p>

	<p>El divulgador <strong>Steven Johnson</strong> propone diversos ejemplos que se ajustan a esta regla en su reciente libro <em>Las buenas ideas</em>:</p>

<blockquote>La tecnología estándar de la radio de amplitud modulada (lo que ahora llamamos AM) se desarrolló en la primera década del siglo. La primera emisora comercial de radio AM empezó a emitir en 1920; pero los aparatos de radio no conquistaron los hogares estadounidenses hasta finales de esa década. Sony empezó a investigar el primer videocasete dirigido a consumidores en 1969, pero las cajas con los primeros Betamax no salieron de la fábrica hasta siete años después, y el aparato de vídeo no llegó a convertirse en algo que había que tener hasta mediados de la década de 1980. El reproductor de <span class="caps">DVD</span>, por su parte, no reemplazó estadísticamente al vídeo hasta el año 2006, cuando ya llevaba nueve en el mercado. Los teléfonos móviles, los ordenadores personales, los <span class="caps">GPS</span>..., todos les llevó más o menos el mismo tiempo pasar de innovación a aparato de uso masivo.</blockquote>

	<p><img class="centro" id="image11344" src="http://img.xatakaciencia.com/2012/02/2009-07-minority-report-int3.jpg" class="centro" alt="2009-07-minority-report-int3.jpg" />Con todo, esta regla está dinamitándose gracias a Internet y a la velocidad que este sistema permite que las ideas circulen. Por ejemplo, <strong>fijémonos en la invención de Youtube</strong>. Un invento significativamente más innovador que la televisión de alta definición, pues permite hacer muchas más cosas, como publicar, compartir, puntuar, visionar vídeos, etc. La televisión en alta definición, en esencia, solo permitía una cosa nueva: ver más píxeles. Y, a pesar de ello, de todas las capas de innovación que Youtube se saltó de golpe, <strong>pasó al éxito de masas en menos de 2 años</strong>.</p>

<blockquote>Hubo algo en el entorno de internet que les permitió a Hurley, Chen y Karin poner en circulación por el mundo una buena idea con una velocidad impactante; la regla de los 10 y 10 se había convertido en la regla del 1 y 1.</blockquote>

	<p>Si queréis comprobar si la Regla 10 y 10 se ha mantenido en la innovación tecnológica hasta hace poco, no debéis perderos la <strong><a href="http://odisea.es/destacados/la-tecnologia-que-nos-rodea/">serie de documentales</a></strong> que estos días está emitiendo el <strong><a href="http://odisea.es/">Canal Odisea</a></strong>, en la que se introducen en las compañías de ingeniería y diseño más avanzadas del mundo, como <strong>Astrium</strong>, una empresa en la que trabajan más de 15.000 ingenieros las 24 horas del día desarrollando componentes de precisión para satélites (gracias a ellos disfrutamos del <span class="caps">ADSL</span>, la televisión de Alta Definición o las comunicaciones de telefonía móvil). La serie se titula <strong><a href="http://odisea.es/destacados/la-tecnologia-que-nos-rodea/">La tecnología que nos rodea</a></strong> (<em>How to Build</em>) y está producida por la <span class="caps">BBC</span>. El primer capítulo está centrado en <a href="http://odisea.es/programa/0000532695_1/?la-tecnologia-que-nos-rodea-satelites">Satélites</a>, el segundo en <a href="http://odisea.es/programa/0000532696_2/?la-tecnologia-que-nos-rodea-automoviles">automóviles</a> y el tercero en <a href="http://odisea.es/programa/0000532697_3/?la-tecnologia-que-nos-rodea-aviones">aviones</a>.  </p>      ]]></description>
      </item>
                    <item>
      <title><![CDATA[[Libros que nos inspiran] ‘La mente de par en par’ de Steven Johnson]]></title>
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      <pubDate>Sun, 26 Jun 2011 09:37:52 +0000</pubDate>

      <author>Sergio Parra</author>
      <description><![CDATA[
      <p><img class="derecha" id="image8915" src="http://img.xatakaciencia.com/2011/06/fm8893.jpg" class="centro" alt="fm8893.jpg" />El heterodoxo <strong>Steven Johnson</strong> es uno de mis divulgadores preferidos, y no sólo porque me hizo reflexionar un día sobre la idea de que la cultura de masas cada vez nos hace más inteligentes. Sino también por libros como el que nos ocupa, <strong>La mente de par en par</strong>. Un repaso al cerebro humano que nos ha inspirado para escribir artículos tan sustanciosos como:</p>

	<p><a href="http://www.xatakaciencia.com/biologia/nuestro-cerebro-esta-siempre-drogado-como-sacarle-partido-i">Nuestro cerebro está siempre drogado: ¿cómo sacarle partido? (I)</a> y <a href="http://www.xatakaciencia.com/biologia/nuestro-cerebro-esta-siempre-drogado-como-sacarle-partido-y-ii">(y II)</a>, <a href="http://www.xatakaciencia.com/psicologia/tira-los-dados-dodecaedros-de-tu-personalidad-el-neuroperfil-i">Tira los dados dodecaedros de tu personalidad: el neuroperfil (I)</a> y <a href="http://www.xatakaciencia.com/psicologia/tira-los-dados-dodecaedros-de-tu-personalidad-el-neuroperfil-y-ii">(y II)</a> o <a href="http://www.xatakaciencia.com/biologia/la-imposibilidad-temporal-de-explicar-la-conciencia">La imposibilidad (temporal) de explicar la conciencia</a>.</p>

