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        <title>Magazine - anclaje</title>
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        <description>Publicación de noticias sobre gadgets y tecnología. Últimas tecnologías en electrónica de consumo y novedades tecnológicas en móviles, tablets, informática, etc</description>
        <pubDate>Sat, 13 Jun 2026 11:41:55 +0000</pubDate>
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                <title><![CDATA[El efecto anclaje en medicina y el exceso de medicación ]]></title>
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                <pubDate>Mon, 22 Dec 2014 13:14:16 +0000</pubDate>
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    </p>
    <p>No es la primera vez que hablamos del <a class="text-outboundlink" href="https://www.xatakaciencia.com/psicologia/el-efecto-anclaje-la-contaminacion-de-juicios-y-convicciones" data-vars-post-title="El efecto anclaje: la contaminación de juicios y convicciones" data-vars-post-url="https://www.xatakaciencia.com/psicologia/el-efecto-anclaje-la-contaminacion-de-juicios-y-convicciones">efecto anclaje</a> en <strong>Xataka Cienci</strong>a, es decir, la tendencia de nuestro cerebro para quedarse temporalmente influido por ejemplo por una cifra a la hora de valorar si la siguiente cifra será muy alta o muy baja. </p>
<!-- BREAK 1 -->
<p>Este sesgo cognitivo también tiene lugar en las mentes más preparadas, incluso entre profesionales que siguen estrictos protocolos de diagnosis como los facultativos. </p>
<!-- BREAK 2 --><!--more--><p>Es algo que demostró ampliamente un estudio de la <strong>American Child Health</strong>, entre otros. Pero esta clase de sesgos (o directamente de vagancia o falta de tiempo) también provoca algo todavía más grave: que <strong>los facultativos prescriban medicamentos de cascoporro</strong>.</p>
<!-- BREAK 3 -->
<p>La prescripción de medicamentos en Estados Unidos se ha incrementado vertiginosamente. Entre 1995 y 2000, los gastos anuales en medicamentos en Estados Unidos se han multiplicado por dos, hasta llegar a los 132.000 millones de dólares. Actualmente, <strong>casi la mitad de los estadounidenses toma un medicamento por prescripción facultativa</strong>.</p>
<!-- BREAK 4 --><div class="article-asset-image article-asset-normal article-asset-center">
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      </div>
</div>
<p>Si nos centramos en las cefaleas, por ejemplo, una de cada 50 personas que sufren de dolores de cabeza continuos en realidad es víctima del “consumo excesivo de medicación”, según las directivas del Instituto Nacional de Salud y Excelencia Clínica (Nice, por sus siglas en inglés) para los servicios de salud de Inglaterra y Gales. <strong>Martin Underwood</strong>, médico clínico y profesor de investigación de atención primaria de la escuela de medicina de Warwick en el centro de Inglaterra, que presidió el grupo de elaboración de directrices:</p>
<!-- BREAK 5 -->
<blockquote>
Los pacientes con dolores de cabeza por tensión o migrañas pueden entrar en un círculo vicioso. Las cefaleas son cada vez peores y entonces toman más medicación, lo que agudiza el dolor.</blockquote>

<p>Esta sobremedicación además no mejora la salud de los estadounidenses porque no se basa en estrictos diagnósticos médicos sino en sesgos (o falta de tiempo e implicación), tal y como explica <strong>Joseph Hallinan</strong> en su libro <em>Las trampas de la mente</em>:</p>
<!-- BREAK 6 -->
<blockquote>Un estudio analizó cerca de treinta artículos que se centraban en las prácticas de recetar de los médicos. Halló, entre otras cosas, que las relaciones entre los médicos y las compañías farmacéuticas llevaban a lo que los autores del estudio denominaron, cortésmente “recetar no-racional”.
</blockquote>

<blockquote>Entre 1898 y 2000, los reguladores oficiales aprobaron más de mil nuevos medicamentos. Si todos esos nuevos medicamentos supusieran avances significativos, sería una cosa. Pero no lo hacían. La Administración Estadounidense del Alimento y el Medicamento determinó que el 76 % de todos los medicamentos nuevos aprobados durante este tiempo no eran más que innovaciones moderadas de tratamientos ya existentes.
</blockquote>

