Las películas de acción consiguen que sientas cierta fascinación por determinadas armas. No solo logran que te aprendas de memoria que el arma que dispara Terminator es una Hardballer Automatic Ami Long Slide calibre 45 y la que dispara Harry el Sucio es una Smith & Wesson Model 29. También consiguen que determinadas armas sean fetiches testosterónicos cuando aparecen en pantalla, como el bazooka que disparaba Rambo, la Minigun multicañón con una elevada cadencia de fuego (miles de balas por minuto) con el sistema Gatling de cañones rotativos accionado por un motor eléctrico que aparecía en Depredador o el explosivo plástico C4 de La jungla de cristal.
Sin embargo, también hay armas cutres. Armas que no aparecen generalmente en la gran pantalla.

La micronación más conflictiva del mundo se mantiene fiel a su espíritu turbulento también a día de hoy. El 22 de agosto de 2000, después del desmantelamiento de la red española de sealandeses de mentira, un grupo de emprendedores y cyberpunks estadounidenses le propusieron a Bates fundar una empresa digital en Sealand. La empresa, que pasaría a llamarse HavenCo Limited, y en cuyo equipo directivo estaban el hijo de Bates y Ryan Donald Lackey (de tan solo 23 años), se establecería entonces en diciembre del mismo año como una granja de servidores privados de Internet.
Vuelvo con la historia desde el punto en el que la interrumpí: justo cuando Reisnik (dueño del barco que Versacce y su asesino habían compartido) había exigido inmunidad diplomática al ser interrogado por la policía de Miami. Tras comprobar sus documentos sealandeses, descubrieron que existían muchos otros ciudadanos que decían provenir de Sealand.
Sealand no posee reconocimiento oficial de su soberanía, pero no todo el mundo está de acuerdo con ello.
Pero esta pequeña plataforma antiaérea construida sobre el banco de arena de Rouge Sands, a 10 kilómetros de la costa de Suffolk y 13 kilómetros de la costa de Essex, no iba a ser el remanso de paz que sus monarcas habían previsto.
Os voy a contar la historia de Sealand. Una historia en la que aparece Adolf Hitler, y también hippies y adoradores del rock prohibido, así como de reyes de mentira, países inventados, y granjas para datos; sin olvidarnos del papel carpetovetónico y cutre que jugó España en toda la ecuación. Os parecerá una historia inventada, pero os lo aseguro: es rigurosamente cierta.
Las zanahorias están rodeadas de historias interesantes. Por ejemplo, el que ponía la voz de Bugs Bunny odiaba las zanahorias, pero la única forma de conseguir el efecto de sonido correcto cuando el personaje le hincaba el diente a una, era morderla. Luego, claro, el actor escupía la zanahoria con una mueca de asco. 