	<p>Las <strong>nuevas tecnologías para cartografiar el cerebro</strong> en tiempo real están permitiendo, por ejemplo, que sepamos qué regiones de nuestra geografía cerebral se activan cuando llevamos a cabo diferentes tareas, como reconocer el rostro de un ser querido, planificar una lista de la compra o simplemente hilvanando una frase.</p>

	<p><strong>Un cerebro es como una huella dactilar</strong>: cada cual posee una topografía única. Una mayor comprensión de nuestras sinapsis, neurotransmisores y ondas cerebrales, de los distintos patrones químicos y eléctricos, pues, no sólo abrirá de par en par nuestro cráneo sino que nos identificará con más definición. Nos dirá cómo somos respecto a los demás.</p>

	<p>Nos dirá por qué sentimos miedo y de qué. Qué es lo que provoca un chiste a nivel neuroquímico. Cómo podemos mejorar nuestra atención. Qué significa amar. De dónde surgen nuestras aptitudes, estados de ánimo, emociones y multitud de comportamientos. <strong>Steven Johnson,</strong> pues, se convierte así en un cicerone mucho más instruido (y con una mejor brújula) que los que proporcionan la psicoterapia, la meditación o las drogas.<br />
<!--more--></p>

	<p>Al penetrar en ese apiñamiento de células nerviosas por las que cruza un microvoltio de electricidad, como si viajáramos a tierras remotas, aparecen enseguida infinidad de palabras en latín y conceptos de neurociencia realmente densos que precisan de un adiestramiento previo. Consciente de ello, Johnson coge de la mano al lector profano y evita que su libro se parezca a un cursillo intensivo de anatomía: <strong>para eso existen manuales académicos estupendos</strong>.</p>

	<p>Además, Johnson se somete personalmente a toda clase de experimentos, entrevista a neurólogos y especialistas del cerebro, se implica, se ríe de sí mismo y, por el camino, sin darnos apenas cuenta, se convierte en uno de nuestros mejores colegas.</p>

	<p>Editorial Turner<br />
Colección Noema<br />
248 págs.<br />
ISBN: 978-84-7506-749-0</p>      ]]></description>
      </item>
                    <item>
      <title><![CDATA[[Libros que nos inspiran] 'Cultura basura, cerebros privilegiados' de Steven Johnson]]></title>
      <link>http://www.xatakaciencia.com/libros-que-nos-inspiran/libros-que-nos-inspiran-cultura-basura-cerebros-privilegiados-de-steven-johnson</link>
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      <pubDate>Thu, 16 Jun 2011 14:25:16 +0000</pubDate>

      <author>Sergio Parra</author>
      <description><![CDATA[
      <p><img class="derecha" src="http://img.xatakaciencia.com/2011/06/_visd_0001jpg00j36.jpg" alt="" /><strong>Cultura basura, cerebros privilegiados</strong> del divulgador científico <strong>Steven Johnson</strong> tiene un planteamiento tan subversivo y brillante que, independientemente de si estáis de acuerdo con él o no, seguro que os hará pensar y replantearos muchas cosas. Conmigo lo consiguió.</p>

	<p>La tesis principal de Johnson parte de lo que él llama “la curva del dormilón”, que asume que <strong>la cultura de masas está aumentando de complejidad progresivamente</strong> a causa de tres factores interrelacionados: los apetitos naturales del cerebro, el sistema económico de la industria cultural y las plataformas tecnológicas en evolución. </p>

	<p>Así que, además, este es un ensayo científico dirigido a todas aquellas mentes esquemáticas que han acogido con servidumbre una serie de dogmas sobre la cultura y cómo ésta se adquiere y, sobre todo, <strong>está dirigido a los padres que censuran que sus hijos se dediquen cada vez más horas a los videojuegos, la televisión, los juegos de rol o Internet</strong>. Cuando menos, tras su lectura, muchos de los lectores de este libro harán un serio examen de sus creencias más arraigadas. </p>

	<p>La idea de que la televisión es una caja tonta es un tópico que Johson, recurriendo a la neurociencia, derriba con tanta facilidad que uno se pregunta cómo no había llegado jamás a sus conclusiones. <strong>Los cerebros, sobre todo los infantiles, están construidos para ser constantes adictos a la información y la resolución de problemas</strong>. No existen los cerebros vagos o que tienden a la vaguedad, salvo excepciones. Si una televisión, pues, concita hasta tal extremo la atención de los niños, por ejemplo, no es porque la televisión los convierta en zombies o porque los niños se sientan más a gusto desconectando sus cerebros. La televisión es un estimulante cognitivo, y el telespectador está epistémicamente hambriento.</p>

	<p><!--more--></p>

	<p>Los niños son absorbidos por la televisión porque <strong>ese aparato constituye la mayor fuente de información, actividad y complejidad que hay en toda la casa</strong>. (No se defiende aquí que la tele sea igual de positiva que un libro, sino que ejercita áreas cerebrales que a las que el libro no alcanza y viceversa: no hay que dejar de leer libros o de resolver problemas matemáticos, pero tampoco hay que dejar de ver la televisión sencillamente porque creamos que es nociva con independencia de sus contenidos).</p>

	<p><strong>Unos argumentos similares son empleados para defender los videojuegos</strong>: Un juego de rol como <strong>Dragones y mazmorras</strong> construye elaborados relatos fantásticos surgidos a partir de la tirada de un dado poliédrico de 20 caras y de la consulta de unas tablas complejísimas que recogen un increíble número de variables; los tres manuales principales para jugar tienen más de 500 páginas con centenares de tablas que los jugadores consultan como si leyeran la Biblia. Todo ello, es evidente, estimula cognitivamente el cerebro de tal modo que sus efectos no pueden pasarse por alto. </p>