<p><em>Imágenes | Pixabay</em></p>
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                <title><![CDATA[¿Esto es caro? De cómo el precio de una cosa nos dice poco acerca del valor de una cosa]]></title>
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                <pubDate>Tue, 05 Feb 2013 19:55:46 +0000</pubDate>
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    </p>
    <p></p>
<p>No puedo dejar de asombrarme cuando los defensores acérrimos de los derechos de autor, del copyright y de, en suma, una concepción de la cultura, de la información, como algo escaso y precioso que debe protegerse a toda costa (incluso pisoteando otros derechos más importantes), no dejo de asombrarme, digo, cuando esgrimen la peregrina pero difundidísima idea de que <strong>estamos restándole valor a los libros, a la música, a las películas que nos descargamos ávidamente de Internet sin pagar un euro por ello</strong>.</p>
<!-- BREAK 1 -->
<p>Porque, sostienen, si no pagamos nada por algo, <strong>entonces ese algo no tiene valor</strong>. Y, al no tener valor, concluyen, entonces se desprecia, lo que conduce a que aún se reclame mayor gratuidad, como el pez que se muerde la cola. </p>
<!-- BREAK 2 -->
<p>Como yo no os cobro dinero por leer lo que aquí publico, supongo que todo lo que aquí publico no tiene ningún valor para vosotros o sencillamente es basura. Y es posible que sea basura (según la <a rel="noopener, noreferrer" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Ley_de_Sturgeon">ley de Sturgeon</a>, “el 90 % de cualquier cosa es basura”), pero estoy convencido de que lo será <strong>con independencia del precio que os haga pagar por ello</strong> (por esa misma regla de tres, <strong>Justin Bieber</strong> debe de componer mejor música que miles de intérpretes porque las entradas a sus conciertos son carísimas y el tío los llena).</p>
<!-- BREAK 3 -->
<p></p>
<!--more--><p></p>

<p>La cuestión es que el precio de las cosas, si bien le puede otorgar cierta aureola de alto standing, de Premium, de cool, a dichas cosas (un vino muy caro nos parecerá que tiene mejor buqué que uno barato, aunque nos hayan servido el mismo vino en ambas copas), <strong>no describe en absoluto el valor intrínseco de las cosas</strong>: si se vendiera el vino barato a precio de caro, no empezaría a ser un vino mejor. </p>
<!-- BREAK 4 -->
<p>Además, el precio de las cosas se impone por una mezcla de oferta y demanda y dinámicas psicológicas muy intrincadas. Sin contar <strong>el efecto anclaje</strong>, clarificado con un experimento muy elocuente en el libro de <strong>Dan Ariely</strong> <em>Las trampas del deseo</em>, que dijo a sus alumnos de la Sloan School of Business del <span class="caps">MIT</span> que iba a hacer una lectura de poesía (<em>Hojas de hierba</em>, de <strong>Walt Whitman</strong>), pero no sabía cuánto iba a costar, tal y como explica <strong>Chris Anderson</strong> en <em>Gratis</em>:</p>
<!-- BREAK 5 -->
<blockquote>Entregó un cuestionario a todos los alumnos y preguntó a la mitad de ellos si estaban dispuestos a pagar 10 dólares por escucharle leer, y a la otra mitad le preguntó si estaba dispuesta a escucharle leer si les pagaba 10 dólares a cada uno. Luego les hizo a todos la misma pregunta: ¿Qué pagarían por escucharle leer la versión corta, media o larga del poema? La nota inicial es lo que los economistas conductuales denominan un “ancla”, que calibra lo que piensa el consumidor que es un precio justo. Ello puede tener un efecto decisivo sobre lo que pagarán en última instancia. En este caso, los alumnos a los que les preguntaron si pagarían 10 dólares, estaban dispuestos a pagar, como media, 1 dólar por el poema corto, 2 dólares por la versión media, y 3 dólares por la versión larga. Entre tanto, los alumnos a los que se les había hecho creer que Ariely les pagaría, dijeron que querían 1,30 dólares por escuchar la versión corta, 2,70 dólares por la mediana, y 4,80 por soportar la lectura larga.</blockquote>

<p>Los precios, pues, poco o nada nos dicen sobre el valor real de una cosa. Hasta el punto de que clubs de música de Los Ángeles <strong>están cobrando a los grupos por tocar en el club en vez de pagarles, como era lo habitual</strong>. </p>
<!-- BREAK 6 -->
<p>Ello no ha hecho disminuir la calidad de los grupos, porque éstos valoran la actuación en público más que el dinero, ya que si son buenos, <strong>pueden llegar a ganar mucho dinero y prestigio de otras maneras</strong>. (De hecho, vosotros no me estáis pagando por leerme, pero yo consigo pagar mis facturas gracias a lo que os escribo).</p>
<!-- BREAK 7 -->
<p>Y es que ya lo observó el agudo <strong>Mark Twain</strong> mucho antes de que naciera la piratería digital:</p>

