A menudo, para certificar que algo es real, solemos sentenciar que tal o cual cosa la hemos escuchado con nuestros propios oídos. Sin embargo, nuestros oídos, así como el resto de nuestros sentidos, están lejos de ser perfectos, y a menudo nos confunden, desvirtuan la realidad y hasta nos hacen percibir cosas que no existen.
Resulta curioso el hecho de que no seamos capaces de percibir nuestra propia voz tal y como suena en realidad a los demás, como ya os expliqué en el artículo No me gusta mi voz grabada. Por ejemplo, los profesores de canto tienen que enseñar a sus alumnos a relacionar las imágenes auditivas con sensaciones internas. Perciben así su sonido gracias a informaciones no auditivas, como la localización de las vibraciones más intensas, o los movimientos musculares.


Al parecer, el llanto infantil, el buaa-buaa decibélico de los bebés es distinto según si el bebé ha nacido en Francia o en Alemania (o presumiblemente en cualquier otro país); aunque la onomatopeya siempre sea la misma: buaa-buaa.