	<p><strong>Esta curva intelectual ascendente nos obliga a repensar la idea que todos tenemos acerca de la cultura de masas</strong> y a borrar esos escenarios postapocalípticos que nos ofrecían obras como Un mundo feliz, en el que grandes corporaciones mediáticas suministran paraísos artificiales exclusivamente para sacar un beneficio económico y sin preocuparse del desarrollo mental de sus consumidores.</p>

	<p>En efecto, <strong>las corporaciones mediáticas no buscan estimular el cerebro de nadie</strong>, pero por una serie de motivos que Jonhson plantea con indiscutible brillantez, no pueden evitarlo: la única manera, por ejemplo, de que en un mundo en el que los beneficios de una película se obtienen de la venta de <span class="caps">DVD</span> o de las retransmisiones en la televisión, las producciones deben ofrecer mayor complejidad para que soporten el nuevo visionado una y otra vez, o para que se conviertan en fetiches que la gente desea poseer.</p>

	<p>Os lo garantizo: todas las objeciones que podáis plantear a las teorías de Jonhson están replicadas con maestría en este libro (se percibe a la legua que ha chequeado sus ideas con toda clase de personas que no creían en ellas). <strong>Así que dadle una oportunidad</strong>. Yo se la di, y por eso me inspiró para escribir artículos como: <a href="http://www.xatakaciencia.com/psicologia/la-telebasura-tambien-es-intelectualmente-estimulante">La telebasura también es intelectualmente estimulante</a> o <a href="http://www.xatakaciencia.com/psicologia/restart-internet-addiction-recovery-program-empaparse-de-realidad">reStart Internet Addiction Recovery Program: empaparse de realidad</a>.</p>      ]]></description>
      </item>
                    <item>
      <title><![CDATA[reStart Internet Addiction Recovery Program: empaparse de realidad]]></title>
      <link>http://www.xatakaciencia.com/psicologia/restart-internet-addiction-recovery-program-empaparse-de-realidad</link>
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      <pubDate>Mon, 23 Aug 2010 09:11:56 +0000</pubDate>

      <author>Sergio Parra</author>
      <description><![CDATA[
      <p><img class="centro" src="http://img.xatakaciencia.com/2010/08/simcity1.jpg" alt="" />En su libro <em>Everything bad is good for you</em> (Todo lo malo es bueno para ti), el divulgador científico <strong>Steven Johnson</strong>, describe la fascinación que le producen los mundos virtuales, cada vez más semejantes al mundo real, a través de los ojos de su sobrino de 7 años. </p>

	<p>Tras introducirlo en el videojuego <em>SimCity 2000</em>, un simulador de ciudades virtuales que permite sacar el planificador urbano que llevas dentro, Johnson descubre asombrado cómo su sobrino enseguida se hace con las reglas y la lógica interna del juego y, al cabo de una hora, contempló <strong>cómo reactivaba un distrito manufacturero que había caído en la decadencia</strong>. </p>

	<p><!--more--></p>

	<p>Su sobrino le dijo con naturalidad y aplomo que creía que debería bajar la tasa de impuestos industriales, ya introducido de pleno en este nuevo universo inexplorado en el que tienes la libertad de construir el tipo de comunidad de quieras: pequeños pueblos agrícolas, ciudades industriales o barriadas orientadas a peatones. Sin forzar al usuario a seguir una línea narrativa establecida, SimCity te permite construir prácticamente cualquier tipo de entorno.   </p>

	<p>Los lugares virtuales, pues, <strong>conforman una nueva geografía que permanece invisible para nuestros sentidos directos</strong>. Pero que sólo sea detectable mediante intermediarios electrónicos no significa que esta geografía esté tan desvinculada de la realidad como para no afectarla con su simple existencia. </p>

	<p>Los lugares virtuales comparten tantos aspectos con los lugares reales que incluso pueden ser nocivos para el medio ambiente. Creeréis que una chimenea de píxeles que aparezca en el monitor de vuestro ordenador no contamina el medio ambiente tal y como lo hace la chimenea real de una factoría real funcionando a todo trapo. O que leer un libro en un dispositivo electrónico no puede generar contaminación tal y como lo hace un libro físico que huele a moho. Pero no es del todo cierto. <strong>Los bits también enrarecen la atmósfera, a su modo</strong>.</p>

	<p>Una persona influye en la ecología. Pero una persona virtual, una maraña de bits, como son los avatares del mundo paralelo de <em>Second Life</em>, consume tanta electricidad como el ciudadano brasileño medio, según el artículo de <strong>Tyler Pace</strong> <em>Digital life identity crisis: tales of security and sustainability</em>.</p>

	<p>Sin embargo, aquellos de vosotros que consideréis que el mundo virtual no es bajo ningún concepto real y teméis ser succionados algún día por él (o, en otras palabras, hubiérais escogido la pastilla azul en vez de la roja en Matrix), estáis de enhorabuena. En Seattle, Estados Unidos, ha abierto sus puertas <strong>la primera clínica para ciberadictos a Internet y a las nuevas tecnologías</strong>. </p>

	<p>Cualquiera que desee desengancharse de <em>WoW</em> o de cualquier otro universo virtual no tiene más que reunir 14.500 dólares e ingresar durante 45 días en esta vieja casa de campo real rodeada de naturaleza real para someterse a una sencilla terapia: jugar en el mundo real. Es la filosofía del <strong>reStart Internet Addiction Recovery Program</strong>: empaparse de realidad, dar paseos por el campo, charlar con los compañeros y dedicarse a la resolución de juegos offline de habilidad mental. </p>

	<p>Una vez de vuelta a tu casa real, los responsables del centro te instalan en tu PC una serie de programas de vigilancia para mantenerte a raya. Así las tentaciones de volver a enarbolar una espada en las llanuras de Azeroth se volverán más controlables.   </p>

