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Decíamos en la anterior parte de este post que por qué lo habitual era es que el ser humano tuviera tez morena y no tez blanca, dado que la tez blanca favorece la síntesis de vitamina D y la absorción de calcio. ¿No debería ser lo contrario?
Sería lo contrario si no existiera el cáncer. Porque es el cáncer de piel el responsable de que la piel blanca, a pesar de sus ventajas, sea algo anómalo. En el ser humano, la función principal de la melanina, responsable de la pigmentación cutánea, es la de proteger las capas exteriores de la piel de las radiaciones ultravioletas del sol.
El ser humano carece de la protección de pelo de la que disfrutan la mayoría de los mamíferos, de modo que su piel es su única coraza: una piel blanca absorbe más fácilmente la luz solar, nos expone a quemaduras, con sus ampollas, sarpullidos y consiguientes riesgos de infección, y produce cánceres de piel, incluido el melanoma maligno, una de las enfermedades más mortales que existen.
Por esa razón, la piel oscura se convirtió en algo así como las eternas gafas de sol de los Blues Brothers o Tom Cruise en Risky Business: algo de vital importancia. Sin la protección de la melanina, el ser humano no duraría mucho en la Tierra. Salvo si vive en una zona específica de la Tierra: en las latitudes superiores.
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