Acostumbramos a fijarnos en si hemos engordado o adelgazado, compramos básculas para el baño a fin de controlar la línea, nos decimos, tras un tiempo sin vernos, qué guapo te veo o qué grande te has hecho. Pero raramente solemos decir sí que te has vuelto culto o ahora eres menos amable que antes.
Si las ideas pesaran en nuestra cabeza, quizá las personas se fijarían más en el peso de su cabeza antes que en el peso de su cuerpo o el tamaño de su trasero. Pero ¿cómo podríamos entonces pesarnos la cabeza en este mundo hipotético?
Para dar respuesta a esta “trascendental pregunta” he consultado un par de libros relativamente recientes que espero que os arroje algunas soluciones útiles.
Sí, vale, la forma rápida sería a la francesa: guillotina, y zas, ya podemos pesar la testa aislada del cuerpo. Pero ese método tiene evidentes contraindicaciones. ¿Cómo conseguir una medición, entonces, conservando la vida?
Mick O´Hare, de la revista New Scientist, recogió algunas soluciones interesantes al respecto enviadas por sus lectores. Las vértebras cervicales son las responsables de sostener el peso de la cabeza, así que hay que colgarse cabeza abajo por los pies: entonces las vértebras del cuello se separarían ligeramente debido a que el peso de la cabeza tirará de ellas.



Ahí va un pequeño desafío a los lectores, relacionado con la mecánica y la biología. Tiene que ver con el pequeño tamaño típico de los insectos (el insecto más pesado conocido es el 