	<p>Vía | <em>Everything bad is good for you</em> de Steven Johnson</p>      ]]></description>
      </item>
                    <item>
      <title><![CDATA[La asombrosa inteligencia del moho del fango]]></title>
      <link>http://www.xatakaciencia.com/biologia/la-asombrosa-inteligencia-del-moho-del-fango</link>
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      <pubDate>Thu, 10 Dec 2009 13:56:31 +0000</pubDate>

      <author>Sergio Parra</author>
      <description><![CDATA[
      <p><img class="centro" src="http://img.xatakaciencia.com/2009/12/dev.jpg" alt="" />Hoy vamos a hablar de inteligencia. Pero de la <strong>inteligencia emergente</strong>. También vamos a hablar del moho, el que estamos acostumbrados a ver en algún confín rural o suburbano del mundo. En la parte húmeda y por lo general fresca de un bosque en un día seco y soleado. En el abono del jardín, donde detectaremos una sustancia viscosa que recubre la superficie de un trozo de corteza en descomposición, por ejemplo. Es una masa de color anaranjado rojizo.</p>

	<p>Es el <strong>moho del fango</strong> (<em>Dictyostelium discoideum</em>) es un organismo ameboideo que en agosto de 2000 fue entrenado por un científico japonés llamado <strong>Toshiyuki Nakagaki</strong> para encontrar el camino de salida más corta de un laberinto.</p>

	<p>Pero ¿cómo se puede entrenar el moho del fango, en apariencia una masa sin nada parecido a inteligencia elevada, para subsanar un problema que quizá muchos de nosotros no seríamos capaces de resolver? La respuesta es la inteligencia emergente, la misma que <strong>guía a las colonias de hormigas o al crecimiento de las ciudades</strong>. </p>

	<p><!--more--></p>

	<p>Lo que hizo Nakagaki fue colocar el moho en un pequeño laberinto que tenía cuatro posibles salidas, situando alimento sólo en dos de ellas. El moho del fango es un organismo muy primitivo, pariente cercano de los hongos comunes, sin sistema cerebral central. Pero consiguió dar con una ingeniosa solución para recorrer el camino óptimo a fin de conseguir su alimento.</p>

	<p>El moho adelgazó su cuerpo a través del laberinto de manera que <strong>pudo interconectar directamente</strong> las dos fuentes de alimento.</p>

	<p>Según los científicos que tratan de entender los sistemas que usan componentes relativamente simples para construir inteligencia superior, el moho del fango llegará a ser considerado el equivalente de los pinzones y las tortugas que Darwin observó en las islas Galápagos.</p>

	<p>Así pues, al pensar en esta masa aparentemente inteligente uno no puede sacarse de la cabeza el mítico <em>blandiblub</em>. Y es que, aunque parezca paralizada en el tiempo, si observamos este moho durante varios días, descubriremos que se desplaza muy lentamente por el suelo. <strong>A una velocidad que resultaría insoportablemente lenta para un caracol</strong>. </p>

	<p>Si las condiciones climáticas cambian y el tiempo se vuelve más húmedo y frío, entonces el moho puede haberse esfumado del lugar donde lo dejamos. ¿Qué ha pasado con él? El misterio es más importante de lo que parece. Según <strong>Steven Johnson</strong>:</p>

<blockquote>Es verdad, el comportamiento del moho del fango es tan extraño que para comprenderlo fue necesario pensar más allá de los límites de las disciplinas tradicionales; de ahí el por qué se necesitaron los instintos de una doctora en Biología Molecular y de un doctor en Física para desvelar el enigma del moho del fango. Porque no hay tal desaparición en el suelo del jardín. El moho del fango pasa buena parte de su vida como miles de organismos unicelulares distintos; cada uno se mueve independientemente de sus otros compañeros. Bajo las condiciones adecuadas se producirá la coalescencia de esas miríadas de células en un solo organismo mayor que comienza a reptar pausadamente por el suelo del jardín consumiendo a su paso hojas y cortezas en descomposición.</blockquote>

	<p>Cuando el entorno es menos favorable, el moho del fango se comporta como un organismo aislado; cuando el tiempo es más frío y el moho dispone de una cantidad de alimento mayor, “él” se transforma en “ellos”. </p>

	<p>Es decir, el moho del fango oscila entre <strong>ser una criatura única y una colonia</strong>. Por esa razón, ha atraído la atención de disciplinas tan dispares entre sí como la embriología, las matemáticas o las ciencias informáticas. Porque ofrece un ejemplo fascinante del comportamiento de un grupo coordinado del que brota inteligencia emergente de alto nivel. De algún modo, <strong>es lo que ocurre con las células de nuestro cuerpo</strong>:</p>

<blockquote>Si lográsemos descifrar cómo se las arregla el Dictyostelium, quizás encontraríamos también las claves de nuestra desconcertante unidad.</blockquote>

   

	<p>Vía | <em>Sistemas emergentes</em> de Steven Johnson</p>      ]]></description>
      </item>
                    <item>
      <title><![CDATA[La risa nació como herramienta para sobrevivir en nuestra infancia]]></title>
      <link>http://www.xatakaciencia.com/psicologia/la-risa-nacio-como-herramienta-para-sobrevivir-en-nuestra-infancia</link>
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      <pubDate>Sun, 15 Nov 2009 14:02:33 +0000</pubDate>