<blockquote>En Inglaterra existen caballeros acomodados que conducen coches de pasajeros de cuatro caballos durante 20 o 30 millas en un recorrido diario en verano porque el privilegio les cuesta un dinero considerable; pero si les ofrecieran un salario por el servicio, eso lo convertiría en trabajo y se negarían a hacerlo.</blockquote>
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                <title><![CDATA[Lo difícil que es cambiar de opinión]]></title>
                <link>https://www.xatakaciencia.com/psicologia/lo-dificil-que-es-cambiar-de-opinion</link>
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                <pubDate>Wed, 04 May 2011 14:21:35 +0000</pubDate>
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      <img src="https://i.blogs.es/cef5a3/nixon-kennedy20debate/1024_2000.jpg" alt="Lo&#x20;dif&#x00ED;cil&#x20;que&#x20;es&#x20;cambiar&#x20;de&#x20;opini&#x00F3;n">
    </p>
    <p></p>
<p>No me considero un visionario o una persona particularmente inteligente. Sin embargo, una de mis mayores aficiones consiste en <strong>leer libros que me explican cosas que difícilmente llegan a los medios de masas</strong>, como la televisión o los periódicos. Y si lo hacen, es de forma superficial o sesgada. Y además lo hacen con bastante retraso.</p>
<!-- BREAK 1 -->
<p>Uno de mis ejemplos favoritos es <strong>el debate público que suscitó la clonación de la oveja Dolly</strong>. Muchos intelectuales de pacotilla, periodista de gaceta o meros parroquianos de bar empezaron entonces a discutir la moralidad de dicho avance científico y sus implicaciones para el ser humano del futuro. El problema es que cualquier lector de ciencia ficción mínimamente formado ya llevaba un cuarto de siglo reflexionando sobre esos mismos temas… así que tuvo que aguantar durante años que en los medios de comunicación se soltaran lugares comunes que él ya había superado. </p>
<!-- BREAK 2 -->
<p>Otro ejemplo que ahora estoy experimentando en mis propias carnes es el de <strong>los derechos de autor y la reconvención de los mismos en un mundo donde el coste de la copia y la distribución es prácticamente cero</strong>. Hace casi diez años, cuando empecé a interesarme por estos temas, sobre todo de la mano del abogado <a rel="noopener, noreferrer" href="http://www.filmica.com/david_bravo/">David Bravo</a>, los profesores Lawrence Lessig y Jorge Cortell o el periodista <a rel="noopener, noreferrer" href="http://www.escolar.net/">Nacho Escolar</a>, todos los que debatíamos el actual modelo de negocio de la cultura parecíamos algo así como hippies trasnochados, antisistema de salón o meros ladrones o piratillas con parche en el ojo.<br /></p>
<!-- BREAK 3 --><!--more--><p></p>

