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        <title>Magazine - neurologia</title>
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        <description>Publicación de noticias sobre gadgets y tecnología. Últimas tecnologías en electrónica de consumo y novedades tecnológicas en móviles, tablets, informática, etc</description>
        <pubDate>Wed, 10 Jun 2026 06:00:08 +0000</pubDate>
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                <title><![CDATA[Cuando los ojos pueden ver pero el cerebro no]]></title>
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                <pubDate>Thu, 17 Dec 2015 20:40:30 +0000</pubDate>
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                    <![CDATA[
                              <p>
      <img src="https://i.blogs.es/55e45e/eye/1024_2000.jpg" alt="Cuando&#x20;los&#x20;ojos&#x20;pueden&#x20;ver&#x20;pero&#x20;el&#x20;cerebro&#x20;no">
    </p>
    <p>En 1690, William Molyneaux planteaba a John Locke la cuestión siguiente en una carta: imaginemos una persona <strong>ciega de nacimiento</strong>, llega a adulto y entonces de repente es capaz de ver. La pregunta es, en ese momento, ¿es capaz de <strong>distinguir formas</strong> sólo con la vista que antes podía distinguir con el tacto?</p>
<!-- BREAK 1 --><!--more--><p>Por ejemplo, una persona ciega que pudiera distinguir <strong>con el tacto</strong> entre una esfera y un cubo: ¿sabría señalarnos realmente cuál era la esfera y cuál el cubo? Más de 300 años después, el 10 de abril de 2011, se publicaba en <em>Nature</em> un artículo en el que se explicaba que <strong>la respuesta era que no</strong>. Pero hay que matizar esta respuesta.</p>
<!-- BREAK 2 -->
<p>Un grupo de científicos del MIT pudieron hacer que <strong>niños ciegos pudieran ver</strong> gracias a la cirugía y aprovecharon para hacer este tipo de experiencias y si bien al principio no eran capaces de reconocer visualmente una cosa que habían palpado, si <strong>podían adquirir esa habilidad</strong> transcurridos unos días. Otro tipo de percepciones, como el reconocimiento de caras no era cuestión de días, sino que podía tomar entre seis y doce meses.</p>
<!-- BREAK 3 -->
<p>Y no deja de ser curioso el hecho de no saber reconocer algo tan solo con la vista. Estamos tan acostumbrados que <strong>ni nos damos cuenta</strong>, pero el cerebro no tiene de forma innata la habilidad de conectar diferentes tipos de percepción (por ejemplo, tocar una cosa y luego reconocerla con la vista o viceversa), pero puede aprenderlo de forma rápida. Hemos de suponer que cuanto más jóvenes somos, más rápidamente, porque hay un caso un tanto curioso que tuvo <strong>serias dificultades</strong>.</p>
<!-- BREAK 4 -->
<p>Se trata de <a rel="noopener, noreferrer" href="https://en.wikipedia.org/wiki/Sidney_Bradford">Sidney Bradford</a>. Nacido ciego en 1906 (afirman que respondía a algunos estímulos luminosos), su hermana mayor explicaba que llevó los <strong>ojos vendados</strong> toda su infancia. Creció como ciego y llevó una vida como tal. En 1959, cuando tenía 52 años, era una persona normal, que leía Braille y trabajaba como operario. En aquella época se pudieron hacer trasplantes de córnea, y podía recuperar la vista mediante una intervención quirúrgica. Sería el primer ciego a quien la medicina moderna <strong>devolvería la vista</strong>.</p>
<!-- BREAK 5 -->
<h2>Lo que vio al abrir los ojos</h2>

<p>Cuando abrió los ojos estuvo lejos de reconocer una cara. Lo que vio fue para él <strong>algo deforme</strong> desde donde salían voces. Juzgaba correctamente las distancias y medidas de objetos con los que estaba familiarizado, como las sillas, pero no tenía idea de la distancia desde el cuarto piso del hospital al suelo. No veía la <strong>ambigüedad en el cubo de Necker</strong> ni podía ver las perspectivas.</p>
<!-- BREAK 6 --><div class="article-asset-image article-asset-normal article-asset-center">
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     <div class="caption-img ">
                   <img class="centro_sinmarco" height=360 width=400 loading="lazy" decoding="async" sizes="100vw" fetchpriority="high" srcset="https://i.blogs.es/10af3a/necker/450_1000.webp 450w, https://i.blogs.es/10af3a/necker/650_1200.webp 681w,https://i.blogs.es/10af3a/necker/1024_2000.webp 1024w, https://i.blogs.es/10af3a/necker/1366_2000.webp 1366w" src="https://i.blogs.es/10af3a/necker/450_1000.webp" alt="Necker" onerror="this.src='https://i.blogs.es/10af3a/necker/450_1000.png';this.srcset='https://i.blogs.es/10af3a/necker/450_1000.png 450w, https://i.blogs.es/10af3a/necker/650_1200.png 681w,https://i.blogs.es/10af3a/necker/1024_2000.png 1024w, https://i.blogs.es/10af3a/necker/1366_2000.png 1366w';return false;">
   <img alt="Necker" class="centro_sinmarco" src="https://i.blogs.es/10af3a/necker/450_1000.webp">
   