      <author>Sergio Parra</author>
      <description><![CDATA[
      <p><img class="centro" src="http://img.xatakaciencia.com/2009/11/galeria-01-querisa.jpg" alt="" /><strong>La risa es un misterio</strong>. ¿Para qué sirve? ¿Por qué se produce? ¿Qué ventajas evolutivas tuvo para perpetuarse hasta nuestros días? La risa es algo extraño, poco frecuente en otros mamíferos. Un extraterrestre que nos observara no daría crédito a nuestro gasto aparentemente inútil de energía: un jadeo rápido puntuado por oclusiones glóticas, <em>ja-ja- ja</em>. </p>

	<p>Sin embargo la risa nos acompaña siempre, sobre todo cuando estamos rodeados de otras personas. La risa nos hace sentir bien. La risa, incluso, se enlata y se reproduce una y otra vez para dar empaque a las comedias de la televisión: la primera vez fue en 1950 acompañando a <em>The Hank McCune Show</em>. La risa es omnipresente y tiene un gran poder, además de ser contagiosa, pero ignoramos todavía mucho sobre sus fundamentos neurológicos.</p>

	<p>Un estudio reciente indica que la risa desencadena la actividad en el <em>nucleus accumbens</em>, la misma región implicada en los circuitos del amor. </p>

	<p>Otros estudios clínicos sugieren que la risa nos hace más saludables al reprimir las hormonas del estrés e incrementar los <strong>anticuerpos del sistema inmunológico S-IgA</strong>. Esta conclusión resulta, cuando menos, inquietante: <strong>¿Por qué la selección natural favorecería a aquéllos cuyo sistema inmune reaccionara frente a los chistes?</strong></p>

	<p><!--more--></p>

	<p>Tal vez el misterio resida en la idea errónea de que la risa se produce gracias a una frase graciosa, un chascarrillo o una broma. La risa, en realidad, <strong>responde a las relaciones sociales</strong>. La risa es una forma de decir al otro: te entiendo, estamos en sintonía. Por eso reímos con más frecuencia cuando hay gente alrededor y los demás ríen y no cuando estamos solos. (Por eso las risas enlatadas funcionan en las comedias de la tele).</p>

	<p>Reímos fundamentalmente porque <strong>la risa es una especie de lubricante emocional que une a los padres con sus hijos </strong>durante los años más vulnerables del desarrollo. Los padres conectan más rápidamente con sus hijos cuando éstos se ríen. Y los hijos reirán con una frecuencia mucho mayor que cualquier adulto. El juego de hacer cosquillas al bebé, por ejemplo, es una constante en todas las culturas. Y el niño puede reír, incluso, ante la perspectiva de cosquillas.</p>

	<p>Así se fortalecen los lazos afectivos. Lazos imprescindibles para sobrevivir. Como dice el profesor de la Universidad de Bowling Green <strong>Jack Panksepp</strong>, “la mayor cantidad de risa humana parece producirse en la primera infancia: el juego brusco, pillarse y todo lo que les gusta.”</p>

	<p><strong>Roger Fouts</strong> agrega: “La razón por la cual las cosquillas y la risa son tan importantes es por su papel decisivo en la conservación de los lazos de afinidad de la amistad en el seno de la familia y de la comunidad.”</p>

	<p><strong>Steven Johnson</strong> lo explica así:</p>

<blockquote>Cuando incorporamos un mecanismo de vinculación afectiva en el cerebro de un niño pequeño, los impulsos acompañantes no desaparecen necesariamente en la edad adulta ni cuando deja de haber niños a la vista. Así, las dificultades de educar a los pequeños crearon la capacidad (y el profundo placer) de reír, y una vez se instaló esa capacidad, nos encontramos con otras de sus aplicaciones. Cuando nos reímos en una película de Charlot, tenemos que agradecérselo a la infancia. No a nuestra infancia individual en sentido freudiano, sino a la infancia propiamente dicha y a sus retos únicos y exclusivos.</blockquote>

	<p>Por su parte, <strong>Robert Provine</strong> continúa opinando que jugar es lo que hacen los mamíferos jóvenes, y entre los humanos y los chimpancés la risa es la manera que tiene el cerebro de expresar el placer de ese juego. </p>

<blockquote>Puesto que la risa parecer se un jadeo ritualizado, lo que hacemos básicamente al reír es reproducir el sonido del juego brusco.</blockquote>

	<p>Así pues, la risa evolucionó como una manera de crear vínculos entre padres e hijos, unos vínculos que se alargarán hasta a la vida social de la edad adulta. Un rasgo evolutivo que, más tarde, los cómicos han tomado prestado y han explotado para ganarse la vida.</p>      ]]></description>
      </item>
                    <item>
      <title><![CDATA[Nuestro cerebro está siempre drogado: ¿cómo sacarle partido? (y II)]]></title>
      <link>http://www.xatakaciencia.com/biologia/nuestro-cerebro-esta-siempre-drogado-como-sacarle-partido-y-ii</link>
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      <pubDate>Tue, 10 Nov 2009 22:07:34 +0000</pubDate>

      <author>Sergio Parra</author>
      <description><![CDATA[
      <p><img class="centro" src="http://img.xatakaciencia.com/2009/11/spilled20drugs.jpg" alt="" />La mejor forma de comprender <strong>cómo mejoraría nuestra vida al conocer y hasta anticipar la secreción de sustancias químicas específicas en nuestro cerebro</strong> es mediante el siguiente ejemplo.</p>

	<p>Imaginad que decidimos tomar un secante de <span class="caps">LSD</span> y, poco después, notamos la esperable confusión sensorial, colores derramándose, ataques de lucidez y de miedo, etc.</p>

	<p>Imaginad que, otro día, esa misma dosis de ácido es ingerida por vuestro cuerpo sin que tengáis conocimiento de ello. Por ejemplo, alguien la ha diluido inadvertidamente en vuestra bebida. Y de repente, sin motivo aparente, vuestro mundo se transforma en un carrusel de alucinaciones, tal y como le sucedió a <strong>Albert Hoffman</strong> cuando sintetizó sin saberlo el <span class="caps">LSD</span>, convirtiendo su regreso a casa en bicicleta en un paseo de pesadilla.</p>