<p>Recuerdo el visionado de <strong>debates en la tele sobre este tema</strong>, y generalmente, tanto el público como el presentador, estaban en contra de cualquier cambio en el modelo de negocio, y criminalizaban sin discusión al que se descargaba películas o música de Internet. De un tiempo a esta parte, sin embargo, todas aquellas personas que se posicionaban en contra parecen hacerlo a favor <strong>con toda la naturalidad del mundo</strong>. Y pensar lo contrario te convierte en un asalariado de la <span class="caps">SGAE</span> o en un carca con un palo metido en el culo.</p>
<!-- BREAK 4 -->
<p>Pero, como dije, no me considero ni visionario ni especialmente inteligente, así que este artículo no es una manera de regodearme en el “<em>¿lo veis como tenía yo razón?</em>” sino una forma de presentar <strong>lo difícil que resulta para el cerebro humano el cambiar de opinión</strong>. Y si se cambia de opinión no se hace públicamente o asumiendo los errores, sino de manera casi furtiva, borrando los rastros del cambio. </p>
<!-- BREAK 5 -->
<p>De esta forma, llevar la razón en algo que no acabará por cuajar socialmente hasta pasados unos años<strong> es una carga gravosa muy ingrata</strong>. Principalmente porque, al discutir en su momento, nadie te da la razón y te consideran poco menos que un marciano. Más tarde, entonces, todo el mundo parece pensar como tú como si siempre lo hubiera hecho, y si le recuerdas a alguien la catadura de sus anteriores opiniones, no le costará nada sugerir que tampoco era para tanto, que en realidad no tenía una opinión tan rígida o diametralmente opuesta, que él siempre lo había intuido o, incluso, que él jamás pensó algo así en el pasado, ni por asomo.</p>
<!-- BREAK 6 -->
<p>Con lo cual, si en el pasado nadie te daba la razón, en el presente darte la razón ya no tiene mérito porque todo el mundo piensa como tú. Y al final resulta que nunca tuviste razón de verdad, ni antes ni ahora. </p>
<!-- BREAK 7 -->
<p>Un caso más cercano y efímero en el tiempo fue el de las pulseritas <strong>Power Balance</strong>. ¿Dónde están ahora todos los que se compraron una, ahora que <a rel="noopener, noreferrer" href="http://www.publico.es/dinero/347146/power-balance-multada-con-15-000-euros-por-fraude-con-las-pulseras">se ha determinado que era una fraude</a>?</p>
<!-- BREAK 8 -->
<p>Este funcionamiento de la dinámica social ha sido ampliamente estudiada por el biólogo de la Universidad de Stanford <strong>Paul Ehrlich</strong> y el biólogo de la Universidad de Princeton <strong>Simon Levin</strong>, aunque ellos se centraron en la difusión de unas ideas particulares: <strong>las ideas políticas</strong>. </p>
<!-- BREAK 9 -->
<p></p>
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      </div>
</div>
<p>Estudiando cómo las ideas políticas cambiaban a lo largo de la historia, descubrieron qué era necesario para que una sociedad cambiara de idea de forma general. No sólo era cuestión de ofrecer buenos argumentos ni que la idea fuera mejor o peor que la anterior. El mecanismo que principalmente cambiaba la polaridad ideológica de una sociedad <strong>era la cantidad de gente que lo hacía</strong>. </p>
<!-- BREAK 10 -->
<p>Un factor que explicaría la razón de que hubiera<strong> intelectuales de primera línea que hace unos años fuesen racistas o misóginos</strong>, o que filósofos de la antigua Grecia apoyaran la esclavitud… o incluso que libros sagrados que supuestamente imparten lecciones morales sean, en ese sentido, de una moralidad mucho más rudimentaria y torpe que la moralidad que se defiende en las actuales democracias.</p>
<!-- BREAK 11 -->
<blockquote>Sirviéndose de modelos informáticos y de análisis históricos, han llegado a la conclusión de que la mayoría de las personas se resisten a cambiar de opinión hasta que un número determinado de quienes las rodean han modificado también las suyas. Precisamente, este umbral depende justamente de qué es esta nueva idea. Si el asunto es oscuro como, por ejemplo, la elegibilidad de la renta para el impuesto alternativo mínimo, el umbral es bajo. Unos pocos buenos amigos con una opinión bien formulada probablemente serán todo lo necesario para que uno cambie de bando. Si la cuestión es más básica y polarizante (la poligamia, el aborto, la pena capital) sólo la persuasión más firme y una exposición más frecuente a la idea tendrán alguna posibilidad de movernos.</blockquote>

<p>Así pues, muchos de los atascos que se sufren en los debates se deben, en gran parte, al poder de las creencias más arraigadas. Y, tan importante es presentar buenos argumentos, como <strong>estar rodeado de mucha gente que empiece a creer determinada cosa para formar nuestra opinión</strong>. </p>
<!-- BREAK 12 -->
<p>Pero en casos de debates tan candentes y primarios, como el de la religión o las cuestiones étnicas, cuanto más amenazado se siente un grupo que se define por la raza o las creencias espirituales, más elevará su umbral de tolerancia a ideas nuevas, alejándose del compromiso que exigen las circunstancias y <strong>acercándose al absolutismo</strong>. </p>
<!-- BREAK 13 -->
<blockquote>Eso no sirve a los intereses de nadie a largo plazo, pero asegura la pureza de los miembros del grupo y reduce la probabilidad de asimilación (que en algunos aspectos puede sentirse más como una aniquilación).  No es ninguna coincidencia que las minorías estadounidenses más marginadas sean con frecuencia las más tradicionales, las que más se resisten a los signos de inclusión tales como los matrimonios endogámicos o las comunidades mixtas. Tampoco es una coincidencia que en la escena mundial, los enemigos más antiguos, los árabes y los judíos, a veces estén a punto de la resolución y después caigan en una violenta resistencia.</blockquote>