        <span>Cubo de Necker</span>
   </div>
   </div>
</div>
<p>Hubo experiencias que tenía familiarizadas con el tacto como caminar y la pudo ir calibrando con la vista, pero para objetos intocables o imágenes <strong>no le sirvió de nada</strong>. Estas inusuales respuestas nos inducen a pensar que muchas de las ilusiones que tenemos son el resultado de <strong>procesos cognitivos</strong> más que un simple procesamiento de señales fisiológicas.</p>
<!-- BREAK 7 -->
<p>Dicen que antes de cruzar una calle <strong>cerraba los ojos</strong> y que después de la operación, al volver a seguir ejerciendo su trabajo, también cerraba los ojos, trabajando como siempre lo había hecho.</p>
<!-- BREAK 8 -->
<p>Podemos plantearnos lo difícil que sería <strong>aprender Braille</strong> si perdiéramos la vista de adulto. ¿Podemos imaginarlo? Pues debe <strong>suceder lo mismo</strong> si se intenta aprender a ver habiendo recuperado la vista como hizo Sidney Bradford.</p>
<!-- BREAK 9 -->
<p>Fuente | <a rel="noopener, noreferrer" href="http://www.nature.com/neuro/journal/v14/n5/full/nn.2795.html">Nature</a><br>
Fuente | <a rel="noopener, noreferrer" href="http://www.richardgregory.org/papers/articles/seeing-after-blindness.pdf">Richard Gregory</a><br>
Fuente | <a rel="noopener, noreferrer" href="http://news.mit.edu/2011/vision-problem-0411">MIT</a><br>
Foto | <a rel="noopener, noreferrer" href="https://pixabay.com/es/ojo-pesta%C3%B1as-cara-mujer-211610/">Giuliamar en Pixabay</a><br>
Foto | <a rel="noopener, noreferrer" href="https://es.wikipedia.org/wiki/Usuario:Fibonacci">Fibonacci</a></p>
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                                <item>
                <title><![CDATA[El hombre que despertó del coma después de 19 años ]]></title>
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                <pubDate>Thu, 30 Apr 2015 16:47:52 +0000</pubDate>
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                    <![CDATA[
                              <p>
      <img src="https://i.blogs.es/1e9eb7/cerebro/1024_2000.jpg" alt="El&#x20;hombre&#x20;que&#x20;despert&#x00F3;&#x20;del&#x20;coma&#x20;despu&#x00E9;s&#x20;de&#x20;19&#x20;a&#x00F1;os&#x20;">
    </p>
    <p>El 13 de julio de 1984, Terry Wallis iba conduciendo su furgoneta con dos amigos por las montañas Ozark, Arkansas, cuando <strong>se salió de la pista forestal</strong>, dio una vuelta de campana y salió despedido. Tenía 19 años, estaba casado con una joven de 15 años y tenían una hija de 6 meses. Cuando la policía encontró la furgoneta, <strong>Wallis estaba en coma</strong>. Y así quedo hasta que en 2003, 19 años después del accidente, empezó a hablar.</p>
<!-- BREAK 1 --><!--more--><p>Hay que decir que Wallis nunca llegó a estar en <strong>coma profundo</strong>. Su situación era definida como "estado de conciencia mínimo". A veces, daba signos que no se dan en el "estado vegetativo persistente" que tenía Terry Schiavo. Aquella mujer saltó a la fama por la batalla entre partidarios y detractores de la eutanasia. Schiavo fue desconectada, a petición de su marido, de la máquina que la mantenía viva desde 1990 en marzo de 2005. Otra famosa mujer que quedó en estado vegetativo fue Eluana Englaro, que también había quedado así a consecuencia de un accidente de tráfico. Wallis, sin embargo, estaba despierto y ocasionalmente ofrecía <strong>signos de entendimiento</strong> pero era incapaz de interaccionar con el mundo exterior.</p>
<!-- BREAK 2 -->
<p>Alrededor de 3 días después de haber empezado a hablar <strong>recuperó la habilidad</strong> de moverse y recuperarse, y conoció a su hija que tenía en aquel momento 20 años. Algo difícil, pues Wallis cree que él mismo todavía tiene 19 años y que Ronald Reagan es el actual presidente de los EEUU. Al no entender esta situación, su madre y su hija lo llevaron a Nueva York a que fuera examinado por <strong>neurólogos especialistas</strong> en traumas del cerebro.</p>
<!-- BREAK 3 -->
<h2>La plasticidad del cerebro</h2>

<p>Pues bien, hay una estructura llamada <strong>cuerpo calloso</strong>, una serie de conexiones que ponen en contacto ambos hemisferios. En el caso de Wallis, el cuerpo calloso había sufrido importantes daños. Lo interesante es que a lo largo de todo aquel tiempo se formaron nuevas conexiones entre ambos hemisferios del cerebro por la parte trasera (parte occipital). Estas conexiones que se habían formado en el cerebro de Wallis no existen en los <strong>cerebros normales</strong>.</p>
<!-- BREAK 4 -->
<p>Y no solo eso. También se han observado <strong>cambios significativos</strong> desde los 2 meses después de que hubiera despertado hasta los 18 meses después. Se habían producido <strong>nuevas conexiones</strong> entre zonas cerebrales relacionadas con el lenguaje y el movimiento. Esto ha hecho ver a los científicos que no conocemos los límites de la plasticidad cerebral y que seguiríamos sin haber tenido idea de no haber sido por este hombre. Y esto ha obligado también a los científicos a interesarse en conocer los mecanismos de esta <strong>plasticidad</strong>.</p>
<!-- BREAK 5 -->
<p>Desgraciadamente, hay que unir todo esto a que después del accidente quedó <strong>tetrapléjico</strong>, con lo que su situación no puede ser muy cómoda ni aunque se recuperara totalmente.</p>
<!-- BREAK 6 -->
<p>Otro de los daños del cerebro de Wallis está en el <strong>lóbulo temporal derecho</strong>. Esta región interviene en la consolidación de la formación de recuerdos. No es capaz de almacenar las cosas que va viendo y no es capaz de asimilar lo que va aprendiendo. Como comentábamos, para él su hija sigue siendo un bebé y Ronald Reagan sigue siendo presidente de los EEUU a no ser que haya otro cambio en su cerebro que sea capaz de arreglar esta parte, muy similar a lo que tenía Henry Molaison (este último por otras circunstancias), <strong>incapaz de tener nuevos recuerdos</strong>.</p>
<!-- BREAK 7 -->
<p>El caso de Wallis plantea dos cuestiones éticas y filosóficas. Por un lado, la importancia de saber si una persona en coma es <strong>capaz o no de recuperarse</strong> y hasta qué punto puede llegar una recuperación gracias a la plasticidad del cerebro. Y por otro lado está el problema de la incapacidad de formarse <strong>nuevos recuerdos</strong>.</p>
<!-- BREAK 8 -->
<p>Sin esta última capacidad, hemos de preguntarnos <strong>qué o quiénes somos</strong>. Nuestra personalidad, nuestra vida y nuestro yo están muy ligados a las experiencias que hemos vivido y que están, a su vez, muy ligadas a la capacidad que tenemos de guardar recuerdos. Si no somos capaces de cambiar nuestra memoria, <strong>¿somos nosotros mismos?</strong> ¿somos las mismas personas ahora que hace 10 años?</p>
<!-- BREAK 9 -->
<p>Aun así, el padre de Wallis dijo que: <em>a menudo [Terry] nos dice lo feliz que es por estar vivo</em>.</p>