	<p><!--more--></p>

	<p>Como nosotros no somos Hoffman, en ambas situaciones habríamos sido modificados neuroquímicamente por la misma droga, sí, pero en el segundo escenario no controlaríamos nada, ignoraríamos qué nos pasa y la razón de ello, y lo que pudiera haber sido una experiencia recreativa estimulante o iluminadora se ha convertido en una experiencia probablemente más desagradable.</p>

	<p>Habla <strong>Steven Jonson</strong> en <em>La mente de par en par</em>:</p>

<blockquote>La diferencia entre dos situaciones entre estas dos situaciones es simplemente la siguiente: la droga no cambia, pero nuestro conciencia de la droga y de sus efectos, sí. Saber que unas setas alucinógenas son capaces de transformar una alfombra oriental en un nido lleno de serpientes hace más fácil disfrutar de las serpientes y reconocer su naturaleza ilusoria. No podemos obligar a nuestro cerebro a que deje de alucinar; pero sí podemos consolarnos con el pensamiento de que la alucinación es un efecto normal de la droga que hemos tomado. Y este consuelo cambiará sin duda nuestra conducta de manera profunda: en vez de salir corriendo de nuestra casa entre gritos de “¡Serpientes!, ¡Serpientes!”, o de acudir en busca de ayuda a un centro de salud mental, nos sentaremos tranquilamente y nos reiremos. Comprender toda la gama de efectos de una droga cambia la experiencia de tomarla.</blockquote>

	<p>Lo mismo puede aplicarse a las drogas endógenas. Cuando la oxitocina provoca esa tranquilidad y ese estado casi ausente en una madre que hace poco que ha parido, por ejemplo. O cuando somos invadidos por la adrenalina al recordar un acontecimiento traumático. Imaginad, en este último caso, que, presos de la ansiedad, nos sentamos y nos decimos: <em>no pasa nada, sólo son las hormo</em>nas. La sensación no desaparecerá, claro, pero <strong>sus efectos serán mucho menos paralizadores</strong>.</p>

	<p>Tener en cuenta a nuestras drogas endógenas naturales puede contribuir también a que descubramos nuevas categorías psicológicas, como si de repente escucháramos <strong>el bajo que suena en una banda de música</strong>, que hasta entonces nos había pasado inadvertido entre todos los instrumentos musicales.</p>

	<p>Johnson pone el ejemplo de que al estar triste también se sentía torpe, sin ideas, lo cual alimentaba más su tristeza, hasta que descubrió unos estudios neuroanatómicos de Antonio Damasio que demostraban que la tristeza precisamente paralizaba la región del cerebro encargada de producir nuevas ideas y la viveza mental en general: la corteza prefrontal.</p>

	<p>Al conocer esto, Johnson se seguía sintiendo triste cuando estaba triste, pero ya había dejado de sentir que, además, perdía confianza en sus cualidades intelectuales (lo que antes agravaba su tristeza). </p>

<blockquote>En vez de preguntarme si he perdido la agilidad mental que tenía antes, simplemente espero a que pase todo. Sólo tengo indicios esporádicos de esta conclusión, pero siento que mis crisis de tristeza se han vuelto más breves con este nuevo descubrimiento, pues el ciclo de la duda ha desaparecido.</blockquote>

 
Vía | <em>La mente de par en par</em> de Steven Johnson      ]]></description>
      </item>
                    <item>
      <title><![CDATA[¿Cada vez somos más inteligentes? El Efecto Flynn (y III)]]></title>
      <link>http://www.xatakaciencia.com/psicologia/cada-vez-somos-mas-inteligentes-el-efecto-flynn-y-iii</link>
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      <pubDate>Mon, 05 Oct 2009 02:25:12 +0000</pubDate>

      <author>Sergio Parra</author>
      <description><![CDATA[
      <p><img class="centro" src="http://img.xatakaciencia.com/2009/10/vigilancia_tecnologica_inteligencia_competitiva.jpg" alt="" />Así pues, si cada vez tenemos un CI más alto y las razones que se pueden aportar no tienen que ver con la alimentación ni con las aulas, ¿de dónde procede este incremento cognitivo tan apreciable? <strong>Steven Johson</strong>, en su libro <em>The bad is good for you</em> propone una rompedora hipótesis: la razón estriba en un cambio sustancial de nuestra dieta “mental”.</p>

	<p>Johnson lo plantea así:</p>

<blockquote><p>Pensad en el esfuerzo cognitivo y lúdico que debía hacer fuera de la escuela cualquiera niño de diez años de hace un siglo: leía los libros que tenía al abasto, jugaba con juguetes o a pelota con los amigos del vecindario. Pero la mayor parte del tiempo se lo pasaba ayudando a las faenas de la casa o haciendo de mano de obra infantil. Comparad eso con el nivel de dominio tecnológico y cultural de un niño de diez años de hoy en día. Ahora sigue la marcha de un puñado de equipos de deporte profesional, alterna como si nada la mensajería instantánea con el correo electrónico para poder comunicarse con sus amigos, y también se sumerge en inmensos mundos virtuales adoptando nuevas tecnologías multimedia y resolviendo los problemas con toda la naturalidad del mundo. Gracias al aumento del nivel de vida, estos niños también tienen más tiempo libre que el de hace tres generaciones. Las aulas pueden que estén llenas desde hace años, pero los niños de ahora son puestos a prueba constantemente por nuevos medios audiovisuales y tecnológicos que les inducen a adquirir estrategias más avanzadas para afrontar la resolución de problemas. Casi todas las familias con niños pequeños hacen broma explicando cómo el hijo pequeño sabe programar el video mientras que el papá y la mamá, con todos sus títulos universitarios, apenas saben programar el despertador.</p></blockquote>