<p>Dicho todo lo cual, a veces uno se replanea si un debate pueda tener alguna utilidad,<strong> sobre todo si el debate tiene formato adversarial</strong>, como sucede frecuentemente en la televisión. Así que quizá los mejores debates sean los no debates sino el intercambio de ideas afines entre personas que piensan fundamentalmente lo mismo, algo así como lo que ocurre flagrantemente en cualquier tertulia de <a rel="noopener, noreferrer" href="http://www.intereconomia.com/">Intereconomía</a>. </p>
<!-- BREAK 14 -->
<p>Y sí, a veces es mucho más descansado dejarse llevar por las mareas de opinión de la mayoría.</p>

<p>Vía | <em>Simplejidad</em> de Jeffrey Kluger</p>
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                                <item>
                <title><![CDATA[El efecto anclaje: la contaminación de juicios y convicciones]]></title>
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                <pubDate>Sun, 06 Feb 2011 11:52:53 +0000</pubDate>
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    </p>
    <p></p>
<p>No es la primera vez que os hablo de la poca solvencia de nuestro cerebro a la hora de elaborar juicios o forjar convicciones sobre el mundo. <strong>El efecto anclaje</strong> no es más una de estas manifestaciones del la imperfección.</p>
<!-- BREAK 1 -->
<p>El efecto anclaje contamina nuestra opinión sobre las cosas mediante información periférica o incluso irrelevante. </p>

<p>Un ejemplo tonto lo constituye el preguntar cuán divertidos son los dibujos animados de la tele: si el sujeto sostiene un bolígrafo entre los dientes con delicadeza, sin que llegue a tocar los labios, considera los dibujos animados más divertidos si el sujeto está sosteniendo un bolígrafo con los labios apretados. Esto ocurre porque, al sostener el bolígrafo con delicadeza, las comisuras de nuestros labios apuntan hacia arriba, formando una especie de sonrisa. Este gesto tiende a generar pensamientos felices: <strong>sonreír mejora el humor aunque la sonrisa sea forzada</strong>. <br /></p>
<!-- BREAK 2 --><!--more--><p></p>

<p>Pero esto es sólo una anécdota. Uno de los experimentos más innovadores de contaminación mental fue llevado a cabo por los psicólogos <strong>Amos Tversky</strong> y <strong>Daniel Kahneman</strong>, que hicieron girar una ruleta de la fortuna marcada con los números del 1 al 100 y, a continuación, formularon a los sujetos del estudio una pregunta que no guardaba relación alguna con el resultado de la rotación de la ruleta: </p>
<!-- BREAK 3 -->
<p>¿Qué porcentaje de países africanos pertenece a la ONU?</p>

<p>Nadie conocía la respuesta con exactitud, así que dieron una solución aproximada. Lo curioso es que sus respuestas <strong>se vieron contaminadas por el número que se había detenido en la ruleta</strong>. Si salía un 10, por ejemplo, la respuesta típica era un 25 %. Si salía el número 65, la respuesta típica era el 45 %.</p>
<!-- BREAK 4 -->
<p>Este efecto ocurre con frecuencia en nuestra vida cotidiana. Para comprobarlo, llevad a cabo el siguiente experimento que propone el psicólogo <strong>Gary Marcus</strong>:</p>
<!-- BREAK 5 -->
<blockquote>Sumen 400 a los últimos tres dígitos de su número de móvil. Una vez realizada la operación, contesten a la siguiente pregunta: ¿en qué año terminaron por fin los saqueos de Atila, rey de los hunos, en Europa? La respuesta media de las personas cuyo número de móvil, sumado a 400, da una cifra inferior a 600 fue 629 d.J.C., mientras que las personas que obtuvieron una cifra entre 1.200 y 1.399, su cálculo medio fue 979 d.J.C., 350 años después. (...) Durante el proceso de anclaje y ajuste, la gente parte del punto inicial arbitrario y sigue adelante hasta que encuentra una respuesta de su agrado.</blockquote>

<p>Esta clase de defecto mental también permite a los supermercados vender más latas de sopa con el rótulo &#8220;<em>Un máximo de 12 por cliente</em>&#8220; que con el de &#8220;<em>un máximo de 4 por cliente</em>&#8220;.</p>
<!-- BREAK 6 -->
<p>Vía | Kluge de Gary Marcus</p>
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