Pues ahora resulta que Anders Behring Breivik, el terrorista que ha conmocionado a Noruega con la masacre de la isla de Utoya y la bomba en Oslo, jugaba con ‘World of Warcraft‘ con el objetivo de mantenerse alejado de familiares y amigos, y a ‘Call of Duty‘ para entrenar.
Y si la encarnación del diablo jugaba a videojuegos violentos, ya está, entonces es que la razón de su conducta inmoral son los videojuegos. Pero las cosas no son tan sencillas; si lo fueran, entonces, podríamos colegir que los vegetarianos podrían convertirse enantisemitas porque Hitler era vegetariano (sea la hipótesis cierta o no). O que los pintores podrían ser asesinos porque Caravaggio fue pintor y asesino.
El 90 % de las personas que conozco han jugado o juegan a WoW y a COD. Yo lo he hecho. No conozco a nadie con el historial del noruego. Pero la gente se alarma, necesita motivos, causas, modus operandi, explicaciones. Sobre todo explicaciones. Nuestro cerebro es un adicto patológico a las narraciones. Le gusta explicarse cosas y crear falsas relaciones de causa-efecto a fin de dar sentido a las cosas. Y como no podemos entender a una criatura tan despiadada, nos contamos la historia de que su mente fue abducida por los soldados hechos de píxeles del videojuego.

Como sospecho que los dos temas más controvertidos de esta serie de artículos son los del terrorismo y la violencia de género (no sólo porque sean temas importantes sino, sobre todo, porque son temas por los cuales hay una sensibilidad artificialmente aumentada y un sesgo políticamente correcto muy fuerte), me he tomado la libertad de añadir aquí las réplicas de una lectora que tuvo la oportunidad de leer fragmentos de estos artículos antes de que se publicasen.
Nuestro cerebro, al haberse formado en contextos con tan pocos individuos relevantes, carece recursos para enfocar claramente las muertes que se suceden a su alrededor.
Finlandia y Noruega no se caracterizan por ser especialmente machistas (al contrario de España). Así pues ¿qué está pasando? ¿Por qué mueren más mujeres por parte de sus parejas? Una posible respuesta tal vez sea que el contexto conyugal se cultiva más en países nórdicos, donde se hace mucha más vida hogareña debido a las condiciones climáticas adversas, al contrario que España.
Recordemos las víctimas de violencia de género en España en un año: unas 70. Ahora leamos de corrido las víctimas de otros accidentes por parte de Ben Sherwood:
El problema es más grave de lo que parece porque afecta a los propios periodistas, que consideran honesto su trabajo. No hace mucho, por ejemplo, tuve la oportunidad de escuchar el lamento de una periodista sobre el alarmante número de víctimas de violencia de género en España. Asimismo, pronunciaba el siguiente deseo: espero que algún día me levante por la mañana con la noticia de que ya no hay víctimas de género, esta lacra execrable que no entiende de clases.
Hasta que no se establezca un mecanismo de control informativo que permita que cale en la gente que es mucho más probable que a un estadounidense lo mate el virus de la gripe, una apendicitis o la propia Policía a que fallezca de un ataque de Al Qaeda, políticos como Bush podrán seguir alarmando a los votantes para erigirse como máximo salvador, obviando, quizá, otras necesidades más perentorias.
Somos pésimos a la hora de calcular las probabilidades relativas de que se produzcan sucesos raros. Por esa razón tenemos más miedo de viajar en avión que en coche, aunque sea más probable morir conduciendo un coche. O tenemos más miedo a ser contagiados por el virus del
La opinión de Dubner y Levitt es que el terrorismo no es violencia gratuita sino más bien un activismo político radical, una pasión cívica con esteroides. Es decir, que el tipo de persona con más probabilidades de convertirse en terrorista es parecido al tipo de persona con más probabilidades de ejercer su voto en las urnas.