	<p><!--more--></p>

	<p>A juicio de Johson, los padres parecen tomarse con ligereza estas habilidades, como si sólo fueran conocimientos técnicos superficiales. Pero la capacidad para asimilar un sistema complejo y aprender las reglas sobre la marcha es un talento que resulta muy útil en el mundo real. Como sucede al aprender a jugar al ajedrez: la habilidad en sí no es tan importante como los principios generales que hay detrás. </p>

	<p>En palabras del psicólogo social <strong>Carmi Schooler</strong>, el efecto Flynn refleja claramente que <strong>el entorno se está volviendo cada vez más complejo</strong>. Hasta el punto de que este entorno acaba recompensando el esfuerzo cognitivo. En este entorno, los individuos deberían estar motivados para desarrollar su capacidad intelectual y extrapolar los procesos cognitivos resultantes a otras situaciones. </p>

	<p>La complejidad ambiental se debe a muchos motivos, pero según Johnson uno de los motivos principales es <strong>la aparición de los medios de masas</strong>, de acceso universal y barato, y también de densidad narrativa y complejidad psicoemocional crecientes: los videojuegos, la televisión, Internet, el cine y otras formas de entretenimiento interactivo que te obligan a tomar decisiones en todo momento. </p>

	<p>Aunque suena tentador impugnar esta aseveración, por ejemplo aduciendo que una causa importante de este aumento de complejidad puede deberse a los entornos urbanos, más densos que los entornos rurales, lo cierto es que el argumento de Johnson tiene mucho sostén: La mayor parte del mundo industrializado sufrió esta migración antes de la Segunda Guerra Mundial, y la principal <strong>migración del periodo de la posguerra se produjo de las ciudades hacia su extrarradio</strong>. </p>

	<p>Por supuesto, la conexión entre el efecto Flynn y los medios de comunicación de masas es sólo una hipótesis. Pero existen tantas concordancias que la apoyan, como bien enumera Johnson en sus páginas, que pocas son las alternativas para explicar un fenómeno evidente: que el coco cada vez nos funciona mejor para afrontar determinada clase de desafíos intelectuales.</p>

	<p>De nuevo, Johson remata:</p>

<blockquote><p>El efecto Flynn es más pronunciado en los tests que evalúan lo que los psicométricos llaman g, el índice que da la medida más aproximada de lo que se denomina “inteligencia fluida”. Los tests que miden el índice g a menudo prescinden de palabras y números que son reemplazados por preguntas que sólo se valen de imágenes y que evalúan la habilidad del sujeto para reconocer patrones y completar secuencias de formas y objetos. (…) Si observas los tests de inteligencia que evalúan aptitudes influenciadas por el currículum escolar (el test de vocabulario de Wechsler o los tests de aritmética, por ejemplo), pierdes de vista el incremento espectacular del nivel de inteligencia; los resultados de los exámenes de selectividad han fluctuado de manera errática a lo largo de las últimas décadas. Pero si te fijas exclusivamente en la resolución de problemas no mediatizados por el currículum escolar y en la capacidad para reconocer patrones, la tendencia vuelve a hacerse visible. </p></blockquote>

	<p>Vía | <em>Everything Bad Is Good for You</em>, de Steven Johnson </p>      ]]></description>
      </item>
                    <item>
      <title><![CDATA[¿Cada vez somos más inteligentes? El Efecto Flynn (II)]]></title>
      <link>http://www.xatakaciencia.com/psicologia/cada-vez-somos-mas-inteligentes-el-efecto-flynn-ii</link>
      <guid>http://www.xatakaciencia.com/psicologia/cada-vez-somos-mas-inteligentes-el-efecto-flynn-ii</guid>
      <pubDate>Sun, 04 Oct 2009 16:52:42 +0000</pubDate>

      <author>Sergio Parra</author>
      <description><![CDATA[
      <p><img class="centro" src="http://img.xatakaciencia.com/2009/10/208486pvisual_inteligencia_emocional.jpg" alt="" />Asumiendo que el CI sólo mide un tipo muy concreto de inteligencia, estos datos ponían de manifiesto que la genética no era suficiente para explicar este aumento de inteligencia. El efecto Flynn, pues, también es una prueba de peso que demuestra que <strong>el CI está profundamente afectado por el entorno</strong>. </p>

	<p>Así pues, si es el entorno el responsable de que la inteligencia de los diferentes grupos sociales aumenta cada vez más, ¿qué factor ambiental o conjunto de ellos ha originado esta escalada que se da en los modos específicos de inteligencia medida por el CI: resolución de problemas, razonamiento abstracto, reconocimiento de patrones, lógica espacial? </p>

	<p>A pesar de que existan objeciones al CI, psicólogos, sociólogos y otros expertos en psicometría ya no cuestionan que el efecto Flynn es real. En la mayoría de países del mundo el CI ha aumentado una media de <strong>3 puntos por cada 10 años</strong>. Más aún: este aumento cada vez gana más velocidad. La media de los Países Bajos, por ejemplo, se incrementó 8 puntos entre 1972 y 1982. </p>

	<p>Imaginaos las implicaciones de estos pequeños incrementos: si una persona que en 1920 era considerada muy inteligente según su CI pudiera viajar en una máquina del tiempo hasta el año 2000 y se volviera a presentar a un test de CI… <strong>sería considerada inmediatamente como una persona mediocre</strong>. </p>