<p>Fuente | <a rel="noopener, noreferrer" href="http://jralonso.es/2011/03/01/historias-de-la-neurociencia-despertar-diecinueve-anos-despues/">Despertar diecinueve años después</a><br>
Fuente | <a rel="noopener, noreferrer" href="http://www.newscientist.com/article/dn9474-rewired-brain-revives-patient-after-19-years.html">Newscientist</a><br>
Fuente | <a rel="noopener, noreferrer" href="http://www.mymultiplesclerosis.co.uk/misc/terry-wallis.html">Mymultiplesclerosis</a><br> 
Imagen | <a rel="noopener, noreferrer" href="http://pixabay.com/es/cerebro-humana-corteza-anatom%C3%ADa-308580/">Pixabay</a><br>
En Xatakaciencia | <a class="text-outboundlink" href="https://www.xatakaciencia.com/psicologia/el-hombre-que-era-incapaz-de-generar-nuevos-recuerdos" data-vars-post-title="El hombre que era incapaz de generar nuevos recuerdos" data-vars-post-url="https://www.xatakaciencia.com/psicologia/el-hombre-que-era-incapaz-de-generar-nuevos-recuerdos">El hombre que era incapaz de generar nuevos recuerdos</a><br>
En Xatakaciencia | <a class="text-outboundlink" href="https://www.xatakaciencia.com/biologia/bases-biologicas-del-aprendizaje-y-la-individualidad-i" data-vars-post-title="Bases biológicas del aprendizaje y la individualidad (I)" data-vars-post-url="https://www.xatakaciencia.com/biologia/bases-biologicas-del-aprendizaje-y-la-individualidad-i">Bases biológicas del aprendizaje y la individualidad (I)</a></p>
<!-- BREAK 10 --><script>
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                                <item>
                <title><![CDATA[Un poco de estimulación magnética y nos volvemos inmorales]]></title>
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                <pubDate>Sat, 24 Mar 2012 14:33:34 +0000</pubDate>
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    </p>
    <p></p>
<p>La moralidad parece que solo pueda emanar de las sacristías o de los tribunales, pero hay suficiente evidencia para sospechar que la moralidad también viene de serie, <strong>tiene una base biológica</strong>.</p>
<!-- BREAK 1 -->
<p>Es lo que trató de demostrar un grupo del <span class="caps">MIT</span> dirigido por <strong>Rebecca Saxe</strong>, que identificaron una región del cerebro (<strong>la unión temporoparietal derecha</strong>) que se activa cuando nos ponemos en la piel de los demás, cuando intentamos averiguar qué están pensando.<br /></p>
<!-- BREAK 2 --><!--more--><p></p>

<p>Para ello, solicitó una serie de voluntarios para que juzgaran moralmente el comportamiento de otras personas, tal y como explica<strong> José R. Alonso</strong> en su libro <em>La nariz de Charles Darwin</em>:</p>
<!-- BREAK 3 -->
<blockquote>En un ejemplo, una mujer llamada Grace invitaba a café a su amiga Mary pero al prepararlo se equivoca y en vez de azúcar, añade un veneno y Mary muere.  En otra historia, parecida pero diferente, Grace echa en el café lo que considera que es veneno, pero en realidad es azúcar y a Mary no le pasa nada. Los sujetos del experimento tenían que puntuar éste y otros escenarios comparables donde se “valoraba” o no a un sujeto. En el estudio, tenían que puntuar en una escala de 1 a 7, las distintas actuaciones desde “prohibido (1)” a “guay (7)”. En el ejemplo que he puesto, prácticamente todos los “conejillos de indias” disculpaban a Grace por su confusión, considerándolo un “accidente”,  pero la sancionaban, puntuándola muy bajo, cuando había en ella intención de causar daño.</blockquote>

<p>Más tarde, todos los voluntarios que habían participado en esta valoración moral, fueron sometidos a una sesión de estimulación magnética transcraneal, aplicándose el campo magnético a la zona de la unión temporoparietal. Estos campos magnéticos distorsionan temporalmente la capacidad de las neuronas de comunicarse entre ellas mediante señales eléctricas.</p>
<!-- BREAK 4 -->
<blockquote>El resultado fue que las personas (el grupo experimental) cambiaba su juicio y valoraban más el resultado final. Si la amiga de Grace había sufrido daño eran más los que la condenaban aunque no hubiese mala intención y viceversa, si la amiga había resultado indemne, el porcentaje de los que eran benévolos con Grace también aumentaba a pesar de su comportamiento criminal. Es interesante que esa forma de actuar se parece más a la de los niños pequeños, en torno a tres años, donde juzgarían directamente el resultado del acto sin entrar a matizar la intención, la bondad o maldad con la que se inició un episodio.</blockquote>

