Basta con encender la radio a altas horas de la madrugada para localizar algún programa sobre esoterismo. No tardaremos, tampoco, en oír una llamada que, con todas sus variantes dirá algo parecido a esto:
“Anoche soñé que se moría un familiar y, al día, siguiente, murió.”
Obviamente, el conductor del programa explicará este suceso como de extraordinario, sobrenatural, maravilloso, una clamorosa demostración de que hay personas con una sensibilidad especial, capaz de usar más del mítico 10 % de nuestro cerebro, (II), (y III).
Otra anécdota que suele repetirse es: estoy en casa, son las 17:03 horas y, justo en ese momento me da por pensar en un primo. A las 17:04 suena el teléfono. El primo en cuestión ha muerto.
Pero ¿es lógico pensar que estamos ante un caso de premonición?
Para saber si estos hechos son extraordinarios porque nuestra mente está mal diseñada o no, lo primero que hay que hacer es olvidarse de interpretaciones personales, subjetivas y místicas. Lo primero que hay que hacer es calcular la probabilidad que existe de que, al poco de pensar en una persona, esa persona fallezca.
Para calcularlo, empecemos con unas estimaciones muy bajas para dar más credibilidad al resultado, tal y como señala el premio Nobel de Física George Charpak:

A pesar de que
Desde
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Una de las razones por las que la gente cree que existe la vida después de la muerte es que ha visto fantasmas o ha oído voces del más allá. A esta engañosa relación causa-efecto contribuye nuestra especial predisposición a dar explicaciones a lo que ignoramos. También ayuda la extraordinaria fiabilidad que le otorgamos a nuestros sentidos.