Salir al espacio exterior entraña sus riesgos, y también tiene aparejados una serie de efectos secundarios que todos conocemos bastante bien: pérdida de masa muscular, etc. Sin embargo, hay un efecto secundario muy poco divulgado: la pérdida de las uñas.
¿A qué se debe esto? La razón no podría ser más pueril, y ha sido aireada recientemente gracias a un estudio de Dava Newman, profesora de aeronáutica del MIT.
Toda la culpa la tienen los guantes reglamentarios que se emplean en los paseos espaciales. Para simular la presión que hay en la Tierra, estos guantes presentan una textura rígida, una suerte de dedales en su interior. El simple roce con ellos acostumbra a rasgar las uñas, y en muchos casos se desprenden por completo.

Las uñas de las manos crecen más deprisa que las de los pies. Concretamente entre 2 y 4 milímetros cada mes. Las de los pies crecen a la mitad del ritmo. Un crecimiento que se mantiene toda la vida salvo cuando se sufren determinadas enfermedades.