No son lugares escondidos o evanescentes, o con un camuflaje digno del mejor Wally. Son lugares que nos rodean pero que sólo pueden acreditarse y medirse mediante artefactos, o que sólo funden en nuestra memoria mediante un soldador emocional.
Lugares que se interrelacionan con nosotros exclusivamente a través de pantallas, teclados, teodolitos, GPS´s, ojos biónicos, cuestaciones, brújulas y toda clase de circuitos impresos trufados de relés, condensadores y resistencias.
Algunos existen físicamente, pero no desvelamos su verdadera naturaleza si entre ellos y nosotros no media un intérprete en forma de interface. Como proyecciones astrales electrónicas. Lugares que, circuitería mediante, nos amplían los horizontes de la realidad y hasta cierto punto también los matizan.

World of Warcraft (comúnmente conocido como WoW) es un videojuego de rol desarrollado por la compañía Blizzard Entertainment que tiene en su haber más de 11,5 millones de suscriptores (de pago) mensuales y que también posee el récord Guiness por ser el videojuego de rol más popular del mundo.
En su libro Everything bad is good for you (Todo lo malo es bueno para ti), el divulgador científico Steven Johnson, describe la fascinación que le producen los mundos virtuales, cada vez más semejantes al mundo real, a través de los ojos de su sobrino de 7 años.
Laurent Itti, de la Escuela de Ingeniería Viterbi, y Pierre Baldi, del Instituto de Genómica y Bioinformática, ambos en el sur de California, han creado una teoría matemática de la sorpresa y la atención humanas. Su unidad de medida, el Oh (wow, en inglés). Así pues, algo que es muy sorprendente, tiene un alto contenido oh o de wow.