	<p>Los inteligentes de antes ahora son unos obtusos (siempre, insisto, desde el punto de vista de lo que miden los tests de CI).</p>

	<p><!--more--></p>

	<p>Las razones sobre estos cambios tan espectaculares no son claras. Por ejemplo, podría ser que <strong>cada vez estuviéramos más habituados a los tests de inteligencia</strong> (y no digamos ahora, cuando incluso existen videojuegos que plantean este tipo de problemas como pasatiempo). Sin embargo, Flynn ya señaló que esto no está tan claro: aunque se repitiera el mismo test de inteligencia una y otra vez, los posibles beneficios que reportarían a la persona no superan los 5 o 6 puntos. </p>

	<p>Tampoco es probable que el efecto Flynn sea consecuencia de <strong>una mejor alimentación</strong>. La altura que tenemos en la edad adulta depende mucho de la dieta que hemos tenido en los primeros años de nuestra vida. Pero esta tendencia a ser cada vez más altos, iniciada en el mundo industrializado durante la mayor parte de los últimos dos siglos, se ha ido estancando en las décadas posteriores a la Segunda Guerra Mundial. No obstante, <strong>el periodo de la posguerra presenta el pico más pronunciado de incremento de CI</strong>.</p>

	<p>El aumento de inteligencia, pues, <strong>no avanza paralelo al aumento de estatura</strong>. También deberían darse mejoras en el funcionamiento mental en general, y no sólo en el ámbito de la resolución de problemas de lógica de los tests de CI. Por ejemplo, en lo que se refiere a conocimientos de historia o competencia matemática, los estudiantes de los <span class="caps">EEUU</span> se han quedado estancados o han ido empeorando durante la mayor parte de los últimos 40 años. </p>

	<p>Este hecho también echa por tierra la justificación de que es la mejora en la educación lo que podría explicar el efecto Flynn. Los resultados de los estudiantes son cada vez más pobres pero sus puntuaciones a la hora de resolver estrictos problemas de lógica y abstracción son cada vez más excelentes. </p>

	<p>Vía | <em>Everything Bad Is Good for You</em>, de Steven Johnson</p>      ]]></description>
      </item>
                    <item>
      <title><![CDATA[¿Cada vez somos más inteligentes? El Efecto Flynn (I)]]></title>
      <link>http://www.xatakaciencia.com/psicologia/cada-vez-somos-mas-inteligentes-el-efecto-flynn-i</link>
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      <pubDate>Sun, 04 Oct 2009 10:08:58 +0000</pubDate>

      <author>Sergio Parra</author>
      <description><![CDATA[
      <p><img class="centro" src="http://img.xatakaciencia.com/2009/10/glowing_brain_290.jpg" alt="" />Los últimos avances en neurociencia y sociología desacreditan cada vez en mayor medida las mediciones del <strong>Coeficiente de Inteligencia</strong>. Por ejemplo, se ha demostrado que las condiciones ambientales influyen más de lo que se creía en la supuesta inteligencia innata, y también que la inteligencia humana tiene muchas facetas que no suelen medirse en las baterías de tests. </p>

	<p>Sin embargo, estas objeciones al CI entendido como un número, no le quitan valor a la tendencia descrita por <strong>el Efecto Flynn</strong>. Incluso, la hacen más interesante. </p>

	<p>A finales de 1970, un filósofo americano y activista de los derechos civiles llamado <strong>James Flynn </strong>empezó a investigar la historia de los coeficientes de inteligencia en un intento de refutar los estudios publicados por el controvertido académico <strong>Arthur Jensen </strong>(cuyo trabajo inspiró en lo menos polémico libro titulado <em>The Bell Curve</em>). </p>

	<p>Esta controversia suscitada por Jensen, en pocas palabras, ponía de manifiesto un presunto margen de diferencia entre la puntuación de los negros y los blancos. Pero en su intento de demostrar que la tesis de Jensen era una falacia, Flynn llegó a conclusiones inesperadas.</p>

	<p><!--more--> </p>

	<p>Al bucear en los archivos militares, <strong>Flynn descubrió que las puntuaciones de los afroamericanos habían subido espectacularmente en el último cuarto de siglo</strong>. Una tendencia que en un principio parecía confirmar que Jensen se equivocaba y que, en efecto, el ambiente influía en la inteligencia más de lo que se había creído: el acceso de los afroamericanos al sistema educativo ponía a los afroamericanos al mismo nivel que los blancos. </p>

	<p>Pero también descubrió otra cosa. <strong>La puntuación de los blancos también aumentaba</strong>. Y casi al mismo ritmo que la de los afroamericanos. </p>

	<p>Independientemente de la etnia, la clase social o el nivel educativo, los americanos se estaban volviendo más inteligentes a medida que transcurrían los años. Flynn cuantificó este cambio: en 40 años, la población americana había ganado <strong>13,8 puntos de media de coeficiente intelectual</strong>. </p>

	<p>Si hasta el momento esta tendencia había pasado desapercibida para la comunidad académica era porque el departamento encargado de los CI adaptaba de forma rutinaria los exámenes para asegurarse de que una persona de inteligencia media alcanzara siempre <strong>una puntuación media de 100 en el test</strong>. </p>

	<p>De esta manera, se revisaban cada cierto tiempo los números y se retocaba el test para asegurarse de que la puntuación media fuera de 100. Esto quiere decir que incrementaban progresivamente la complejidad de los tests. Teniendo en cuenta, entonces, este nivel de dificultad progresivo, estaba claro que las capacidades intelectuales cada vez eran más solventes. </p>

	<p>Vía | <em>Everything Bad Is Good for You</em>, de Steven Johnson</p>      ]]></description>
      </item>
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