<p>Y es que ya decía <strong>Groucho Marx</strong> aquello de “Estos son mis principios. Si no le gustan, bien… tengo otros.” </p>
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                <title><![CDATA[El medicamento que te vuelve adicto a las máquinas tragaperras]]></title>
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                <pubDate>Fri, 09 Sep 2011 13:11:36 +0000</pubDate>
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                              <p>
      <img src="https://i.blogs.es/1e762f/maquina-tragaperras/1024_2000.jpg" alt="El&#x20;medicamento&#x20;que&#x20;te&#x20;vuelve&#x20;adicto&#x20;a&#x20;las&#x20;m&#x00E1;quinas&#x20;tragaperras">
    </p>
    <p>¿Os imagináis un medicamento cuyo efecto secundario sea induciros a la ludopatía?<strong> Ann Klinestiver</strong>, profesora de inglés de un instituto de una pequeña ciudad de Virgina Occidental, sufrió en sus carnes ese efecto cuando <strong>le diagnosticaron Parkinson con sólo 52 años de edad</strong>. </p>
<!-- BREAK 1 -->
<p>El neurólogo de Ann le administró inmediatamente <strong>Requip, un fármaco que imita la actividad de la dopamina en el cerebro</strong>: el Parkinson es una enfermedad del sistema dopaminérgico, y Requip pertenece a un tipo de medicamentos denominados agonistas de la dopamina. No importa el medicamento que toméis, todos ellos actúan conforme al principio de incrementar la cantidad de dopamina del cerebro. Eso evita los problemas de movimiento aparejados al Parkinson pero…</p>
<!-- BREAK 2 -->
<p>En fin, <strong>que las máquinas tragaperras son un flipe</strong>, a pesar de ser una de las ludopatías más mundanas y plebeyas. Introduces una moneda, tiras de la palanca y, en pocos segundos, despejas la incertidumbre de tu futuro financiero inmediato. Vuelves a tirar y ganas, luego pierdes cuatro partidas, ganas otras dos. Sólo con escuchar el tintineo de las monedas desparramadas ya sufres un subidón. Y a eso contribuye la musiquita parahipnótica, las luces de colores y las frutas, fresas, manzanas y demás, corriendo veloces frente a tus ojos. </p>
<!-- BREAK 3 -->
<p>Cabe recordar que las máquinas tragaperras suponen un 70 % de los 48.000 millones de dólares anuales que se gastan los estadounidenses en los casinos; <strong>un ciudadano medio gasta 5 veces más en las tragaperras que en entradas de cine</strong>. En EEUU hay actualmente el doble de máquinas tragaperras que de cajeros automáticos.</p>
<!-- BREAK 4 --><!--more--><p><strong>Ann descubrió entonces las máquinas tragaperras</strong>. Según sus propias declaraciones, ella nunca había estado interesada en el juego, e incluso había evitado los casinos. Pero al empezar a tomar el agonista de la dopamina, Ann empezó también a encontrar irresistibles las tragaperras. Hasta el punto de que comenzó a jugar todo el día, y cuando el establecimiento cerraba, entonces se iba a casa a continuar jugando a través de Internet. </p>
<!-- BREAK 5 -->
<p>En un año, <strong>Ann perdió más de 250.000 dólares</strong>. Se alimentaba sólo de mantequilla de cacahuete para poder seguir jugando. Vendió todas sus posesiones. Se divorció de su marido. Robó de la hucha de sus nietos. </p>
<!-- BREAK 6 -->
<p>En 2006, le retiraron el agonista de la dopamina, y volvieron los problemas de movimiento de Ann, pero al fin desapareció su compulsión de jugar. </p>

<blockquote>La triste historia de Klinestiver es inquietantemente común. Según ciertos estudios médicos, hasta un 13 % de los pacientes que toman agonistas de la dopamina desarrollan ludopatías graves. Personas que nunca fueron aficionadas al juego se vuelven de pronto adictas. Mientras la mayoría de esas personas se obsesionan con las tragaperras, otras se enganchan al póquer o al blackjack en Internet. Despilfarran todo lo que tienen con todas las circunstancias en su contra.</blockquote>

<p>¿Por qué la dopamina y las máquinas tragaperras están tan relacionadas?<strong> La respuesta es que la finalidad de las neuronas dopaminérgicas es predecir episodios futuros</strong>. Mientras jugamos a una máquina tragaperras, las neuronas se esfuerzan por descifrar sus patrones internos. </p>
<!-- BREAK 7 -->
<blockquote>Pero aquí está la trampa: mientras las recompensas previsibles excitan las neuronas dopaminérgicas, las sorprendentes las excitan aún más. Según Wolfram Schultz, estas recompensas previsibles son, por lo general, tres o cuatro veces más estimulantes, al menos para las neuronas dopaminérgicas, de las que podemos prever. (…) A la larga, el cerebro casi siempre se sobrepone al asombro. Averiguará qué hechos predicen el premio, y las neuronas dopaminérgicas dejarán de liberar tanto neurotransmisor. No obstante, el peligro de las máquinas tragaperras es que son intrínsecamente imprevisibles. Dado que utilizan generadores de números al azar, no hay patrones ni algoritmos que descubrir.</blockquote>

