Cuando se extrae petróleo de los pozos, uno podría imaginar que el espacio que queda se llena automáticamente de rocas o de magma. Pero no es así.
Extraer crudo se parece más a extraer líquido de una esponja que de un recipiente.
Lo depósitos petrolíferos están naturalmente en el interior de la corteza terrestre en capas de roca porosa, generalmente arenisca o piedra caliza. A esas profundidades, los líquidos están bajo una presión muy alta. Si se bombea el petróleo, la presión del pozo baja y el agua que está en las rocas de alrededor, que también está bajo una gran presión, se desplaza a estas bolsas con menor presión hasta que se alcanza un equilibro.
De modo que lo que llena el vacío dejado por el petróleo es agua. Al parecido a lo que ocurre cuando cavamos un agujero en la arena en la playa.

Centralia. El lugar tiene un nombre que sólo puede ser asociado a experimentos secretos del gobierno o a nave espacial donde habita un alienígena con forma de cucaracha gigante que más pronto que tarde se zampará a toda la tripulación, no sin antes llenarla convenientemente de babas. Centralia suena a ciudad de pesadilla. Y ciertamente lo es: bajo este municipio en el condado de Columbia, Pensilvania, en los Estados Unidos, parecen borbotear las calderas de Pedro Botero, día y noche.
Cada vez que pronunciamos la palabra terremoto nos viene a la cabeza Japón y la central de Fukushima. Pero hoy es diferente. Hoy, en Murcia, se han desencadenado dos.