Existen por ahí diversas teorías psicológicas y de la información que tratan de demostrar una realidad contraintuitiva: que la mayoría se equivoca. Que la masa es tonta. O, como dice el filósofo Gustavo Bueno, que 100 individuos, que por separado pueden constituir un conjunto distributivo de 100 sabios, cuando se reúnen pueden formar un conjunto atributivo compuesto por un único idiota.
De ahí procede normalmente la disfuncionalidad y la trágica insularidad del genio.
Sin embargo, en un estupendo libro del matemático John Allen Paulos he encontrado una confirmación matemática de esta hipótesis. Una prueba más por la cual no debemos creer en, por ejemplo, fenómenos sobrenaturales independientemente de cuántas personas sostengan un mismo fenómeno: no importa si el fantasma lo vieron 2 o 100 personas. Es más, si lo vieron 100 personas, todavía existen más posibilidades de que el fantasma no exista.
Por eso la ciencia no se fía de los testimonios, aunque se éstos cuenten por miles, sino de las pruebas empíricas reproducibles. La gente no es de fiar. Y la gente en grandes cantidades, mucho menos.