<p>La dopamina también es la responsable de que algunas series de televisión nos enganchen tanto, como ya os expliqué en el artículo <a class="text-outboundlink" href="https://www.xatakaciencia.com/psicologia/por-que-nos-atraen-tanto-los-giros-de-argumento-de-perdidos" data-vars-post-title="¿Por qué nos atraen tanto los giros de argumento de ‘Perdidos’?" data-vars-post-url="https://www.xatakaciencia.com/psicologia/por-que-nos-atraen-tanto-los-giros-de-argumento-de-perdidos">¿Por qué nos atraen tanto los giros de tuerca Perdidos?</a></p>
<!-- BREAK 8 -->
<p>Vía | <em>Cómo decidimos </em>de Jonah Lehrer</p>
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                <title><![CDATA[Si no puedes evitar comerte el caramelo, sacarás peores notas en colegio]]></title>
                <link>https://www.xatakaciencia.com/psicologia/si-no-puedes-evitar-comerte-el-caramelo-sacaras-peores-notas-en-colegio</link>
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                <pubDate>Wed, 07 Sep 2011 18:29:12 +0000</pubDate>
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                    <![CDATA[
                              <p>
      <img src="https://i.blogs.es/64b688/marshmellowman/1024_2000.jpg" alt="Si&#x20;no&#x20;puedes&#x20;evitar&#x20;comerte&#x20;el&#x20;caramelo,&#x20;sacar&#x00E1;s&#x20;peores&#x20;notas&#x20;en&#x20;colegio">
    </p>
    <p></p>
<p>El autocontrol es una de las facetas de nuestra personalidad que nos procurará seguramente mejores beneficios. Los que carecen de un autocontrol natural, por ejemplo, <strong>son mucho más propensos a caer en ludopatías o adicción a las drogas</strong>.</p>
<!-- BREAK 1 -->
<p>Tu nivel de autocontrol también puede reflejar qué notas acabarás sacando en tu vida académica.</p>

<p>Esto se vio reflejado en un curioso experimento con chucherías realizado en la década de 1970 por <strong>Walter Mischel</strong>, psicólogo de la Universidad de Stanford.<strong> Los participantes en el experimento eran niños de 4 años</strong>. </p>
<!-- BREAK 2 -->
<p>La primera pregunta que les realizó a los niños es si querían comer un caramelo. La respuesta unánime fue afirmativa. A continuación, se les realizó una propuesta: podían comerse ahora el caramelo o, si estaban dispuestos a esperar unos minutos mientras el experimentador iba a hacer un recado, <strong>entonces podrían comerse dos caramelos en cuando el experimentador regresara</strong>. </p>
<!-- BREAK 3 -->
<p><strong>La mayoría de los niños decidieron esperar para obtener los dos caramelos</strong>. Pero no todos lo consiguieron. También había otro detalle en el experimento: los niños disponían de un timbre que, al hacerlo sonar, provocarían que el experimentador regresara antes de tiempo: entonces sólo comerían un caramelo, no dos. </p>
<!-- BREAK 4 -->
<p></p>
<!--more--><p></p>

<p>El cerebro emocional de los niños, entonces, se puso en funcionamiento, tal y como explica <strong>Jonah Lehrer</strong>:</p>

<blockquote>La mayoría de los niños de 4 años no pudieron resistir  la tentación dulce más de unos minutos. Varios de ellos se taparon los ojos con las manos para no ver los malvaviscos. Uno se puso a dar puntapiés a la mesa. Otro empezó a tirarse del pelo. Unos cuantos fueron capaces de esperar unos quince minutos, pero muchos no aguantaron ni siquiera uno. Hubo algunos que se comieron el malvavisco en cuanto Mischel se fue de la sala, sin tomarse si quiera la molestia de tocar el timbre.</blockquote>

<p>Retrasar la gratificación instantánea por un bien mayor requiere de unas características mentales que no todo el mundo posee en igual grado.<strong> Así que vamos a fijarnos en el grupo de niños que al final se zampó los dos caramelos.</strong> </p>
<!-- BREAK 5 -->
<p>En 1985, los investigadores se pusieron en contacto de nuevo con los niños. Ahora todos eran estudiantes de secundaria. Tras valorar una serie de rasgos de su carácter, así como sus puntuaciones en el <span class="caps">SAT</span> (Standard Assessment Test) y expediciones académicos del instituto, <strong>Mischel halló una fuerte correlación entre la conducta de los niños de 4 años que esperaban una chuchería (malvavisco) y la futura conducta del niño como joven adulto</strong>. </p>
<!-- BREAK 6 -->
<blockquote>Los que hacían sonar el timbre antes de haber transcurrido un minuto tenían muchas más probabilidades de presentar problemas conductuales más adelante. Sacaban peores notas y era más fácil que tomaran drogas. Pasaban apuros en situaciones estresantes y tenían mal genio. Sus puntuaciones del <span class="caps">SAT</span> eran, por término medio, 210 puntos inferiores a las de los niños que habían aguardado varios minutos antes de tocar el timbre. De hecho, en niños de 4 años, el test del malvavisco resultó ser un mejor pronosticador de los resultados del <span class="caps">SAT</span> que los test de coeficiente de inteligencia (CI).</blockquote>

