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Así funciona, según la ciencia, el efecto rebote de las dietas milagro que nos prometen adelgazar mucho en poco tiempo

Así funciona, según la ciencia, el efecto rebote de las dietas milagro que nos prometen adelgazar mucho en poco tiempo
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Seguro que has oído hablar en más de una ocasión de los peligros del "efecto rebote", siempre asociado a las dietas, especialmente a las llamadas milagro. Este fenómeno ocurre cuando la pérdida de peso es rápida y desproporcionada.

La consecuencia inmediata es una recuperación repentina de peso debida a una peor gestión metabólica de la energía. La culpa la tiene, precisamente, nuestra capacidad homeostática, diseñada para protegernos y sobrevivir ante los cambios bruscos que podrían provocar un problema.

¿Qué es el efecto rebote y cómo funciona?

Si de pronto decidieras perder peso a lo bestia, probablemente lo podrías conseguir de manera relativamente sencilla (sufrida, pero sencilla). Una restricción calórica brutal, pero medida para que no suponga un problema de salud, sería una buena solución. En un mes podrías perder decenas de kilos. 15 por ejemplo.

No hablamos por hablar: esto mismo lo pudimos ver en el programa The biggest losser donde sus participantes se deshacían de cientos de kilos en un año. La edición de 2009 del programa sirvió para evaluar una cuestión más importante que la propia pérdida de peso: la salud de los participantes. Años después de terminar, se estudió la evolución de los participantes y se observó este temido efecto rebote en todo su esplendor: algunos de ellos, a pesar de llevar dietas restrictivas, habían recuperado hasta la mitad del peso perdido, o más.

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El efecto rebote es un fenómeno que ocurre tras la pérdida súbita de peso y consiste en la recuperación del mismo debido un cambio (o más bien a un problema con el cambio) metabólico. Lo que ocurre, grosso modo, es que el metabolismo basal se desploma, lo que quiere decir que, al inducir el déficit de calorías, el cuerpo comienza a gastar menos. Es una medida de defensa.

También lo hacen los niveles de leptina, que es la hormona encargada de regular la saciedad (entre otras cosas), para asegurar que la ingesta no se volvía peligrosamente baja. Estos cambios, puntualmente, no tienen problema. Pero ante una pérdida de peso drástica, producida durante varios meses, tiene consecuencias muy negativas. El problema principal, según se observó, es que si el metabolismo basal y la producción de leptina bajan mucho con la pérdida de peso rápida, no aumentan hasta sus niveles normales a medida que se va ganando peso.

¿Qué consecuencias tiene el efecto rebote?

El problema que esto supone está claro: las kilocalorías ingeridas, entonces, son almacenadas más eficientemente, al tener un metabolismo más lento, y encima nos saciamos menos. Como consecuencia el cuerpo engorda más y más rápido que antes de comenzar la dieta y se recupera fácilmente gran parte de lo perdido.

En otras ocasiones, no solo se recupera sino que se gana más peso. El problema, simplificándolo mucho, es la velocidad a la que se hace, que no permite que el cuerpo, acostumbrado a resistir las condiciones externas con vistas a sobrevivir, se adapte. Pero esto también tiene algunas consecuencias desagradables para nuestra salud.

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Por ejemplo, a los cambios recurrentes de peso se le asocia una mayor probabilidad de sufrir un accidente cerebrovascular o, llanamente, de morir. Los estudios realizados hasta la fecha son observacionales, pero todas las evidencias apuntan a las mismas conclusiones: subir y bajar rápidamente de peso no es bueno para la salud.

Cambiar de hábitos va más acorde con tu metabolismo

Regular nuestro peso es una cosa saludable. Hasta aquí todo bien.** El matiz entre perder peso y regular el peso, sin embargo, es muy importante**. Para poder regular nuestro peso, adecuarlo a un metabolismo coherente con nuestras necesidades, nuestros hábitos y nuestra actividad física, necesitamos tiempo.

Por otra parte, lo único que podemos controlar en esta "ecuación" es nuestro estilo de vida. De todo lo anterior, lo que más determina nuestro metabolismo es cómo comemos, qué comemos y qué actividad física realizamos. Pero claro, cambiar estos hábitos no servirá de nada si lo hacemos de manera súbita o de forma intermitente.

En otras palabras, una dieta puntual, o un sistema para adelgazar que no sea alargado en el tiempo, y que no permita una adherencia, tendrá consecuencias pobres o hasta negativas. El efecto rebote es el primero de ellos, pero no el único, como hemos visto. Lo más saludable y positivo es adaptar nuestra vida a metas y objetivos a largo plazo, con la intención no de adelgazar, sino de hacer un cambio fundamental y duradero.

Imágenes | Unsplash

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