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Tres factores que influyen en tu suerte, según Richard Wiseman

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Tres factores que influyen en tu suerte, según Richard Wiseman

Ni cruzar los dedos, ni tampoco evitar pasar por debajo de una escalera. Tampoco buscar un trébol de cuatro hojas. Ni siquiera esquivar un gato negro. Para llamar a la buena suerte hay formas mucho más científicamente refrendadas.

Acostumbramos a cometer dos errores fundamentales a la hora de valorar nuestra suerte. El primero es pensar que somos responsables de nuestra buena suerte, pero no solemos creer que somos responsables de nuestra mala suerte. El segundo es que la suerte sólo favorece a aquéllos que están en el lugar adecuado en el momento adecuado, cuando en realidad todo depende de tener la mentalidad adecuada: prestar atención a las oportunidades que se nos presentan y exprimirlas.

Richard Wiseman es un académico inglés bastante particular. Está a punto de cumplir cincuenta años, es calvo y tiene perilla, lo cual le da cierto aire de actor de cine, y también es un enamorado de la magia: de adolescente formó parte del célebre Magic Circle de Londres y actuó en el legendario Magic Castle de Hollywood. Con todo, Wiseman trabaja en la Universidad de Hertfordshire, en el sur de Inglaterra, y ocupa la única cátedra que existe en el Reino Unido de Entendimiento Público de la Psicología.

Además de ser un eterno investigador de los entresijos de la conducta humana, también fue el buscador del chiste más divertido del mundo y de la frase para ligar más ingeniosa. Y se ha convertido en uno de los grandes estudiosos de la suerte (incluso ha fundado la llamada Escuela de la Suerte). A su juicio, sólo el 10 % de nuestra existencia es aleatoria; el 90 % restante se define por nuestra forma de pensar.

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[Libros que nos inspiran] ‘¿Existe la suerte?’ de Nassim Nicholas Taleb

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[Libros que nos inspiran] ‘¿Existe la suerte?’ de Nassim Nicholas Taleb

Hay algo en Nassim Nicholas Taleb que me fascina. No tiene que ver con su cantidad de conocimientos, ni tampoco por las acreditaciones oficiales que los avalan. Más bien es su habilidad para mezclar los saberes, superponiéndolos, originando sinergias que resultan casi invisibles para los eruditos que se hacen fuertes en un reducto diminuto de conocimiento (especialización, lo llaman, por otro lado muy necesaria también).

Profesor de Ciencias de la Incertidumbre de la Universidad de Massachussets en Amherst, Taleb es un diletante de diversas disciplinas, y por ello puede que incurra en más de un error, o que dé saltos lógicos un tanto heterodoxos y atrevidos. Pero ahí justamente radica su gracia. Si todos los divulgadores fueran correctísimos, avanzaríamos más seguros, pero también más lentos. Taleb es un salto cuántico, una consilience como la que propuso Edward O. Wilson hecha persona. Y además su propia vida, lejos de sus libros, es también así.

Con todo, he de admitir que ¿Existe la suerte? es muy inferior a El cisne negro. Por una parte porque no dice mucho más de lo que ya expresó en El cisne negro. Pero, sobre todo, porque el discurso de ¿Existe la suerte? es en exceso deslavazado, caprichoso, casi como un flujo de pensamiento a lo Joyce. Taleb incluso llega a admitir en el prólogo que el editor quiso dar un poco de orden a tanto desorden, pero que él se negó: opinaba que así el libro desprendía más frescura.

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Si juegas a la lotería, no gastes ni un segundo en escoger el número

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Si juegas a la lotería, no gastes ni un segundo en escoger el número

Si acudimos a un puesto de lotería no nos costará escuchar la misma cantinela: ¿tienes uno que termine en 7? También los hay que siempre apuestan al mismo número. Está lo de la niña bonita, el 15. Otros que arman un número uniendo la fecha de nacimiento de sus seres queridos o cosas aún más intrincadas. Incluso me consta que algunas personas llevan a cabo rituales todavía más estrambóticos, como escribir los números en papelitos sueltos, esparcirlos por el suelo y dejar que su gato toque los números afortunados.

Para averiguar si estos rituales o manías tenían algún efecto en la suerte (aunque matemáticamente ya podemos constatar que no la tiene: es tan probable resultar ganador con un boleto cuyo número sea el 00000 que el 74820), se realizó un experimento a gran escala por parte de Peter Harris, Matthew Smith y Richard Wiseman en colaboración con un programa de televisión de la BBC llamado “Out of this World”.

En él, solicitaron a 1.000 apostadores que enviaran sus números antes de un sorteo, indicando si se consideraban afortunados o desafortunados, y que describieran el método usado para hacer su selección. Recibieron la respuesta de 700 apostadores, quienes, entre todos, habían adquirido 2.000 boletos de lotería.

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[Libros que nos inspiran] ‘El Cisne Negro’ de Nassim Nicholas Taleb

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[Libros que nos inspiran] ‘El Cisne Negro’ de Nassim Nicholas Taleb

Según Nassim Nicholas Taleb, una pequeña cantidad de Cisnes Negros es capaz de explicar casi todo lo concerniente a nuestro mundo, desde el éxito de las ideas y las religiones hasta la dinámica de los acontecimientos históricos y los elementos de nuestra propia vida personal. El éxito de Google y Youtube, y hasta el 11-S, son Cisnes Negros.

Indudablemente, estamos frente a un libro iconoclasta, en todos los sentidos (incluido en el hecho de que no aparece apenas citas de otros pensadores o eruditos, pues el autor siempre recela de ello y trata de presentar su ideario como una colección de pensamientos muy personales, basados más en la reflexión y la meditación y no tanto en pruebas de laboratorio.

Y por esa razón, El Cisne Negro ha sido un libro que ha inspirado muchos de los artículos de Xataka Ciencia, como por ejemplo: Preferimos ganar poco aunque lo podamos perder todo / De cómo se produce el éxito de un artículo científico, o la larga serie El miedo infundado al terrorismo, los accidentes de tráfico, la violencia de género y otros hechos matemáticamente improbables.

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La felicidad es elástica

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La felicidad es elástica

De la misma manera que una persona perpetuamente infeliz no es biológicamente factible, tampoco lo es una persona perpetuamente feliz (no buscaría maneras de mejorar su existencia y, por tanto, de progresar en un mundo cambiante y amenazador). Así pues, la búsqueda de la felicidad se asemeja un poco a la zanahoria que cuelga siempre a unos centímetros del belfo del asno.

La felicidad duradera es una quimera.

Muchos estudios, además, sugieren que nacemos con algo así como una cuota de felicidad determinada por el ADN. Podemos sufrir subidones de felicidad (encontrar pareja, ganar la lotería, etc.) o bajones de felicidad (quedarse sin trabajo, etc.), pero no tardaremos en regresar al nivel de felicidad después de este tipo de acontecimientos.

Así que nada proporciona La Felicidad. Ni siquiera los tan cacareados como el dinero, el amor o la salud.

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