<p>Resulta que las destrezas cognitivas que <strong>permitían a esos niños burlar la tentación después también les permitía pasar más tiempo haciendo sus deberes</strong>. En ambas situaciones, se obligaba a la corteza prefrontal a hacer uso de su autoridad cortical e inhibir los impulsos que pudieran entorpecer la consecución del objetivo.</p>
<!-- BREAK 7 -->
<p>Vía | <em>Cómo decidimos</em> de Jonah Leherer</p>
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                <title><![CDATA[[Libros que nos inspiran] ‘La mente de par en par’ de Steven Johnson]]></title>
                <link>https://www.xatakaciencia.com/libros-que-nos-inspiran/libros-que-nos-inspiran-la-mente-de-par-en-par-de-steven-johnson</link>
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                <pubDate>Sun, 26 Jun 2011 11:37:52 +0000</pubDate>
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                    <![CDATA[
                              <p>
      <img src="https://i.blogs.es/3982d5/fm8893/1024_2000.jpg" alt="&#x5B;Libros&#x20;que&#x20;nos&#x20;inspiran&#x5D;&#x20;&#x2018;La&#x20;mente&#x20;de&#x20;par&#x20;en&#x20;par&#x2019;&#x20;de&#x20;Steven&#x20;Johnson">
    </p>
    <p></p>
<p>El heterodoxo <strong>Steven Johnson</strong> es uno de mis divulgadores preferidos, y no sólo porque me hizo reflexionar un día sobre la idea de que la cultura de masas cada vez nos hace más inteligentes. Sino también por libros como el que nos ocupa, <strong>La mente de par en par</strong>. Un repaso al cerebro humano que nos ha inspirado para escribir artículos tan sustanciosos como:</p>
<!-- BREAK 1 -->
<p><a class="text-outboundlink" href="https://www.xatakaciencia.com/biologia/nuestro-cerebro-esta-siempre-drogado-como-sacarle-partido-i" data-vars-post-title="Nuestro cerebro está siempre drogado: ¿cómo sacarle partido? (I)" data-vars-post-url="https://www.xatakaciencia.com/biologia/nuestro-cerebro-esta-siempre-drogado-como-sacarle-partido-i">Nuestro cerebro está siempre drogado: ¿cómo sacarle partido? (I)</a> y <a class="text-outboundlink" href="https://www.xatakaciencia.com/biologia/nuestro-cerebro-esta-siempre-drogado-como-sacarle-partido-y-ii" data-vars-post-title="Nuestro cerebro está siempre drogado: ¿cómo sacarle partido? (y II)" data-vars-post-url="https://www.xatakaciencia.com/biologia/nuestro-cerebro-esta-siempre-drogado-como-sacarle-partido-y-ii">(y II)</a>, <a class="text-outboundlink" href="https://www.xatakaciencia.com/psicologia/tira-los-dados-dodecaedros-de-tu-personalidad-el-neuroperfil-i" data-vars-post-title="Tira los dados dodecaedros de tu personalidad: el neuroperfil (I)" data-vars-post-url="https://www.xatakaciencia.com/psicologia/tira-los-dados-dodecaedros-de-tu-personalidad-el-neuroperfil-i">Tira los dados dodecaedros de tu personalidad: el neuroperfil (I)</a> y <a class="text-outboundlink" href="https://www.xatakaciencia.com/psicologia/tira-los-dados-dodecaedros-de-tu-personalidad-el-neuroperfil-y-ii" data-vars-post-title="Tira los dados dodecaedros de tu personalidad: el neuroperfil (y II)" data-vars-post-url="https://www.xatakaciencia.com/psicologia/tira-los-dados-dodecaedros-de-tu-personalidad-el-neuroperfil-y-ii">(y II)</a> o <a class="text-outboundlink" href="https://www.xatakaciencia.com/biologia/la-imposibilidad-temporal-de-explicar-la-conciencia" data-vars-post-title="La imposibilidad (temporal) de explicar la conciencia" data-vars-post-url="https://www.xatakaciencia.com/biologia/la-imposibilidad-temporal-de-explicar-la-conciencia">La imposibilidad (temporal) de explicar la conciencia</a>.</p>
<!-- BREAK 2 -->
<p>Las <strong>nuevas tecnologías para cartografiar el cerebro</strong> en tiempo real están permitiendo, por ejemplo, que sepamos qué regiones de nuestra geografía cerebral se activan cuando llevamos a cabo diferentes tareas, como reconocer el rostro de un ser querido, planificar una lista de la compra o simplemente hilvanando una frase.</p>
<!-- BREAK 3 -->
<p><strong>Un cerebro es como una huella dactilar</strong>: cada cual posee una topografía única. Una mayor comprensión de nuestras sinapsis, neurotransmisores y ondas cerebrales, de los distintos patrones químicos y eléctricos, pues, no sólo abrirá de par en par nuestro cráneo sino que nos identificará con más definición. Nos dirá cómo somos respecto a los demás.</p>
<!-- BREAK 4 -->
<p>Nos dirá por qué sentimos miedo y de qué. Qué es lo que provoca un chiste a nivel neuroquímico. Cómo podemos mejorar nuestra atención. Qué significa amar. De dónde surgen nuestras aptitudes, estados de ánimo, emociones y multitud de comportamientos. <strong>Steven Johnson,</strong> pues, se convierte así en un cicerone mucho más instruido (y con una mejor brújula) que los que proporcionan la psicoterapia, la meditación o las drogas.<br /></p>
<!-- BREAK 5 --><!--more--><p></p>

<p>Al penetrar en ese apiñamiento de células nerviosas por las que cruza un microvoltio de electricidad, como si viajáramos a tierras remotas, aparecen enseguida infinidad de palabras en latín y conceptos de neurociencia realmente densos que precisan de un adiestramiento previo. Consciente de ello, Johnson coge de la mano al lector profano y evita que su libro se parezca a un cursillo intensivo de anatomía: <strong>para eso existen manuales académicos estupendos</strong>.</p>
<!-- BREAK 6 -->
<p>Además, Johnson se somete personalmente a toda clase de experimentos, entrevista a neurólogos y especialistas del cerebro, se implica, se ríe de sí mismo y, por el camino, sin darnos apenas cuenta, se convierte en uno de nuestros mejores colegas.</p>
<!-- BREAK 7 -->
<p>Editorial Turner<br />
Colección Noema<br />
248 págs.<br />
ISBN: 978-84-7506-749-0</p>
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                                <item>
                <title><![CDATA[La influencia de la tecnología en el cerebro: taxistas con supermemoria, monos con pinzas-dedo y pianistas imaginarios (y III)]]></title>
                <link>https://www.xatakaciencia.com/psicologia/la-influencia-de-la-tecnologia-en-el-cerebro-taxistas-con-supermemoria-monos-con-pinzas-dedo-y-pianistas-imaginarios-y-iii</link>
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                <pubDate>Sun, 17 Apr 2011 07:53:05 +0000</pubDate>
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                              <p>
      <img src="https://i.blogs.es/54ef81/piano/1024_2000.jpg" alt="La&#x20;influencia&#x20;de&#x20;la&#x20;tecnolog&#x00ED;a&#x20;en&#x20;el&#x20;cerebro&#x3A;&#x20;taxistas&#x20;con&#x20;supermemoria,&#x20;monos&#x20;con&#x20;pinzas-dedo&#x20;y&#x20;pianistas&#x20;imaginarios&#x20;&#x28;y&#x20;III&#x29;">
    </p>
    <p></p>
<p>Para cambiar nuestro cerebro ni siquiera hace falta que realicemos una actividad concreta.<strong> Basta con imaginar que la estamos realizando</strong>.</p>

