Estos días he estado por Escocia de vacaciones, y también he pasado unos días en Edimburgo, ciudad en la que reside el doctor Chris Idzikowski, director del Centro de Sueño de Edimburgo, que ha comentado estos días un estudio sobre el sueño que me ha resultado muy pertinente.
La razón de ello es que en Edimburgo tuve que compartir habitación con otras personas. Y mi calidad de sueño fue pésima: basta el paso de una mosca para despertarme. Una de las personas que viaja conmigo, sin embargo, parece no inmutarse ante los ruidos mientras está durmiendo. Por no oír, no oye ni el despertador.
Gracias a un estudio de la Escuela de Medicina de la Universidad de Harvard, en Boston, EE.UU., publicado en la revista Current Biology, esto podría cambiar muy pronto: los investigadores sostienen que sería posible estimular un mecanismo del cerebro por medio de terapias, medicamentos o dispositivos electrónicos a fin de dormir sin escuchar estos ruidos que nos despiertan.

Los ritmos circadianos del cuerpo se originan en el sistema nervioso central, que es el que provoca cambios regulares en la formación de orina, la temperatura corporal, el ritmo cardíaco, el consumo de oxígeno, la división celular y las secreciones de las glándulas endocrinas.
Una pequeña siesta durante el día, de aproximadamente 45 minutos, puede ser muy beneficiosa para la memoria declarativa de las personas. El estudio, llevado a cabo por médicos de Harvard estudió a 33 jóvenes (11 hombres y 22 mujeres) de un promedio de edad de 23,3 años. Todos llegaron al laboratorio a las 11:30 y se los entrenó en diferentes pruebas de memoria a las 12:00 y a las 13:00. 16 participantes tomaron una siesta, mientras que 17 permanecieron despiertos, y fueron nuevamente evaluados a las 16:00.