<p>Uno de tantos experimentos que se han llevado a cabo para aportar pruebas de cómo nuestros patrones de pensamiento afectan a la anatomía de nuestros cerebros es el de <strong>Pascual-Leone</strong>, cuando era investigador de los Institutos Nacionales de Sanidad.</p>
<!-- BREAK 1 -->
<p>Para realizar el experimento, se reunió a un grupo de voluntarios sin experiencia en tocar el piano y se le enseñó una melodía simple consistente en una serie corta de notas. <strong>Luego se dividió el grupo en dos</strong>.<br /></p>
<!-- BREAK 2 --><!--more--><p></p>

<p>El primer grupo debía practicar la melodía en un piano dos horas al día durante los próximos cinco días. Los miembros del otro grupo debían sentarse frente a un piano durante la misma cantidad de tiempo, pero <strong>limitándose a imaginar que tocaban la melodía</strong>, sin tocar ni siquiera las teclas. </p>
<!-- BREAK 3 -->
<blockquote>Mediante una técnica llamada estimulación magnética transcraneal, o <span class="caps">TMS</span>, Pascual-Leone registró la actividad cerebral de todos los participantes antes, durante y después de la prueba. Encontró que la gente que sólo había imaginado tocar las notas presentaba exactamente los mismos cambios en su cerebro que los que de hecho las habían tocado al piano. Su cerebro había cambiado en respuesta a acciones que sólo se habían producido en su imaginación; es decir, como respuesta a sus pensamientos.</blockquote>

<p>Así pues, neurológicamente la tecnología cambia nuestro cerebro. Aunque sólo nos imaginemos que la usamos.</p>

<p>Vía | <em>Superficiales</em> de Nicholas Carr</p>
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                                <item>
                <title><![CDATA[La publicidad del futuro poseerá encuadre personalizado]]></title>
                <link>https://www.xatakaciencia.com/psicologia/la-publicidad-del-futuro-poseera-encuadre-personalizado</link>
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                <pubDate>Mon, 21 Mar 2011 20:19:32 +0000</pubDate>
                                <description>
                    <![CDATA[
                              <p>
      <img src="https://i.blogs.es/c38d0a/publicidad2/1024_2000.jpg" alt="La&#x20;publicidad&#x20;del&#x20;futuro&#x20;poseer&#x00E1;&#x20;encuadre&#x20;personalizado">
    </p>
    <p></p>
<p>Los psicólogos llaman “encuadre” a la forma en la que se expresa una pregunta, condicionando finalmente nuestra respuesta. <strong>Nuestro cerebro es muy vulnerable al encuadre</strong>, y de ello se aprovechan no sólo los políticos sino también los publicistas. </p>
<!-- BREAK 1 -->
<blockquote>Un impuesto de defunción suena mucho más amenazador que un impuesto de sucesiones, y una comunidad de la que se dice que tiene un índice de delincuencia del 3,7 por ciento es mucho más probable que reciba recursos que otra de la que se dice que está exenta de delincuencia en un 96,3 por ciento. El encuadre ejerce en nosotros tanta influencia porque la elección, al igual que la facultad de creer, está inevitablemente mediatizada por la memoria.</blockquote>

<p></p>
<!--more--><p></p>

<p>Como nuestra memoria es contextual, pues, basta con cambiar el contexto para que nos inclinemos a creer algo (en este caso, el contexto son las palabras empleadas). </p>
<!-- BREAK 2 -->
<p>La publicidad del futuro cada vez más se aprovechará del encuadre para encandilar a sus potenciales consumidores. E Internet permitirá, además, <strong>personalizar individualmente este encuadre</strong>:</p>
<!-- BREAK 3 -->
<blockquote>Por ejemplo, algunas personas tienden a concentrarse en alcanzar sus ideales (lo que en la literatura especializada se conoce como tener un “enfoque promocional”), mientras que otras tienden hacia un “enfoque preventivo”, dirigido a evitar el fracaso. Las personas con un enfoque promocional pueden ser más receptivas a los reclamos expresados desde la perspectiva de las ventajas de un producto dado, mientras que las personas con un enfoque preventivo pueden ser más receptivas a mensajes que ponen de relieve el coste de prescindir del producto.</blockquote>

<p>Si fuéramos una especie menos condicionada por la memoria contextual y la activación asociativa espontánea, estaríamos mejor protegidos de los expertos en marketing. Pero no es el caso. Y, de ser así, <strong>ya encontrarían otras debilidades cognitivas que explotar</strong>. </p>
<!-- BREAK 4 -->
<p>Vía | <em>Kluge</em> de Gary Marcus</p>
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                                <item>
                <title><![CDATA[El olvido de las fuentes: ¿cómo sé lo que sé?]]></title>
                <link>https://www.xatakaciencia.com/psicologia/el-olvido-de-las-fuentes-como-se-lo-que-se</link>
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                <pubDate>Tue, 18 Jan 2011 08:53:36 +0000</pubDate>
                                <description>
                    <![CDATA[
                              <p>
      <img src="https://i.blogs.es/375ca4/memento1/1024_2000.jpg" alt="El&#x20;olvido&#x20;de&#x20;las&#x20;fuentes&#x3A;&#x20;&#x00BF;c&#x00F3;mo&#x20;s&#x00E9;&#x20;lo&#x20;que&#x20;s&#x00E9;&#x3F;">
    </p>
    <p></p>
<p>Como persona despistada que soy, leer esta clase de estudios me tranquiliza: <strong>ser despistado es más común de lo que parece</strong>, y ya no digamos si las cosas dependen de nuestra memoria, frágil y maleable hasta decir basta. </p>
<!-- BREAK 1 -->
<p>Cuando afronto la escritura de un artículo, en ocasiones me hago un lío con las fuentes: ¿dónde leí aquello, de dónde procede este fragmento? Pero diversos estudios sugieren que esta clase de confusiones son bastante corrientes entre los periodistas. Quién, qué, cuándo, dónde y por qué siempre son más fáciles de recordar que <strong>¿cómo lo sé?</strong></p>
<!-- BREAK 2 -->
<p>Los psicólogos cognitivos llaman a esta clase de recuerdos “<strong>memoria de la fuente</strong>”, y después de algunas de mis “cagadas” legendarias, os garantizo que ya no me olvidaré nunca del término. <br /></p>
<!-- BREAK 3 --><!--more--><p></p>

<p>Para reflejar que todos adolecemos en mayor o menor grado de esta clase de defecto, se realizó un experimento en el que se pedía a un grupo de personas que leyeran en voz alta una lista de nombres aleatorios (por ejemplo, <strong>Sebastian Weisdorf</strong>).</p>
<!-- BREAK 4 -->
<p>Trascurridas 24 horas, se pedía que hicieran lo mismo con una segunda lista de personajes y que identificaran cuáles eran famosos y cuáles no lo eran. Algunos nombres de la lista eran nombres de celebridades y otros eran inventados;<strong> pero algunos de los nombres inventados estaban extraídos de la primera lista</strong>, la mostrada 24 horas antes. </p>
<!-- BREAK 5 -->
<blockquote>Si la gente tuviera buena memoria de la fuente, habría detectado el engaño. En cambio, la mayoría de los sujetos sabían que habían visto un nombre en concreto antes, pero no dónde. Al reconocer un nombre como Sebastian Weisdorf, sin recordar dónde lo habían visto, la gente confundió el apellido Weisdorf con el de una auténtica celebridad que sencillamente no acababa de situar.</blockquote>

<p>La cosa se complica, sin embargo, cuando alguien ya no recuerda si escuchó determinado rumor político en un programa de noticias o en uno de humor satírico. </p>
<!-- BREAK 6 -->
<p>Vía | <em>Kluge</em> de Gary Marcus</p>
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                                <item>
                <title><![CDATA[¿Cómo juzgamos a Donald? El efecto halo]]></title>
                <link>https://www.xatakaciencia.com/psicologia/como-juzgamos-a-donald-el-efecto-halo</link>
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                <pubDate>Fri, 14 Jan 2011 20:19:14 +0000</pubDate>
                                <description>
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                              <p>
      <img src="https://i.blogs.es/4aec73/12-angry-men/1024_2000.jpg" alt="&#x00BF;C&#x00F3;mo&#x20;juzgamos&#x20;a&#x20;Donald&#x3F;&#x20;El&#x20;efecto&#x20;halo">
    </p>
    <p></p>
<p><strong>Hoy vamos a juzgar a Donald</strong>. No al pato Donald: si compareciese en el juicio, probablemente no entenderíamos casi nada de lo que tuviera que alegar. Vamos a juzgar a un hombre anónimo llamado Donald para descubrir que nuestra mente, en  cierto modo, a veces actúa de forma tan torpe como el habla del pato Donald.</p>
<!-- BREAK 1 -->
<p>Para demostrar cuán difícil lo tiene nuestra mente para juzgar a Donald, haré el experimento con vosotros. Primero, <strong>leed con atención las siguientes palabras y tratad de memorizarlas</strong>: mobiliario, aplomo, esquina, aventurero, silla, mesa, independiente y televisión. </p>
<!-- BREAK 2 -->
<p>¿Ya?<br /></p>
<!--more--><p></p>

<p>Pues sigamos. Ahora leed el siguiente <strong>perfil del hombre anónimo</strong> al que llamaremos Donald:</p>

<blockquote>Donald pasaba gran parte de su tiempo buscando lo que él llamaba emociones. Ya había escalado el monte McKlinley, bajado en kayak los rápidos del Colorado, participado en un derbi de demolición de coches y pilotado una lancha rápida, sin saber gran cosa de lanchas. Se había expuesto varias veces a daños físicos e incluso a la muerte. Ahora buscaba nuevas emociones. Se planteaba quizá hacer submarinismo o cruzar el Atlántico en velero.</blockquote>

<p>Bien, ahora intentad definir a Donald con una sola palabra. Es probable que la mayoría de vosotros hayáis escogido la misma palabra. Y esa palabra es “<strong>aventurero</strong>”. Resulta lógico, porque Donald, después de leer su perfil, parece una especie de Indiana Jones. </p>
<!-- BREAK 3 -->
<p>Sin embargo, cuando esta prueba se realiza memorizando una lista de palabras ligeramente distinta (por ejemplo, mobiliario, engreído, esquina, temerario, silla, mesa, altivo, televisión), la primera que suele escoger la mayoría de gente es “<strong>temerario</strong>”. </p>
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<p>Es muy posible que Donald sea ambas cosas, pero <strong>las connotaciones de cada una de estas palabras son muy diferentes</strong>, y tendemos a escoger una caracterización relacionada con lo que ya tenemos en mente (en este caso particular, insertado arteramente en la lista memorizada).</p>
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<blockquote>Y eso significa que la impresión que han extraído de Donald está influida por cierta información (las palabras de la lista memorizada) que en principio no debería tener la menor relevancia.</blockquote>

<p>Es lo que se conoce como <strong>efecto halo</strong>. Es que casi todo lo que nos ronda por la mente, incluso las palabras sueltas, puede influir en cómo percibimos el mundo y en qué creemos. Lo cual nos convierte en perfectos candidatos para ser víctimas de los prejuicios y, sobre todo, en enjuiciadores nada ecuánimes, como pone  de manifiesto películas como <a rel="noopener, noreferrer" href="http://es.wikipedia.org/wiki/12_Angry_Men">12 hombres sin piedad</a>. </p>
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<p>Vía | <em>Kluge</em> de Gary Marcus</p>
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